Para repensar las ciencias humanas

Por: | 07 de julio de 2012

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por LUIS FERNANDO MORENO CLAROS

Carlos Iglesias Fueyo (1946) ha dedicado su vida a la enseñanza y es autor de dos libros memorables: Historia de la Filosofía de COU —junto con Alberto Hidalgo y Ricardo Sánchez—, y el célebre Symploké —con Gustavo Bueno y Alberto Hidalgo—, un polémico manual de filosofía para Secundaria, elogiado y denostado por igual, pero útil a la hora de preparar las clases.

El nacimiento de las ciencias filológicas, entretanto, se destina al ámbito académico superior —filologías y filosofía—; es un trabajo sólido y riguroso, de estilo claro y expositivo, que ya han caracterizado de “biblia” debido a su monumentalidad. Lo cierto es que su envergadura y la complejidad de su tema sorprenden hoy, cuando abundan las obras filósoficas soft-core; aunque dicha complejidad es más aparente y atemorizadora que real, algo que se advierte en cuanto el lector interesado se adentra en sus páginas.

SanJerónimountitledDos partes demarcan el volumen. En la primera, el autor trata del nacimiento de la filología: ¿qué filosofía cabe extraer de las —mal o bien denominadas— “ciencias filológicas”? Mientras que en la segunda los términos se invierten y hallamos una “filología de la filosofía”. El “materialismo filosófico” —a cuya escuela ovetense pertenece el autor (discípulo de Gustavo Bueno)— caracteriza las ciencias en general y las ciencias humanas en particular desde un punto de vista gnoseológico (de fundamentación formal), en contraste con otro punto de vista ontológico (de fundamentación material). Desde esta posición, ¿es posible especificar con consistencia una disciplina como ciencia?, ¿qué requisitos ha de cumplir?, ¿es “científico” referirse a Dios?, ¿reflexionar sobre su existencia?

El término “reflexivilidad” (la cualidad de ser reflexivo) es nuclear en este libro, igual que en la historia de la humanidad. Tiene que ver con la “Idea de Hombre” nacida en Grecia y con la capacidad del ser humano de universalizar la razón, base de las ciencias. Reflexividad es pensamiento humano sobre lo humano y acerca del universo y los saberes que lo estudian. Las filologías y la filosofía, ¿serán también ciencias de lo humano?, ¿cómo surgen, cuándo y cómo se desarrollan?, ¿con qué otras disciplinas entroncan y en cuáles se enraízan? Para clarificarlo, el autor recurre -entre otros muchos elementos- a los albores de la escritura y el nacimiento del libro; analiza los primeros diccionarios y los diccionarios técnicos, la traducción y la diferencia entre lenguajes, hasta dar con la linguística.

NacimientoimagesCAZ1WS4XLa reflexividad conduce también a la historia. El pensamiento humano guarda memoria, y la memoria es además un modo de avanzar hacia el futuro desde el pasado; de ahí, en la segunda mitad del libro, el amplio apartado sobre la historia de la reflexión filosófica y las diferentes historias de la filosofía. ¿Cómo entendieron conspicuos pensadores la historia de la filosofía? ¿Fueron neutrales, críticos? ¿La consideraron desde perspectivas ideológicas, o sólo como una sucesión de teorías sin vínculo? Por estas páginas desfilan Kant, Hegel, Dilthey, Unamuno, Heidegger y otros autores de primera línea. Cada uno de ellos aportaría algo valioso al lector, invitado al fin a crear su propia filosofía. En suma, una obra consistente, especializada y digna de destacar en el panorama actual de la filosofía académica en castellano.

El nacimiento de las ciencias filológicas. Carlos Iglesias Fueyo. Editorial Eikasia. 704 páginas, 30 euros.

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LUIS FERNANDO MORENO CLAROS se doctoró en Filosofía con la tesis Platonismo en la filosofía del joven Schopenhauer. Traductor de E.T.A. Hoffmann, Nietzsche o Goethe, fue coordinador de la Biblioteca de Grandes Pensadores de la editorial Gredos. Es autor de las biografias Schopenhauer. Vida del filósofo pesimista (Algaba) y Martin Heidegger. El filósofo del ser (Edaf). Ejerce la crítica literaria en Babelia, el suplemento cultural de EL PAÍS.

 

 

 

Hay 2 Comentarios

No todo discurso es científico. Lo es cuando se vuelve hacia el concepto y éste se observa desde distintos ángulos de la experiencia hasta conseguir una definición del mismo lo más precisa posible, y ahí interviene la filología. Tampoco todo discurso científico es científico. Muchos muestran estados mentales, disquisiciones sobre algo donde muchas veces reside la ideología de forma explícita o implícita.

A mi entender, a esta altura de multi culturalidad con saturación informativa y tantísimos antecedentes de pensadores de toda clase y color, hay un punto de partida mucho más claro y conciso: El triángulo áureo de los verdaderos esoteristas o conocedores de ciencia oculta al vulgo.
Dicho triángulo áureo (equilátero de oro, a veces colocado como aureola sobre representaciones morfológicas de Dios) representa a las tres áreas básicas y complementarias para conocer o englobar a la totalidad. Dichas áreas, representadas cada una por un lado del triángulo, son: Ciencia como base, nutrida o retroalimentada por los laterales más elevados, que son Filosofía y Religión.
Si avanzamos un poco más en la cuestión, la ciencia atañe a las cosas materiales, lo palpalble o tangible, pasible de ser observado con los sentidos físicos. Lo demás, no es área de su competencia, sino de los laterales del triángulo.
El área de la filosofía es la mente, lo intelectual, pensamientos e ideas que, también, debe ser NEXO armonizante con lo inasible y espiritual, que corresponde al área de la religión.
Mientras no se tenga claro (o se omitan) a las limitaciones claras de cada área y cómo se interrelacionan entre sí, como el triángulo con cada uno de sus segmentos en los ángulos, mucho se podrá elucubrar y teorizar, tanto los científicos, filósofos y religiosos, pero incurriendo en la torpeza de entrometerse demasiado en áreas que no son de su dominio, con chapucerías que relativamente rápido serán desarmadas por verdaderos especialistas de las mismas.
En el área filosófica en particular (que por eso era tan apreciada) está la responsabilidad de nutrirse y valerse de lo sensato y válido de las otras dos (ciencia y religión) para dar armónica coherencia y explicación a lo que ha corroborado la ciencia con lo que se afirma desde la religión, para poder dar clara y sana orientación a los demás de los parámetros válidos para regir sus vidas o cómo encaminarlas.
En general, al triángulo prefiero representarlo como una H mayúscula, pero acostada, para representar mejor a la función de la filosofía, de nexo entre las otras dos.
Sin embargo, si se representa como triángulo y aún continúa siendo válido, es porque hay demasiadas personas con tan poca capacidad intelectual y de razonamiento que, para ellas, lo que no es científico, corroborado empírica y fehacientemente, es directamente área de la creencia religiosa que, encima, constantemente se superponen y entrometen con su opuesta, sea religión en el área científica; o ciencia en el área religiosa, dando origen a gigantescas disputas en las cuales, los filósofos, al estilo Poncio Pilatos, se lavan las manos con disquisiciones marginales menores.
Es tan solo mi punto de vista personal.

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