El expresidente Francisco Camps es un barril de dinamita fuera de control para el PP. Mariano Rajoy no se dio cuenta hasta que sufrió su desafío al negarse a aceptar su culpabilidad en el asunto de los trajes para evitar el juicio. Pero Camps ya lo era mucho antes de que empezara su declive político, tanto como quienes lo auparon a la cumbre y lo han cebado para llevar esta situación al límite. Ahora el problema es que el desdén que percibe en su manada calienta la cerilla en que se ha convertido desde que, por un voto, el jurado le evitó el trámite administrativo de pagar una multa por cohecho pasivo impropio. Ahora Camps se está poniendo incandescente.
Sus declaraciones a Telva son el mejor diagnóstico sobre sí mismo. Todo lo que es Camps y lo que le sucede está ahí y no se puede pormenorizar sin riesgo de pisar líneas rojas. Percibe la Comunidad Valenciana como una prolongación de su aparato digestivo y celebra el brillo de constelaciones que no ha atisbado ni el telescopio espacial Hubble. Y sus disparates resultarían divertidos si no fueran patéticos. El "cursus honorum romano" del que presume ("Mi bagaje es impresionante"), más allá del desbarajuste económico que ha dejado en la Generalitat, ha resultado mucho más nefasto de lo que aparenta.
Salta a la vista que los delirios de Camps (los sobrecostes de las fantasías emblemáticas superan de largo los recortes que ahora tiene que hacer Alberto Fabra) han puesto en riesgo de extinción el sistema educativo y sanitario, que han arruinado a muchas empresas de proveedores y que han avivado un persistente tufo de corrupción (Gürtel, Brugal, Emarsa,...) que incluso afecta al prestigio empresarial valenciano en el mercado exterior. Pero el legado de Camps ha ido más allá. El imperio de su frenesí ha asestado cargas de profundidad al propio sistema. Ha fulminado el sistema financiero valenciano (Bancaja, Banco de Valencia y CAM), ha desacreditado Ràdio Televisió Valenciana hasta ponerla en bandeja para el desguace y ha arruinado la percepción autonómica de los valencianos (20 puntos negativos en siete años). Vino disfrazado de Jaime I y se va de Napoleón, con la mano en el esternón.
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Y la entrevista ¿por qué sale en Telva? ¿Por el impresionante bagaje de Camps como modelo de trajes, chalecos, americanas, pantalones con trabilla italiana, zapatos y demás complementos adquiridos en tiendas de Madrid asesorado por un "amiguito del alma" acreditado experto en el buen vestir, buen comer y buen vivir con el que su Administración mantenía una relación comercial? ¿O por agradecimiento profesional de la revista por los cuantiosos fondos destinados por esa misma Administración a promover pasarelas de moda en Ágoras inacabadas?
Publicado por: Agora Moda | 24/03/2012 10:15:14
De acuerdo con Rodés.
Pero es que lo llaman democracia pero no lo es. Esto está montado para mantener una alternancia de poder entre solo los dos mayoritarios y sus listas cerradas. Que en realidad siempre son los mismos con diferente apariencia.
En realidad mandan los mercados ó quienes ellos en realidad eligen. ¿O no es Camps, la viva imagen del dinero?.
Publicado por: carlos | 23/03/2012 22:10:22
Pero los valencianos le votaron mayoritariamente en varias ocasiones, y le exculparon en el juicio. Así que no sólo es un problema el ex president, Valencia tiene un gravísimo problema democrático; se siente bien representada por personajes como este, al que prefiere a la izquierda ¿Por que así algo nos tocará a todos, que estos tristes de la izquierda solo saben prohibir cosas?
Publicado por: PP Rodés | 22/03/2012 20:40:16