
Iván Fandiño posa en el coso de Bilbao. Fotografía de Domingo Aldama.
Iván Fandiño hace el paseíllo en Las Ventas por tercera vez en este ciclo de San Isidro que ha resultado demasiado pobre en resultados ganaderos y toreros. Él será el encargado de cerrarlo con gloria o con fracaso, para bien o para mal, y quién sabe si de alcanzar la Puerta Grande, que ha dejado entreabierta en sus últimas actuaciones en el coso madrileño. Este torero, nacido Orduña (Vizcaya), de 31 años, sabe de la expectativa que genera entre la afición de Madrid, un cortejo correspondido con gratitud por el diestro que define sus maneras toreras “según el concepto puro que se tiene en esta plaza”. Es impetuoso, categórico, vehemente cuando habla de su “hoja de ruta” trazada desde el inicio en su “voluntad en ser torero al gusto de Madrid”, a la cual le ha dedicado pensamientos, preparación, arrojo, esfuerzo y método. Añade que es independiente en este mundo interrelacionado del estamento taurino y habla de sí mismo en tercera persona para decirlo todo: “Fandiño no es como los demás”.