The American way of life

La pena de muerte es cara

Por: | 01 de noviembre de 2012

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No inmoral, cara. En California, los grupos de activistas que pretenden que el próximo martes día 6 los votantes de ese Estado rechacen la pena de muerte en referéndum están basando sus campañas no en términos morales sino económicos. Si en lugar de condenar a los presos a la máxima pena se les sentenciara a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, las arcas estatales ahorrarían cada año más de 130 millones de dólares, según informa el organismo asesor independiente Legislative Analyst´s Office. Otro estudio, este del año 2011 del Noveno Circuito de Apelaciones, asegura que la pena de muerte ha supuesto a California un total de cuatro mil millones de dólares desde que se reinstauró a nivel nacional en 1976.

Contrariamente a lo que consideran muchos defensores de la pena capital, el método es caro e ineficiente. Los condenados a muerte en California esperan una media de cinco años antes de que se les asigne abogado para poder recurrir su sentencia ante el Tribunal Supremo del Estado y luego otros 12 para que otro abogado maneje la petición formal para que un juzgado federal examine la legalidad del caso del condenado. En definitiva, el Tribunal Supremo de California emplea una tercera parte de su tiempo en gestionar recursos de penas de muerte, según Jeanne Woodford, una de las principales defensoras de la Proposición 34 y antigua alcaide de la prisión de San Quentin, donde supervisó cuatro ejecuciones. 

La opinión pública sobre la pena de muerte ha ido cambiando desde que volvió a los códigos penales a mediados de los setenta. En los últimos 10 años, cinco Estados la han abolido de sus ordenamientos, lo que eleva a 17 el número de Estados que no la practican -más el Distrito de Columbia- frente a 33 que sí -más el Gobierno y el Ejército de EEUU-. Los sondeos sobre la Proposición 34 en California -abolición de la pena de muerte- dicen que un 42% de los votantes que el martes acudirán a las urnas apoyarán la medida frente a un 45% que la rechazará, lo que supone una disminución de este último grupo respecto a la última encuesta que arrojaba una cifra del 51%. El resto se definen indecisos.

California tiene 724 personas -19 de ellas mujeres- esperando su cita con el verdugo en el corredor de la muerte -es el Estado con mayor número de condenados a la máxima pena, seguido por Florida con 407 y Tejas con 308-. En los últimos seis años no se ha ejecutado a una sola de ellas, después de la polémica sobre el uso de la inyección letal y el sufrimiento que infringía a los reos. Desde 1976, sólo se ha acabado con la vida de 13 personas, según datos del DPIC (Centro de Información sobre la Pena de Muerte, siglas en inglés). Más de 1.300 personas han sufrido homicidios legales a manos del Estado desde 1976.

Captura de pantalla 2012-10-31 a las 2.30.39 p.m.Cuarenta y cuatro prisioneros del corredor de la muerte de California llevan más de tres décadas esperando su cita con la muerte impuesta por el Estado. Douglas Stankewitz es el más veterano. Hoy tiene 54 años y llegó a San Quentin con 20. Stankewitz ha tenido 12 abogados a lo largo de 34 años y registros de los juzgados muestran más de 600 apelaciones o mociones sólo desde 1991 -fue condenado en 1978-. "La pena de muerte es una broma", declaró el preso a la agencia Reuters que logró entrevistarle la semana pasada en San Quentin. "No pueden matarme porque el sistema no funciona". 

Las proyecciones dicen que para el año 2050, California habrá mandado otros siete centenares de presos al corredor de la muerte y que más de 500 habrán muerto de viejos o de causas naturales antes de que puedan ser ejecutados. Desde el año 1978, 21 reos se han quitado la vida mientras esperaban la muerte y 57 han muerto de causas naturales. Trece han agotado todas sus posibles apelaciones y ya sólo les queda la muerte.

Los partidarios de la Proposición 34 y el fin de la pena de muerte en California alegan que la cadena perpetua sin posibilidad de libertad bajo fianza supondría un coste anual de poco menos de 12 millones de dólares, nada comparado con los actuales más de 130 -algunas fuentes los elevan a 144- y un argumento convincente en época de crisis presupuestarias. Cifras oficiales del Departamento de Prisiones de California sitúan en 55.000 dólares el coste anual por preso, sin distinguir entre crímenes o sentencias. 

