La maestra está triste

Por: | 02 de noviembre de 2012

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Clara era muy alta y muy guapa y llevaba siempre el pelo recogido en un moño. Era la maestra preferida de todos los niños del pueblo. Todos estaban un poco enamorados de ella.

También Amadeo.

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Amadeo siempre quiso ser pintor.

Se levantó una mañana y vio el chorro de luz que entraba por la ventana y parecía un borbotón de agua. Quiso cogerla entre las manos, como todos los niños, pero corría la luz por los dedos y ya no sabía si era luz o agua o qué. Tal vez fuera arena. Pero no, era un rayo de sol que se colaba por la ventana. Siempre quiso pintar eso: la luz.

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Picasso era un perro salchicha. Tenía un ojo más alto que otro, una nariz que siempre brillaba, el hocico alargado y un antifaz negro en la frente que rodeaba los ojos. Era un poco cubista, como el pintor.

A Picasso le gustaba salir a repartir el correo con Baltasar, el padre de Amadeo. Pero ese día no estaba, así que fue Amadeo quien pudo acompañar a su padre y ocupar el sidecar que habitualmente correspondía a Picasso.

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El viento soplaba de frente y se le metía por los ojos. Así, con el zumbido del sidecar y el viento entremetido, Amadeo veía el borrón del pueblo carrera abajo. [...] Fueron de casa en casa repartiendo el correo.

Había una carta para Clara. Baltasar le pidió a Amadeo que se la llevara. Y ahí empezó todo.

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Clara miró el nombre del remitente. Abrió mucho los ojos que entonces eran grandes y azules y llevaban el cielo en las pupilas. [...]

Aunque eran azules y nada tenían que ver con los ojos de Picasso, a Amadeo le pareció que aquella mirada ya la había visto. Y era de súplica. De tristeza, yo no sé.

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En el pueblo había un cementerio. Y en la entrada del cementerio, un tejo. Tenía un tronco robusto del que salía una copa ancha, anchísima, casi horizontal que barría el cielo.

Pero el tejo era un árbol misterioso que, decían, enredaba sus raíces en las tumbas de los muertos.

Y era venenoso. [...]

Amadeo vio varias veces a Clara debajo del tejo leyendo la carta. [...]

La tristeza de Clara pareció contagiar a los niños. Incluso al pueblo.

"La maestra está triste", dijo Amadeo a los otros compañeros. Así que hay que hacer algo.

Los 33 niños del pueblo se pusieron manos a la obra.

Tenían un plan -idea de Amadeo- para devolver la sonrisa a su maestra.

Y funcionó.

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Clara dejó de ir bajo la sombra del tejo. Dejó de estar triste y floreció y voló por las calles del pueblo sujeta a su horquilla de metal.

La sonrisa de Clara por el pintor Amadeo de Mónica Rodríguez. Ilustraciones de Ana Bustelo. Todas las imágenes son cortesía de Oxford University Press.

Hay 8 Comentarios

Un post muy curioso, me gusta mucho!

Maravillosas ilustraciones!

De verdad unas ilustraciones muy bonitas, para los torpes en este sector es cierto que es muy facil sorprendernos, pero estoy seguro que son de una calidad artistica muy buena, por lo menos es mi opinión
saludos

Unas ilustraciones preciosas.

Unas ilustraciones preciosas.

A veces los milagros se producen por la simplicidad, por no pensar que algo es imposible y llevarlo a cabo con la mayor ingenuidad y naturalidad del mundo. Es la fortaleza que tienen los espíritus aún no contaminados de los niños.
Cuentan que San Goar, durante el II Concilio de León en 1214, entró a palacio para una audiencia con el Papa. Llevaba puesto un abrigo que lógicamente se quitó al entrar, buscando una percha, un clavo, algo donde dejarlo mientras andaba preocupado por la audiencia que tenía. Fue así, como sin pensar y por descuido, y no viendo otro sitio donde dejar su abrigo colgó este en un rayo de sol que entraba en la estancia.
Bonito cuento de Mónica y Ana.

" vio el chorro de luz que entraba por la ventana y parecía un borbotón de agua. Quiso cogerla entre las manos, como todos los niños, pero corría la luz por los dedos y ya no sabía si era luz o agua o qué" no hay imagen posible para ilustrar la belleza de estas frases. En esta ocasión las palabras valen mucho más que miles de imágenes.

La culpa de la trsteza de la maestra la tiene el perro, que ademas era tuerto. Me alegro de la felicidad de la señorita.

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Sobre el blog

¿Una imagen vale más que mil palabras? Según investigadores de Harvard, no. Vale muchas más. Algunas hasta 500.000 millones. La cifra no importa: está claro que las imágenes son más poderosas que nunca, y este blog pretende ser un inventario visual de libros de fotografía, arte o diseño, ilustraciones, visualizaciones de datos, infografías…

Sobre la autora

Virginia Collera

es periodista y traductora. Colabora intermitentemente con El País desde 2006 y es compradora confesa de libros por la cubierta y/o las fotografías interiores.

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