'Quiero ser torero'

Por: | 20 de junio de 2012

No hace ni un mes que finalizó en Telemadrid y Castilla la Mancha TV el programa 'Quiero ser torero', un reality en el que seis jóvenes aspirantes a la gloria taurina compitieron durante cuatro semanas para ganar conocimientos, aprender de figuras consagradas, obtener la efímera popularidad que ofrece la pequeña pantalla, y alcanzar, finalmente, el título de triunfador, lo que llevaba consigo la participación en una novillada.

Para quien no haya podido verlo, 'Quiero ser torero' estaba basado en el famoso 'Operación Triunfo'. Cambien a Rosa y a Bisbal por alumnos de la heroicidad; añádanle el respeto que producen las cámaras, la timidez de quien sale por vez primera del seno familiar, unos profesores excesivamente circunspectos, unas variantes formativas a veces noñas y cursis, y, sobre todo, una buena dosis de ilusión, otra de vocación, una más de responsabilidad y una maleta de sueños, y surge un programa estupendo, divertido, interesante, sentimental a veces, emocionante casi siempre, y gratificante de principio a fin.

Lo más sorprendente, quizá, es que dos televisiones autonómicas decidan romper amarras, tiren por la borda los complejos y se arriesguen con un proyecto sobre la promoción de los toros entre la juventud. No es fácil hacer ese paseíllo en un país como este en el que hay que pedir perdón por ser aficionado. Ya era hora de que dos medios de comunicación públicos echaran la 'pata alante' y mostraran a la audiencia cómo son, qué piensan, qué hacen y como viven los jóvenes que quieren ser toreros.

Y lo que se vio en la televisión mostró a lo largo de los cuatro programas fue un grupo de veinteañeros con una pinta ejemplar, chavales de hoy, serios, esforzados y comprometidos de verdad con una vocación como si en ello les fuera la vida. Todos procedían de diversas escuelas taurinas y ya habían tenido contacto con capote y muleta, pero conocieron secretos de la lidia, escucharon con atención los consejos de sus profesores, conocieron a figuras y asumieron con caras de asombrada veneración sus consignas (Joselito: 'Esto es querer, querer y querer'; Espartaco: 'En esta lucha se pierde la juventud, pero se hace para cumplir un sueño'; El Juli: 'Ser torero es para elegidos'.)

También les enseñaron (he aquí las noñerias) a ser ordenados en sus habitaciones, a utilizar los cubiertos en una mesa, a andar por una pasarela o a saludar correctamente a una señorita, que no es que sean prácticas noñas, sino que poco tienen que ver con el sueño torero.

En fin, que el programa supo a poco. Muy pronto llegó la final, en la que los tres finalistas se vistieron de luces, lidiaron tres erales y se sometieron al veredicto de un jurado que eligió como ganador a Fernando Rey, un novillero malagueño ávido de triunfo, bullidor, valiente, que dio toda una lección de entrega y corazón torero.

Muy bonito todo. Bueno, todo, todo, no.

Los mismos directivos televisivos que triunfaron con un proyecto políticamente incorrecto se arrugaron cuando vieron una gota de sangre. Todo muy limpio y pulcro, todo dispuesto para no herir la sensibilidad de nadie,para que no molestar a los anti; y se ocultó cómo había caído un par de banderillas o si la media estocada había sido suficiente para acabar con la vida del novillo.

Eso es un engaño y una cobardía. La fiesta de los toros es cruenta y no hay que avergonzarse por ello. La fiesta entraña riesgo y no hay que ocultarlo. La fiesta es dura. Y de esa sangre derramada del toro y, a veces, también del torero, del riesgo y de la dureza nace la gloria de los protagonistas del espectáculo.

El hecho de que haya personas a quienes no le guste la fiesta de los toros no significa que haya que esconder su realidad. Porque lo que subyace detrás de esa decisión de los directivos televisivos es que podría estar fraguándose un espectáculo nuevo, diferente y moderno, en el que la sangre quedara eliminada, lo que supondría la supresión de la lidia actual y el nacimiento de un sucedáneo sin nombre.