Los detractores -entre los que se encuentran tres antiguos Gobernadores- dicen que mantener la pena de muerte vigente no tiene nada que ver con la economía sino con hacer justicia. El ex Gobernador Gray Davis considera que hay que estar con "los familiares de unas víctimas que sufrieron un dolor inmenso a manos de violentos criminales".  Para la inmensa mayoría de estos familiares, la muerte del culpable que les arrebató un ser querido supone poder pasar página. Y sin embargo hay quien a pesar de haber estado a favor ahora está en contra. Dion Wilson deseó con fervor que el asesino de su esposo fuera condenado a la máxima pena. Cuando esto sucedió, "no funcionó". "No cambió nada, no me sentí mejor", asegura la señora Wilson.

 

 

 

 

Cárceles que parecen residencias de ancianos

Por: | 15 de junio de 2012

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Muy buenas a todos. ¿Cómo les ha tratado la vida en estos seis pasados meses? ... Espero que bien, por aquí bien tambien, gracias. Por favor, ¡que alguien cambie esa foto de mi persona! Ocho meses de embarazo redondean bastante... Solucionado esto, he de confesar que llevo varias semanas a la búsqueda de un tema de reapertura de este espacio, leía y miraba y hablaba con gente y volvía a leer con la esperanza de encontrar un tema de los que llamamos de tono ligero pero puesto que la cena de George Clooney a Barack Obama en Los Ángeles mereció un espacio en Gente y que el día parece que solo da malas noticias (no voy a entrar en los titulares que cada mañana leemos por aquí sobre España), tendré que ceder el paso a la tozuda evidencia  y aceptar reabrir el blog con lo que hay: cruda realidad.

Una cruda realidad que habla de las cárceles en Estados Unidos, país con la población reclusa más grande del mundo, con 2,3 millones de personas entre rejas. Entre 1980 y 2010, el censo carcelario de EEUU creció 11 veces más deprisa que la población general. En ese periodo de tiempo, la demografía creció a un ritmo del 36% mientras que la población reclusa lo hacía a más del 400%. Hasta aquí todo tremendo.

Pero además, un dato escalofriante que se desprende del estudio publicado este miércoles por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, siglas en inglés), es que el número de personas mayores en las prisiones crece todavía más rápido, casi convirtiéndose en lo que la ACLU ha denominado "una epidemia" para los Estados de la Unión, que ven lastrados sus presupuestos con prisiones atestadas de personas que no representan ningún peligro para la sociedad. 

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Según el Instituto Nacional de Correcccionales, se considera "mayores" o en "proceso de envejecer" a todas aquellas personas con una edad superior a los 50 años. En 1981, en las cárceles de EEUU había 8.853 reos mayores de 55 años; hoy existen más de 245.000 personas mayores de 50 en los centros penitenciarios. Los expertos proyectan que en 2030 el número superará los 400.000, lo que supondrá un tercio del total de la población penitenciaria. Dicho de otra manera, se espera que ese censo crezca más de un 4.400% en ese espacio de tiempo.

Quede claro que la población de viejos reclusos no crece debido a una brutal oleada de crimen geriátrico -de hecho las estadísticas dicen lo contrario, que cada vez son menos las personas mayores que delinquen- sino a las políticas puestas en práctica en las décadas de los 80 y 90 que dictaron mano dura contra el delito por pequeño que fuera, incluidas ofensas por posesión de drogas o faltas que no implicaban violencia ni sangre.

Captura de pantalla 2012-06-14 a las 1.36.04 p.m.Aquellas políticas se pagan ahora -literalemente-, asegura el informe. Mantener a un preso mayor de 50 años en la cárcel le cuesta cada año al Estado y al contribuyente más de 68.000 dólares; un preso de edad media supone un gasto de 34.000. Haciendo números, los presos mayores de 50 años, sobre quienes dicen los estudios que no representan peligro para la seguridad pública, cuestan a EEUU más de 1.600 millones de dólares. Según uno de los autores del estudio, Inimai Chettiar, "a no ser que se hagan cambios dramáticos en las políticas de libertad provisional, los presupuetsos estatales y federales están amenazados de muerte ya que no van a poder hacer frente a los gastos". "Es bien sencillo", explica un economista de la ACLU, "es ridículo y un despilfarro utilizar el dinero de los contribuyentes en gastar ingentes cantidades de dinero en mantener encerradas a personas que ya no deberían de estar en la cárcel". 

