'El Juli' entrando a matar /Foto: Luis Sevillano
‘Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa; y eso es, precisamente, lo que nos pasa’, decía, hace ya casi cien años, don José Ortega y Gasett refiriéndose a la caótica situación de España de aquella época. Con su amable licencia, y salvando todas las distancias, hoy se podría hablar del torero de moda diciendo que ‘lo que pasa con El Juli es que no sabemos qué pasa con El Juli; y eso es, precisamente, lo que pasa con El Juli’.
Es decir, que nadie tiene ni repajolera idea de lo que ocurre actualmente en el toreo, personalizado, de alguna manera, en esta reconocida figura que ha estado ausente de las ferias de Castellón y Valencia, no aparece en los carteles de las de Sevilla y Madrid, y mantiene una agria e inocua disputa con Taurodelta, la empresa de Las Ventas, sobre el maldito parné, que parece que es el motivo por el que no hará el paseíllo en San Isidro.
¿Y por qué? Dicen que el origen de este boicot es el llamado G10, formado por Ponce, Morante de la Puebla, César Jiménez, El Fandi, Manzanares, El Cid, Perera, Cayetano, Talavante y El Juli, en calidad de promotor y líder. Estos toreros se unieron y contrataron a la empresa All Sports Media para la gestión de sus derechos de imagen. Presentaron sus exigencias económicas a los empresarios y estos pusieron en marcha su ‘venganza’: aceptaron a los toreros que son apoderados por empresarios y rechazaron a los que tienen sus intereses en manos de taurinos que van por libre, como son los casos de El Juli y su apoderado Roberto Domínguez, y la pareja formada por Miguel Angel Perera y Fernando Cepeda. Conclusión: El Juli y Perera han sido excluidos de las tres primeras ferias importantes, y el primero no estará tampoco en Madrid.
El hecho de que El Juli, uno de los diestros más sobresalientes de los últimos años, no esté en las cuatro importantes ferias citadas es un mazazo para la fiesta de los toros, y pone de manifiesto la triste miseria que preside el moribundo negocio taurino, necrosado por el creciente desapego de sus máximos responsables.
Que no se olvide que toreros, empresarios, ganaderos y taurinos en general son los protagonistas de un sector rancio, desfasado y anticuado, rodeado de bobos aduladores, en el que imperan una permanente opacidad y el más tenebroso oscurantismo. Que no se olvide tampoco que El Juli es uno de sus integrantes principales, y que pasa de puntillas -como todos sus compañeros- sobre los numerosos y graves problemas de la fiesta, de las sospechas de fraude, del toro descastado y enfermizo, de la crónica enfermedad de aburrimiento, de la huida de los aficionados y de la impureza de un espectáculo que se desangra sin remedio.
Muy mal que El Juli pague los platos rotos del pulso de los toreros; tan mal como que estos formen uno de los grupos más conservadores, individualistas, insolidarios y vetustos del taurinismo andante. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que diez figuras hagan una piña para defender sus derechos de imagen y dejen abandonado al líder represaliado? Parece una broma, pero no lo es. ¿Cómo se entiende el silencio de los que se visten de luces ante los tejemanejes económicos de empresas taurinas de primer orden que adeudan honorarios a toreros y ganaderos ante la pasividad del resto?
Nadie sabe a ciencia cierta lo que pasa con El Juli porque forma parte de un colectivo cerrado a cal y canto al mundo exterior, del que se ha beneficiado habitualmente, y a quien hoy, de manera circunstancial, le ha tocado interpretar el papel de víctima.
De lo que pasa en el toreo poco se sabe porque apenas nada se cuenta, y todos sus miembros parecen conjurados con el silencio. Y de lo poquito que está claro es que la fiesta importa poco a los que viven de ella. Si así no fuera, ni las figuras se plantarían en arras en un momento en el que lo que se necesita es savia nueva, aire fresco, unidad, autenticidad y compromiso, ni los empresarios despreciarían la oportunidad de mejorar, con El Juli y Perera, los pésimos carteles de las primeras ferias del año.
Eso es lo que pasa: que la fiesta de los toros no importa a nadie.
Hay 3 Comentarios
A Taurodelta solo le falta, para rematar la faena, no televisar San Isidro.
Publicado por: Juan Ignacio | 22/03/2012 23:12:09
Esto es cultura? Vergüenza debería daros, en el futuro se recordará a este medio como otro más que fomentaba esta salvajada. Sois como el Psoe, ni más ni menos: progresismo el justo y necesario
Publicado por: Pedro | 22/03/2012 19:14:08
Lo que pasa, mejor, lo que pasará en un tiempo cada día más cercano, es que se ellos sólos, los taurinos, se cargarán la Fiesta y se quedarán sin la gallina de los huevos de oro. Y los aficionados, como siempre, serán los paganinis al quedarse sin su afición.
Publicado por: Juan Colmenero E | 22/03/2012 18:42:33