La madeja del presente

Por: | 22 de septiembre de 2012

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Manifestación contra los recortes en la educación pública de la música, el lunes pasado en Madrid.

Foto: Samuel Sánchez

Por MANUEL CRUZ

Probablemente uno de los rasgos más característicos de la situación en la que vive inmerso el mundo (y especialmente Europa) en los últimos tiempos sea su extrema volatilidad. La celeridad con la que los Gobiernos caen, las mayorías políticas mutan de signo o las recetas económicas más publicitadas varían no hace sino exasperar una tendencia, de suyo muy arraigada en el mundo contemporáneo, a desentenderse del pasado, a dar por descontado, sin la menor crítica, que somos por completo nuevos, que cuanto nos sucede —tenga el signo que tenga— nada tiene que ver con lo que les pudo suceder, no ya a nuestros antepasados, sino a nosotros mismos no hace tanto. De ahí que pocas cosas resulten en apariencia más imprudentes hoy en día para el autor de un comentario periodístico como el presente que intentar ilustrar sus afirmaciones con ejemplos extraídos de la actualidad: corre el severo riesgo de que, para cuando el lector venga a encontrarse con su escrito, éste desprenda un insoportable olor a anacronismo.

Pues bien, si esto vale para esa sencilla pieza periodística que es la reseña, ¿qué no valdrá para un texto de mayores pretensiones como es un libro? A mi juicio, se equivocaría quien retrocediera, atemorizado, ante las anteriores consideraciones, y pensara que hoy cualquier libro nace muerto, fagocitado por su propia fecha de caducidad. Porque la permanente agitación del debate político, el incansable alboroto mediático (de inequívoca carga dramática en muchos momentos, todo hay que decirlo) no debería distraernos de lo esencial, del entramado profundo que constituye todo el proceso en el que estamos sumergidos, de las líneas de fuerza a menudo invisibles que permiten entender la lógica con la que dicho proceso opera. Es precisamente a aportar elementos de inteligibilidad que nos permitan iluminar no ya la anécdota sino la categoría de lo que nos está pasando a lo que se aplican, obviamente desde diferentes perspectivas, un conjunto de libros aparecidos en los últimos meses.

Sin duda, un denominador común de todos ellos lo constituye su preocupación por el descrédito de la política en nuestra sociedad y el compartido empeño por asentarla sobre unas nuevas bases. Ello requiere, por supuesto, llevar a cabo una tarea previa de desescombro de los viejos tópicos que nada explican y para nada sirven, excepto para introducir confusión y ruido en la vida pública (a dicha tarea se aplican con eficacia los colaboradores del volumen, compilado por J. M. Vallès y X. Ballart, Política para apolíticos, así como también, en cierto sentido, el exministro de Administraciones Públicas Jordi Sevilla en el suyo).

LibroCruz1imagesCAB01MT2Pero, cumplimentada esa fase inicial, se impone reconsiderar por entero el proyecto de vivir juntos. El no nos representan del 15-M, evocado por Joan Subirats en el subtítulo de su magnífico librito, era demasiado contundente como para echarlo en saco roto o, lo que a efectos prácticos vendría a ser lo mismo, para considerarlo una mera expresión coyuntural de enfado: estaba impugnando el mecanismo mismo de legitimidad en el que se sustenta la práctica política. Incluso cabría ir más allá, como hacen Gerardo Pisarello y Jaume Asens en su No hay derecho(s), y mostrar en qué medida la legalidad garantista surgida tras la derrota del fascismo se ha convertido, en tiempos de crisis y movilizaciones, en un espejo incómodo.

No parece, desde luego, que nuestros actuales responsables políticos sean conscientes de la hondura del rechazo que están provocando. En muchos momentos se asemejan a surfistas, dedicados en exclusiva a mantener el equilibrio sobre una ola cuya dirección son incapaces de percibir y, en otros, recuerdan la figura del boxeador a punto de caer noqueado, intentando mil argucias para que la campana le salve de besar la lona. Entonces le viene a uno a la cabeza aquella afirmación de Ernst Bloch (que cito de memoria) según la cual hubo instantes, durante el siglo pasado, en los que se dieron las condiciones objetivas para una transformación de signo radicalmente emancipatorio en Europa. ¿Qué lo impidió? Según el autor de El principio esperanza, una generación política incapaz (de esta expresión sí me acuerdo con claridad). Incapaz para entender lo que estaba pasando y para actuar en consecuencia.

¿Significa esto que la consigna que mejor sustancia y resume todas las críticas anteriores es el genérico e irritado ¡que se vayan todos!? No necesariamente. Tal vez convenga (o no haya otro remedio que) quedarse con algunos de los que ya estaban. Pero, en todo caso, no de cualquier manera, es decir, no sin que antes pasen cuentas con la ciudadanía y respondan de lo que hicieron mal o, pudiendo hacer bien, dejaron de hacer. Ya está bien de categorías confundentes que sólo han servido en la práctica para que quienes debían no respondieran de sus actos. Si lo formulo de otra manera —algo más vertical— tal vez se entienda mejor lo que pretendo decir. ¿Se imaginan por un instante que algún responsable de los fiascos bancarios y políticos que han dejado la economía de este país como un erial pretendiera irse de rositas emulando a nuestro Monarca, esto es, declarando: “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”? ¿Cómo se les quedó el cuerpo cuando tuvieron noticia de que los directivos de Novagalicia ya habían emprendido tan ejemplar senda?


Desobediencia civil. Historia y antología de un concepto. Antonio Lastra (editor). Tecnos. Madrid, 2012. 307 páginas. 12,50 euros. Desobediencia. Raffaele Laudani. Proteus. Barcelona, 2012. 204 páginas. 19 euros. No hay derecho(s). La ilegalidad del poder en tiempos de crisis. Gerardo Pisarello y Jaume Asens. Icaria. Barcelona, 2011. 239 páginas. 18 euros. Para qué sirve hoy la política. Una democracia para escépticos. Jordi Sevilla. RBA. Barcelona, 2012. 331 páginas. 22 euros. Otra sociedad, ¿otra política? De “no nos representan” a la democracia de lo común. Joan Subirats. Icaria. Barcelona, 2011. 103 páginas. 6 euros. Política para apolíticos. J. M. Vallès y X. Ballart (editores). Ariel. Barcelona, 2012, 183 páginas. 12,90 euros (electrónico: 10,99).

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Artículo publicado en Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, el 22 de septiembre de 2012

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MANUEL CRUZ Nació en Barcelona en 1951 y es catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Entre sus obras figuran títulos como Amo, luego existo. Los filosofos y el amor, (Espasa, 2010), con el que obtuvo el premio Espasa de Ensayo y el reciente Adiós, historia adiós. El abandono del pasado en el mundo actual (Ediciones Nobel), Premio Jovellanos de Ensayo 2012.

 

Hay 1 Comentarios

A ver si escarmentamos y cuando toque votar, vamos todos, que luego pasa lo que pasa.

Marta
www.mivibrador.es

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