Como ven, siempre en la vida todo es un problema de presupuesto. Un gusto volver a escribirles. 

Cerrado, temporalmente, por maternidad

Por: | 01 de diciembre de 2011

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Perdonada la paz y preservada la libertad (Peace y Liberty, nombres de los pavos que por gracia de Barack Obama se salvaron de ser trinchados el pasado jueves el día de Acción de Gracias); con el pavo ingerido y digerido; con el árbol de Navidad de la Casa Blanca a punto de ser encendido anoche en una celebración multitudinaria en los jardines de la residencia presidencial -este año la decoración será en blanco y negro, en honor a Bo, the first dog-; y con mi hija recién nacida en brazos -tres kilos cuatrocientos veintinueve gramos-, ladies and gentlemen,les dejo hasta el próximo mes de abril.  

Será hasta entonces. Aunque no pasa ni un sólo día de los que hablo con España para recibir felicitaciones en que alguien no me pregunte: "Y tú, qué, ¿vas a hacer como Soraya?". Para empezar, dejemos a Soraya en paz. Como dicen tan a menudo por estas tierras, creí que aquel (España) era un país libre... Para continuar, ¿por qué esta cosa tan sexista -muy usada, por cierto, entra las mismas mujeres- de llamar a los líderes masculinos por sus sonoros apellidos -Rajoy, Zapatero, Clinton...- y a las señoras en el poder o la política por sus nombres de pila -Soraya, Hillary, ¡LA Trini!-... Ah! Y para finalizar, que la hormona me sigue traicionando y ya dejaba dos sin tres: no, no voy a hacer como Soraya. Yo paro e incluso les escribo para comunicárselo.

No leerán aquí, en The American Way of Life (ahora se explican los mofletes de la foto del blog, ¡ocho meses de embarazo!), las muchas anécdotas y curiosidades que sucederán, por ejemplo, a partir del 2 de enero en Iowa, cuando se de el pistoletazo de salida a las primarias republicanas y la tropa periodística se desplace en masa hasta Des Moines para informar desde la nieve de que Mitt Romney perderá (porque perderá en Iowa; ganará en New Hampshire -es casi como Massachussetts-; y perderá de nuevo en Carolina del Sur y Florida, y aún así, será el candidato, que no gusta ni a los propios republicanos...-; no les relataré los Oscars ni les informaré de si otro Estado, siguiendo los pasos de Oregon hace nada, decide que la pena de muerte es cruel y propia de países subdesarrollados y la condena al olvido.

Estaré de vuelta para el camino que conducirá a un nuevo -o al mismo presidente- a la Casa Blanca en 2012 (por soñar, que la hormona ayuda, que en la competición haya un ticket demócrata Obama-Clinton). Como en 2008, la maternidad me aleja por unos meses de mi puesto de trabajo. Aunque entonces, aquel año, a lo Sáenz de Santamaría, interrumpí mi baja para cubrir la victoria histórica de Barack en un parque de Chicago en una noche de no mucho frío dadas las fechas. 

Hasta pronto.

Diferencias irreconciliables

Por: | 28 de octubre de 2011

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Desde que esta foto fue tomada por la revista Time han pasado 54 años, las leyes de segregación en Estados Unidos son cosa del pasado -no muy lejano- y en la actualidad un presidente negro reside en la Casa Blanca. En esos 54 años, dos mujeres vivieron en distintos mundos -uno para blancos; otro para negros-; una insultó a otra y le recomendó que volviera a África; la otra aguantó estoica los insultos; en el correr de ese más de medio siglo, ambas se reunieron -y se hicieron amigas- durante el 40 aniversario de uno de los episodios más importantes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. La amistad duró poco. No sobrepasó los dos años. ¿Por qué? 

La foto, a primera vista, tiene una única protagonista: Elizabeth Eckford, 15 años, joven de raza negra que el 4 de septiembre de 1954 desafió un status quo que legalmente ya se resquebrajaba -pero que tardaría muchos años todavía en cuajar en las actitudes-  al intentar acceder a las clases del instituto -sólo para blancos- Little Rock de Arkansas. El Tribunal Supremo había puesto fin a la segregación en las aulas pero el Gobernador de Arkansas, Orval Faubus, tenía otras arcaicas ideas y envió a la Guardia Nacional para que impidieran el acceso el primer día de clase a cualquier afroamericano que osara romper el poder establecido.

