Es el imperio, estúpido/a

Por: | 17 de marzo de 2012

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por NORA CATELLI

En 2006 se reunieron Princeton escritores y académicos europeos (de España y de Francia) y americanos (de Estados Unidos, Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba, Puerto Rico y  República Dominicana) para preparar una Historia de los intelectuales latinoamericanos, coordinada por Carlos Altamirano y Jorge Myers, y cuyos dos volúmenes aparecieron entre 2009 y 2010.

Salvo excepciones, fuera cual fuese su origen, los especialistas norteamericanos y latinoamericanos que vivían en Estados Unidos aplicaban al objeto de trabajo los programas y conceptos que la academia norteamericana ha convertido en visión dominante sobre lo americano no-estadounidense no-blanco ni protestante. Los del mundo exterior (España, Francia, Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba, etcétera) no teniamos un  programa y unos conceptos unitarios: las clases sociales, los estamentos y los sujetos que estudìábamos aparecían fragmentados, contradictorios y ocupaban distintos lugares ideológicos, étnicos, históricos y politicos a la vez. El lugar de emisión de los discursos –no la identidad- descubrió una inesperada perspectiva imperial: debíamos ser estudiados siguiendo las pautas que, simplificando mucho, se pueden resumir en “raza, género, latinidad”. No era mala fe, no era afán de dominio.

Era la pura hegemonía. Hay razones históricas poderosísimas para ello. Los dos grandes imperios modernos fueron Francia y Gran Bretaña, no Portugal, ni España, ni Holanda, ni la ominosa Bélgica. Las dos primeras potencias formaron sus élites periféricas en Asia y en Africa –y en una zona de las Antillas- y consiguieron mantener con ellas unas relaciones estrechas, prometedoras y fascinantes, tras sus tardías independencias.

En el colapso de su imperio, en los inicios del siglo XIX, España conservaba el poder, pero no la autoridad. No la recuperó y, a pesar de los arrestos un poco patéticos del panhispanismo actual, ya no puede recuperarla, ni tiene por qué. En cambio, Francia y Gran Bretaña tenían el poder y lo perdieron, pero mantuvieron la autoridad. Siguieron y siguen formando sus élites periféricas, y ellas les entregan severas reformulaciones de su propio papel, trasladado ahora a Estados Unidos.


SpivakSaidimagesCAEIR39QComo Edward Said (en la foto), como Homi Bhabha, Gayatri Chakravorty Spivak (Calcuta, 1942) es exponente de ese cuerpo extraordinario de pensadores e intelectuales que se desarrollaron justamente a partir de la continuidad real y más tarde simbólica del vínculo imperial: Chakravorty se doctoró en la universidad de Cornell con una tesis sobre W.B. Yeats, dirigida por Paul de Man, y tradujo al inglés en 1974 De la gramatología de Jacques Derrida. Tras el fundamental Orientalismo (1975) de Said, Chakravorty produjo, diez años más tarde, un texto planetariamente influyente (“¿Puede hablar el subalterno?”) que ha recibido sensibles elogios, refutaciones o inteligentes matizaciones teóricas, como la de Manuel Asensi en España o la de Hugo Achúgar en Uruguay; en 2001 Pierre Bourdieu y Loïc Wacquant delinearon con precisión, en Las argucias de la razón imperialista, la unificación académica norteamericana de los criterios con los cuales estudiar las culturas, políticas y sujetos periféricos y advirtieron su vampirisimo conceptual y la rigidez de sus categorías; el encuentro de Princeton podría inscribirse en la historia de esas polémicas acerca del alcance de la subalternidad.

SpivakDerridaimagesCAULM9JGEn 2003 Chakravorty publicó La muerte de una disciplina, sobre los nuevos retos de la literatura comparada, postulando una política abierta de confrontación cultural, más que literaria. Esta provocación no era una novedad: como señala Antoni Martí Monterde en un libro esencial que acaba de aparecer, la literatura comparada fue siempre política: de la historia y la transmisión, de los conflictos europeos y coloniales, de las luchas de los estados y sus sueños de dominación en el continente y en sus órbitas. Como se ve, no sólo la geopolítica sino también la geocronología define el campo imperial: ¿cuántos subalternidades hay? ¿dónde están? ¿desde cuándo datarlas?

Por esta ambición mundial en Otras Asias (Akal) Chakravorty no quiere dejar fuera ningún tipo de subalterno, lo cual la obliga a incluir, de vez en cuando, las Américas. Hay dos menciones confusas a Angel Rama en la página 17 seguidas, en la página 289, por una información entre innecesaria e ingenua. Chakravorty descubre que José Martí (1853-1895), fue un “patriota cubano que vivió en Nueva York” y comunica, entusiasmada, que “ha sido rescatado en los estudios culturales latinos, que tienen fuertes conexiones con estudios étnicos de la costa este de Estados Unidos, en un interesante libro titulado José Martí´s Our America”

Portada_14627Es su limitación pero es, al mismo tiempo, su mérito; Chakravorty ha logrado universalizar el concepto de subalterno, a pesar de su inicio particular: la India. Su capacidad de irradiación ha sido inversa a su origen estrictamente asiático; quizá esa tendencia expansiva tenga que ver con la intimidad con el imperio. Porque Otras Asias se inscribe, aunque parezca lo contrario, en una continuidad especular del vínculo entre metrópolis y periferia. Más que cualquiera de las otras obras anteriores de su autora este libro reúne efectivamente intervenciones con voluntad de hacerse visibles no sólo en el espacio público sino también en la gestión política. Contiene siete artículos (Afganistán, Armenia, India, Bangladesh…) y una entrevista, escritas y en su mayoría publicadas entre 1992 y 2004, en los que se trata, según Said –citado por la propia Chakravorty en la página 327- de “decirle la verdad al poder”.

Esto postula una relación vivísima, cercana y encantatoria con ese poder, a quien en Otras Asias parece atribuírsele cierta capacidad para reordenar esa parte del mundo, sus calendarios y sus identidades. Otras Asias puede ser leído como un convulso y torrencial conjunto de discursos sobre una política tricontinental y sobre sus límites borrosos, como síntoma de una voluntad férrea de participación y como expresión afirmativa de sus posibilidades intelectuales e institucionales.

Otras Asias (ensayos reunidos). Gayatri Chakravorty Spivak Traducción de Pablo Sánchez León. AkaL. Madrid, 2012.  / Un somni europeu. Història intel·lectual de la Literatura Comparada. Antoni Martí Monterde. Universidad de Valencia, 2011

Artículo publicado el 17 de marzo de 2012 en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS.

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NORA CATELLI (Rosario, Argentina, 1946) es profesora de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona. Es autora de ensayos como El espacio autobiográfico (Lumen) y Testimonios tangibles. Pasión y extinción de la lectura en la narrativa moderna (Anagrama. Premio Anagrama de Ensayo 2001).

Hay 2 Comentarios

En la universidad alguna vez escuché que el origen de la literatura comparada estaba en la lucha de los estados europeos ( francia-inglaterra) del S. XVII y XVIII, por conocer al enemigo a través de la lectura de sus obras literarias en su lengua.

Estoy buscando información documentada de esto.

España conservaba el poder pero no la autoridad a principios del S.XIX; los conceptos de raza, género y latinidad; el vampirismo conceptual y la rigidez de categorías...INTERESANTE...

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