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Sobre el blog

La mejor forma de saber qué pasa en un sitio es contarlo desde la distancia. Real o figurada, pero cuanto más lejos mejor.

Sobre los autores

Juan TallónJuan Tallón (Vilardevós, 1975) es autor de las novelas El váter de Onetti, Fin de poema y A pregunta perfecta. Hace años encontró hueco en un periódico. Hizo de todo: deportes, cultura, sucesos, horóscopos, política, café. En cuanto pudo, metió una muda en la maleta y huyó para siempre de las redacciones. Ahora escribe en Jot Down y El Progreso y colabora en A vivir que son dos días, de la Cadena Ser.

Diego E. BarrosDiego E. Barros (Forcarei, 1979). Pertenece a la aristocracia de Sorribas tal y como le enseñó el añorado Suso da Paradela. Fue periodista. Porque hay que comer, a veces da clases en la universidad. Ahora escribe donde le dejan. En ocasiones hasta le pagan. Pero no demasiado.

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«O importante é non mancarse»

Por: | 19 de junio de 2014

Iniesta2

Foto: Reuters // A. R.

Estimado Tallón,

En el fondo lo de ayer ha sido un alivio pues a partir de ahora podremos dedicarnos de lleno al Mundial. Sin agobios, con toda la tranquilidad del mundo y, sobre todo, sin sobresaltos; que uno ya tiene una edad, como la mitad de nuestros jugadores. Este desastre era de fácil previsión y solo una ceguera voluntariosa semejante a la de quienes piden someter a referendo humano algo divino como la monarquía que nos ha sido impuesta ha podido llevarnos al engaño. Era una cuestión de matemática pura aplicada al día a día. Yo, que todavía cuento con los dedos, suelo acordarme de las matemáticas los domingos, más bien entrado el mediodía, más bien rebasada la hora del vermú. La cuenta es bien sencilla. Hace seis años salía dos o tres días por semana y bien, progresaba adecuadamente. Ahora necesito los mismos días para volver a ser persona pero saliendo uno solo. La teoría puesta en práctica la hemos visto en los dos partidos que la selección española ha jugado (vamos a ser optimistas) en este Mundial. La parte positiva de este torneo de Brasil es que me ha quitado años de encima, ya me siento como si volviera a tener catorce. En tan solo dos partidos he vuelto a comer la misma mierda a la que estaba acostumbrado entonces.

Yo me imagino vivir tranquilo lo que queda de campeonato y me entra un alivio de puro placer. Como cuando te metes una hostia con el coche de madrugada y borracho pero sabes que el mayor de los problemas es llegar al garaje. Quien no haya fostiado el coche para salir pitando pasando de todo hasta esconderse en casa de papá ministro que tire la primera piedra. Aquí somos muy de rasgarnos las vestiduras pero esto ya lo hicieron antes Francia e Italia. Y con una tranquilidad pasmosa. En la Eurocopa de 2008, Francia venía de ser subcampeona del mundo y cayó en primera ronda con un punto y un gol como único equipaje de vuelta. A los pocos minutos de terminar el tercer partido, al discutido seleccionador galo, Raymond Domenech, le preguntaron cuáles eran sus planes de futuro al frente del combinado nacional. El técnico, famoso por fiarlo todo a la voluntad de los astros y no precisamente futbolísticos, respondió: «Sólo tengo un proyecto, casarme con Estelle. Esta noche se lo pido en serio». Pero Francia es una potencia mientras que nosotros tenemos a Casillas, que ayer demostró que hay cantera en el Madrid de veteranos y solo acertó a decir: «ha sucedido lo que ha sucedido».

El nuestro ha resultado ser el mismo problema que llevamos arrastrando desde que estalló la crisis. Pasamos unos años tan buenos que nos creímos ricos y no. Volver a despertar en la normalidad duele. Llevará un tiempo dar el paso pero recuerde, amigo Tallón, que nada sienta mejor que volver a dormir en cama conocida después de una temporada de turismo por las ajenas. Supongo que es otra de las consecuencias de lo que algunos se empeñan en llamar fútbol moderno. Estos días me he dado cuenta de que me planto ante el televisor y noto sudores fríos al ver la pantalla salpicada de tatuajes. Yo ya no sé si son partidos entre jugadores profesionales o peleas entre maras rivales en las que solo puede quedar uno. Al menos ayer no jugaba Luis Chavarría, aquel defensa chileno que debutó con su selección frente a Uruguay durante la fase de clasificación sudamericana hacia Francia 98. Nada más pitar el árbitro el final del encuentro se abalanzaron sobre él los periodistas. «Estoy contento por mi debut, lo hice bien y por suerte pude lesionar a Francescoli», declaró. Comprenderá, pues, mi tranquilidad al ver que los nuestros vuelven a casa y que me acuerde hoy de lo que decía mi abuela: «bueno, filliño, o importante é non mancarse». 

El País

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