El vicepresidente del Consell, José Ciscar, ha declarado recientemente que existe algún interés económico "desde fuera" en dañar a la Comunidad Valenciana. Es decir, una especie de enemigo exterior como el que acechaba a la España de la dictadura (la célebre conspiración judeo-masónica) trabajando noche y día para zancadillear, por usar la rimbombancia que Maximiliano Thous insertó en el himno regional del maestro Serrano, "a la región que avanza en marcha triunfal". Para el número dos del Gobierno valenciano, esto es, ni más ni menos, lo que explica la pésima imagen que ha alcanzado la Comunidad Valenciana en los últimos años.
Sostiene Ciscar que hay quien trabaja para deteriorar la Comunidad Valenciana porque no soporta la potencialidad de "una sociedad con unas condiciones económicas envidiables" y soslaya el papel que ha desempeñado su propio partido (barra libre para el ladrillo, Gürtel, Brugal, Emarsa, caso Fabra, Cooperación, Bancaja, CAM, aeropuerto de Castellón, quiebra de RTVV,...) en la consecución de este nefasto cartel que ha acabado arruinando hasta el crédito del PP valenciano en la estructura nacional, en la que ninguno de sus representantes pinta casi nada. Teniendo todo eso en su barriga para pudrir su reputación, ¿para qué necesitaba la Comunidad Valenciana acciones erosionantes exógenas? Lo del enemigo exterior confirma que la Generalitat está peor de lo que parece. Y que nuestros dirigentes le van a la zaga.