Sabemos dónde se fabrican la mayoría de aparatos electrónicos, en China, y cuáles son las pésimas condiciones laborales que permiten producir iPhones, ultrabooks o Galaxys como rosquillas. Sin embargo, se habla poco, muy poco, de qué ocurre con un móvil, ordenador o tableta cuando lo jubilamos por otro nuevo.
Dos españoles, Leonardo Llamas y José Prieto, lo quieren contar. Llamas, de 26 años, se ha ido a Accra, la capital de Ghana, donde existe uno de los mayores vertederos de basura electrónica de África: Agbogbloshie. Allí, miles de personas, muchos niños de solo 10 o 12 años, escarban entre toneladas inservibles de ordenadores, móviles, impresoras y frigoríficos provenientes de Europa. Sobreviven a base de extraer el cobre, hierro y aluminio que contienen.
Para conseguirlo utilizan un martillo y un cincel o queman los restos en hogueras de humos tóxicos que flotan en el ambiente. El lugar es una inmensa y desoladora montaña de residuos, de materiales tan letales como el plomo, el mercurio o el cadmio que se acaban filtrando también a la tierra. Es la forma de vida de niños y adultos: revolver en la basura electrónica de seis de la mañana a seis de la tarde por tres cedis diarios (un euro y medio). En este reportaje de fronteraD, el periodista Iñaki Guridi describe sobre el terreno la escalofriante situación.
Llamas y Prieto se han propuesto contar todo esto en un documental. “Queremos ver qué piensa una persona cuando vive en condiciones tan extremas, qué hace cuando se levanta, cuando trabaja, quiénes son los patrones, por cuánto sale una comida... quizás sirva para concienciarnos de hacia dónde estamos dirigiendo el mundo”, explica Llamas por correo electrónico.
Para costear el documental han lanzado una iniciativa de financiación colectiva, necesitan 2.500 dólares. En esta página van publicando novedades y actualizaciones, como el siguiente vídeo:
¿Por qué ocurre todo esto? Complicado explicar en un post, algunos reportajes, como este de RTVE, lo hacen de forma excelente, pero el resumen es una cadena de fallos y fraudes. Más del 50% de los residuos electrónicos en Europa (el 66% en España) no se recicla de forma controlada y una buena parte acaba exportándose ilegalmente a África, a lugares como Agbogbloshie. Entran como equipamiento de segunda mano cuando en realidad son pura chatarra.
“Las estrategias de constante renovación de productos de los fabricantes de móviles y ordenadores contribuyen al problema, pero es el consumidor quien tiene que ser consciente y exigirles transparencia sobre qué se hará con el producto una vez desechado”, cuenta José Prieto, quien explica que es necesario mayor control legislativo y gubernamental tanto en Europa como en África.
Es la otra cara de la tecnología: para que en los países desarrollados podamos disfrutar durante un par de años del último smartphone, se abusa de miles de personas al principio y al final de la cadena. La situación ha mejorado al comienzo, en China, tras la presión puesta sobre Apple y otros fabricantes. Ahora toca preocuparse del final.
Foto: Andrew McConnell