(El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel, el Viejo)
La semana pasada hemos asistido al mayor atentado económico perpetrado contra nuestro país en los últimos 30 años. Por dos razones: por las decisiones que se tomaron, que fueron terribles; y por la narrativa que les sirvió de justificación. Se ha dicho mucho en las últimas horas sobre lo primero, por lo que no insistiré en ello. Pero se ha dicho algo menos sobre lo segundo. Voy a ello en este post.
La historia que nos contó Rajoy primero y alguno de sus ministros después fue la siguiente: España es un país que no ha hecho lo que tenía que hacer en los últimos (sobre todo) ocho años. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Somos vagos, indolentes, vividores. Nos gusta demasiado la buena vida y poco el esfuerzo. Estamos en la situación que estamos, fundamentalmente, por cómo somos, y no por las decisiones que hemos tomado recientemente, o al menos, no sólo por ello. Por tanto, debemos cambiar. Debemos cambiar profundamente para poder re-direccionar nuestro destino. Yo os voy a ayudar a cambiar, a ser diferentes, a encontrar un nuevo ser y a vivir de otra manera. Y ello nos ayudará a recuperarnos.
Doy varios ejemplos de que lo que estoy diciendo era lo que estaba detrás del discurso del Presidente. Primero, la ya consabida referencia a los parados: “los parados se ponen a buscar activamente trabajo cuando se les está acabando la prestación”. Es mentira. Cualquiera que tenga un parado entre sus filas, sabe perfectamente que, teniendo en cuenta la coyuntura por la que atravesamos, se ponen a trabajar en buscar trabajo desde el minuto uno: desde el minuto menos tres, en realidad, ya que hay mucha gente que, temiendo que la despidan, se pone a buscar trabajo incluso antes de que llegue esta contingencia.
La segunda es la manera en la que se refirió a los funcionarios: “ha habido un ajuste tremendo en el mercado laboral; sin embargo, el número de funcionarios ha seguido creciendo durante la crisis. Por tanto, ellos se tienen que ajustar también”. Menudo argumento: mal de muchos, consuelo de tontos: es lo primero que me vino a la cabeza cuando oí ese comentario del Presidente. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que esa forma de plantear las cosas hace fácil conectar con la consabida monserga de que los funcionarios son vagos, se limitan a leer el periódico cuando están en sus trabajos, y están constantemente mirando el reloj para irse a “tomar el cafelito”.
En síntesis: culpabilización, culpabilización, culpabilización. Estamos así porque nos lo merecemos. Estamos así porque somos como somos. Estamos así cuando podríamos haber estado de otra forma. Y tenemos que tomar estas medidas porque “son necesarias”, como el tránsito por el purgatorio: o pasas por él o no hay redención posible.
Lo peor de todo, es que veo a muchos de mis conciudadanos de brazos caídos. Aceptando directamente esa narrativa de la culpa y el castigo. Hoy, sin ir más lejos, este diario publica un artículo en el que se abunda en el “nos lo merecemos”.
¿Sólo nos queda esperar a ver cómo nos pasan a cuchillo? ¿Tenemos que recordar que muchos de los supuestos desmanes que han ocurrido han ocurrido con dinero alemán? ¿Es posible que seamos tan bisoños que, una vez más, vamos a aceptar lo que venga de fuera como bueno simplemente porque viene de fuera? Me resisto a creerlo; pero si seguimos así, entonces sí que nos mereceremos sufrir el destino que otros están trazando por nosotros mismos.