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Los silencios de Fabra

Por: | 11 de septiembre de 2012

El presidente del Consell, Alberto Fabra, se parece cada día más a su predecesor. No por la causa que engulló a Francisco Camps y las derivadas que espolearon su descrédito. Sí por alguno de los efectos que hicieron más patético su desmoronamiento: el pánico a la intemperie mediática, la cobardía a la impertinencia del periodista alérgico al pesebre.

A Camps le sobraban los motivos para ello, pero ¿de qué huye Fabra? ¿Por qué la mayoría de actos de su agenda son solo para gráficos y cuando no lo son se limita a ejecutar una proclama que siempre acaba sonando más como una defensa que como una propuesta? ¿Qué trata de esquivar? ¿De dónde surge su sentimiento de culpabilidad?

 Fabra se comporta como si desde que Mariano Rajoy lo ungió para ponerse al frente de la catástrofe del PP en la Comunidad Valenciana hubiese sido desterrado al Tártaro, es decir, la región más baja del inframundo griego, donde Sísifo fue obligado por Zeus a llevar a la cima una pesada piedra que, en una suerte de día de la marmota mitológico, siempre se le caía y rodaba hasta el punto de partida.

Alberto Fabra, de espaldas a los informadores (CARLES FRANCESC)

¿Por qué tuvo Rajoy que fijarse en Fabra, que había hallado su sitio en la apacible alcaldía de Castellón y nunca había dado señales de ambicionar lo demás, ni siquiera condiciones para acometerlo? Tampoco Rajoy tenía más opciones. Con Camps carbonizado, la cúpula del PP valenciano agusanada y las dos principales alcaldesas de la Comunidad Valenciana descartadas (una, desacreditada por encubrir a Camps y salpicada por Gürtel y Emarsa; la otra, por Brugal), a Fabra, más allá de si era o no idóneo para el cargo, le tocaba el boleto por eliminación.

El problema de Fabra, como Sísifo, fue estar allí: su posición acabó determinando su suerte. Sísifo vio algo que no debía. Fabra fue lo primero que se veía detrás del estercolero. No hizo nada para merecerlo, pero ahora también él transporta sobre sus lomos una terrible carga cuyo peso se va intensificando a medida que avanza hacia una cima que se aleja cada día más y cuya fatalidad es ser la penitencia de la bancarrota en la que los suyos sumieron a la Administración valenciana bajo el delirio de fatuos liderazgos y despiadados saqueos.

Esa ineludible perspectiva, sin duda, arruina la sustantividad de su discurso y agarrota su expresividad. Fabra evita las respuestas, pero en sus sostenidos silencios no solo se manifiesta su vergüenza por lo que hizo el PP aquí sino también su responsabilidad en lo que está haciendo ahora.

En ese mutismo se expresa la mayor escabechina laboral llevada a cabo en la Comunidad Valenciana desde los días de Altos Hornos de Sagunto, RTVV, la demolición de la sanidad y la educación públicas, el desguace de la investigación científica, el estrangulamiento de los institutos tecnológicos o el drama de los concursos de acreedores de las empresas de proveedores que cierran por los impagos de la Generalitat.

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No cabe la menor duda de que Mariano lo eligió por ser un puro calco de él, anodino, previsible,mudo, amorfo y con una facilidad de palabra apabullante, que lo configuraba como máximo candidato a President, LA PERSONA perfectoa para seguir con la destrucción del País...perdón Comunidad Valenciana...y, además, con una capacidad de relación con sus "súbditos", que no Ciudadanos, digna del mejor Dictadorcillo de república bananera al uso, sobre todo si se trata de las zonas del interior, véase: Requena, Utiel, Camporrobles, Sinarcas, etcc..., ínsulas a las que nunca visitan los Presidentes y cuando lo hacen es con nocturnidad y para tomarse algún refrigerio en alguna de las bodegas, de nueva instalación, y claro, no hay que llamar a rebato para que las masas no se percaten de su afable visita a los Ciudadanos y le preparen alguna cacerolada o pitada para manifestar y celebrar su llegada a su terreno preferido.SUERTE DE PRESIDENTE.

Alguien tiene que pagar los platos rotos. No hay que compadecerse de este Fabra. No existe persona sobre la Tierra que lleve mayor carga que la que puede soportar.

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Suma y Sigue

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana es el resultado de un proceso acumulativo en el que lo que nunca parece terminar se superpone a lo que nunca acaba de llegar, y viceversa. Pero esa tensión entre la marcha atrás y la directa, entre la fosilización y la vanguardia, libera una gran energía que solemniza nuestras incongruencias y aciertos en sumarios judiciales o tratados de estética. Este blog centra comentarios sobre lo que convulsiona ese territorio.

Sobre el autor

Miquel Alberola

. Nací en Valencia (El Carme) en 1958, aunque soy de pueblo (Quatretonda). Estoy en esto desde casi siempre y no he podido sacudirme todas las dudas del principio. Soy subdelegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana.

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