Antonio Estella

Sobre el autor

es Catedrático Jean Monnet de Derecho de la Unión Europea y Profesor Titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid. Es doctor en derecho por el Instituto Universitario Europeo y posee un master en Derecho Europeo por la Universidad Libre de Bruselas. Colabora con varios Centros de Pensamiento, siempre en materia europea e internacional, y ha sido asesor, también en materia europea e internacional, de distintos cargos políticos.

Archivo

junio 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

Eskup

TWITTER

Antonio Estella

Sin protesta muere la democracia

Por: | 19 de julio de 2012

MUNCH
(El grito, Edvard Munch, 1893)

 

La protesta es el primer derecho ciudadano. Sin él no pueden existir los demás, “porque si esto falta hay razones para pensar que todo lo demás puede caer. En el núcleo esencial de los derechos de la democracia está el derecho a protestar, el derecho a criticar al poder público y privado. No hay democracia sin protesta, sin posibilidad de disentir, de expresar las demandas. Sin protesta, la democracia no puede subsistir”.

No lo digo yo. Lo dice el filósofo, jurista, intelectual, además de amigo, Roberto Gargarella, en su libro “El derecho a la protesta, el primer derecho” (Ad-Hoc, 2005).

Creo que Gargarella está cargado de razón. Y vale recordarlo todavía más hoy, cuando sindicatos y diversas asociaciones han convocado una gran manifestación en España contra los recortes. Si no protestamos, nada de lo demás será viable.

Vengo advirtiendo desde hace unos meses en este blog de la diabólica estrategia argumental que el gobierno está empleando para que aceptemos los recortes. Es la narrativa del “lo que está pasando, nos lo merecemos”, es la narrativa de la culpabilización. Con ello el gobierno pretende hacer una cosa muy clara: eliminar las pocas resistencias que existen en estos momentos contra la aplicación de sus planes. ¿Y cuales son esas resistencias? Solamente pueden venir de la ciudadanía. Es el último dique de contención al que se enfrenta el gobierno. Ya es bastante obvio que la clase política está arrasada, perpleja, deprimida, sin capacidad de reacción en definitiva: demasiado tiempo anestesiada. Este hubiera sido otro dique de contención en otras circunstancias: pero se ha roto. El último que queda es, como digo, la ciudadanía. Con ese por ahora podemos contar.

De ahí que la narrativa del gobierno se haya desplazado del “la culpa la tiene el gobierno de Zapatero” de sus primeros meses a “adoptamos estas decisiones porque os lo merecéis” de las últimas semanas. Porque saben que ya no hay oposición, y que la única resistencia que pueden encontrar está en la calle. Se trata de mermar esa resistencia, de aniquilarla, de extenuarla, de cansarla, de frustrarla, de dividirla. Ejemplo de lo último: rescatar a los funcionarios mileuristas de la quema de la paga extraordinaria, para que unos funcionarios se enfrenten a otros. Divide y vencerás.

Protesta, ¿contra qué y contra quien? Contra qué: contra todas las decisiones que se están adoptando, por injustas, desproporcionadas, criminales, estúpidas, ineficaces. Contra quién: contra el gobierno, por supuesto. Contra la clase política, que todavía no ha pedido perdón por no haber cumplido su misión fundamental, que era “vigilar” que todo esto no ocurriera. Contra las entidades financieras, por los desmanes cometidos. Y contra la Unión Europea, no el proyecto, pero sí la forma que está adoptando ese proyecto en estos momentos. Se lo aseguro, por mi profesión me ha tocado conocer a muchos de los que están tomando decisiones en las instituciones europeas: no les dejaría a mis hijos ni para cruzar una calle vedada al tráfico rodado.

Protestemos. Es la base de todo lo demás.

 

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal