por INMACULADA DE LA FUENTE
Es una estrella no solo en el ámbito académico, sino en el mundo de la comunicación y de la cultura. Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales, Martha Nussbaum (Nueva York, 1947) reúne un enfoque innovador y a la vez clásico, solvente. Un discurso que establece nexos dialécticos entre disciplinas diferentes que finalmente ni están tan alejadas entre sí ni son siempre antagónicas. Filósofa especializada en la Grecia Antigua, su abanico de intereses es amplio: la justicia social, el desarrollo humano y la naturaleza de las emociones son cuestiones medulares en su investigación. Aunque sus libros son densos están imbricados en la realidad cotidiana y no teme descender al debate público. Piensa que los grandes temas de la existencia constituyen espacios compartidos más allá del credo o la ideología y que habría que establecer ciertos principios éticos universales y aplicarlos allá donde haya situaciones de desigualdad y de injusticia. Es por tanto una filósofa política, de la calle, ferozmente contemporánea. No excluye de sus investigaciones los temas de actualidad y no elude manifestarse sobre cuestiones espinosas, como la prohibición del velo o la relación entre ética y política, violencia y religión. Cuestiones que la filosofía no siempre atiende por entender que escapan de su propio campo o que son efímeras. Nussbaum, sin embargo, piensa que es ahí, en el presente, con sus luces y sombras, donde la filosofía se juega su razón de ser. No en vano promueve un marco constitucional y político que, respetando las instituciones locales, permita actuar y fundamentar éticamente la ayuda al desarrollo.