Eckford formó parte de Los Nueve de Little Rock, nueve jóvenes negros que se ofrecieron voluntarios -practicamente fueron conejillos de indias- para asistir a ese primer día de clase histórico entre una multitud de blancos. Los nueve debían llegar juntos, aquel acto de desafío -por mucho que tuviera el respaldo de la justicia de Washington, pero Washington estaba tan lejos- podría resultar muy peligroso, sobre todo cuando el Gobernador lo estaba boicoteando. Pero un problema de comunicación hizo que Eckford no recibiera el mensaje y se aventuró sola hacia las aulas del Instituto avanzando entre una turba con deseos de linchamiento.

Eckford solicitó a los soldados de la Guardia Nacional que la dejaran acceder a las aulas. Lo hizo hasta dos veces. Ante la negativa de los uniformados, la joven se dio la vuelta, libros apretados sobre su pecho, gesto impasible, mirada firme protegida tras unas gafas de sol y se dispuso a abandonar el recinto del centro. A su espalda, una multitud blanca cargada de prejuicios y racismo le lanzaba todo tipo de insultos. Las cámaras de la televisión filmaban lo que sucedía. Los periodistas tomaban notas. Eckford avanzaba. Una joven de la misma edad que ella tomó la iniciativa en la propuesta común de que los negros debían de volver a las selvas de África. Se trataba de Hazel Bryan, quien histérica y llena de ira amenazaba a Eckford. Bryan es la otra protagonista de la instantánea.

Hasta aquí la historia que se escribió aquel día. En los años siguientes, Eckford completaría sus estudios en Little Rock -aunque no sin pagar un precio, sufrió problemas de ansiedad y depresión- al igual que lo hizo Bryan -que se casaría a los 18 años y formaría una familia feliz con tres hijos-. Pero a comienzos de la década de los sesenta, Bryan -ajena ya al racismo en el que creció- necesitó hacer una llamada. Telefoneó a Eckford y le pidió perdón por lo sucedido aquel 4 de septiembre. No hubo más contacto entre ellas. Hasta 1997, cuando el diario local quiso fotografiarlas juntas con ocasión del 40 aniversario de aquel histórico día. Allí estaban las dos, había pasado un mundo desde entonces, ambas sonreían a la cámara frente al instituto. Bill Clinton ejerció de maestro de ceremonias tres días después y otorgó a las mujeres la medalla de "amigas reconciliadas".

Captura de pantalla 2011-10-27 a las 10.58.49 PMTal título lo llevaron con orgullo cerca de dos años. Se hicieron amigas. Comían juntas, iban de compras juntas, dieron charlas en universidades e institutos sobre su experiencia pasada y se convirtieron en el ejemplo de la reconciliación. Oprah Winfrey las sentó en el sofá de su programa para que contaran su historia y conmovieran a la nación como solo Oprah sabe hacer. Pero no bastó. Eckford no podía encajar que Bryan siguiera creyendo que lo que hizo respondía a una chiquillada de juventud en lugar de a un sentimiento racista. Bryan entendió que Eckford jamás la había perdonado aunque dijera que sí. Cuando se inició el siglo XXI ya no hablaban más. Hoy siguen sin hacerlo. ¿Por qué?...

 

El matrimonio es para blancos

Por: | 21 de octubre de 2011

Captura de pantalla 2011-10-18 a las 5.23.52 p.m.Que uno de cada diez hombres negros de treintaytantos años esté en la cárcel es sólo uno de los muchos datos que documentan ampliamente el colapso del matrimonio entre los negros en Estados Unidos. Siete de cada diez mujeres negras están solteras; las otras tres de la ecuación están forzadas a vivir lo que se conoce como 'compartir hombre'. Dos de cada tres matrimonios negros acaba en divorcio, el doble del ratio que sufren los blancos... La afirmación la hizo hace ya algunos años un niño de 12 años en una escuela del deprimido sureste washingtoniano, frase que fue reveladora para la entonces profesora y luego escritoria Joy Jones. "Mi momento nunca llegaba", escribió Jones en The Washington Post... "Y entonces una alumno me iluminó: el matrimonio es para gente blanca".

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