A pesar de todo, enhorabuena a Telemadrid y Castilla la Mancha TV por su entrañable valentía; y pitos a las dos porque, a la hora de la verdad, se arrugaron.

PD. A mí tampoco me gusta la sangre, que conste. Ni siquiera la de pollo recién frita que, en mi pueblo del sur, que no es taurino, se degusta como un manjar.

 

 

 

 

 

 

 

Hay 12 Comentarios

Mejor quiero ser toro, por favor, y que les claven un puyazo !!!

Si se esconde la sangre es porque hasta los mismos productores del programa son conscientes de la miseria moral de lo que están haciendo.

@ Ayla
No creo que un policía arriesgue su vida por ti ni por nadie cuando ejerce la violencia a conciencia en nombre del Estado, ni un soldado esté asegurando tu libertad ni la de nadie cuando aprieta el gatillo a miles de kilómetros de aquí. El Estado ejerce su violencia día sí y día también en todos los ámbitos de nuestras vidas y no veo a nadie por aquí ensañándose de una forma tan visceral con él como se hace con los que defendemos la tauromaquia sin buscar ofender a nadie.
No se puede hablar de incorrección cuando todos volvemos la cara ante lo que importa de verdad. Basta de hipocresía.

En ese concurso se escamoteaba al espectador la muerte del becerro. O se pone todo o nada, si se siente vergüenza de una parte del Toreo mejor no mostrarlo.

El torero se pone delante de la sombra con el único fin de que la gente se divierta. Lo que es heroico es ponerte delante de esa sombra para defender a otro ser humano. Como hacen los policias, los bomberos, los soldados. Esos sí son héroes, que se enfrentan de igual a igual, que arriesgan su vida por la de otros. El torero se enfrenta a un animal que le han dejado sin comer y sin beber, al que desangran con picas y banderillas. El torero sabe lo que hace, lo ha hecho mas veces, el toro hace lo que puede y no lo volverá a hacer. Que cobardía. Y todo para que unos cuantos aplaudan. Unos cuantos con el corazón tan endurecido que no se conmueven ni sienten compasión por un ser inocente sangrando y sufriendo al que le arrebatan lo único que posee, su vida, para disfrute del personal. Que poco respeto. ¿Para eso se quiere la libertad? ¿la libertad de hacer daño? Todo tiene un límite en la vida, no se puede usar la libertad para tratar cruelmente (y uso la palabra del autor de este reportaje) a otro ser vivo. No, para eso, no puede haber libertad.

No hay que pedir perdón por ser aficionado. No tiene perdón, así que sería un ejercicio inútil.

Flirtear con las sombras y mirar de cerca la muerte no está de moda. Una imagen como la de la cuadrilla de Joselito velándole en Talavera de cuerpo presente o a Ignacio Sánchez Mejías hablándole y abrazando su cabeza fría rodeada de velas encendidas ahora sería impensable. Para eso están los tanatorios que parecen aeropuertos en los que la asepsia absoluta la esconde, como si escondiéndola dejara de existir. Un torero es un ser especial, diferente. Le envuelve un halo de misterio y de solidaridad que nadie ha sido ni será capaz de desvelar. De otra manera no se entenderían los gestos de Castella y de Castaño en San isidro. Mucho menos los de Padilla volviendo a ponerse delante de la sombra a los cinco meses de perder un ojo y casi la vida. Ni el de José Tomás donando el total de un premio de 55. 000 Euros y volviendo a ponerse delante diez meses después de dejar media vida en Méjico, sin necesidad ninguna, sólo por ayudar a la fiesta, atacada por todos los flancos como si fuera la madre de todas las maldades o los toros bravos los causantes de la vergüenza nacional de los que prefieren verlos caer con un tiro en la nuca en los corredores de la muerte de los mataderos a escasos meses del nacimiento como les ocurre a todos los demás animales, con la única y rara excepción de las mascotas que viven humilladas, sometidas al amo que las domina con el miedo a dejarlas sin sustento. No se avergüence Usted nunca de escribir de toros, y mucho menos pida perdón por ser aficionado. Eso que quede para los que tienen tanto interés en eliminarlos, para los que con tanta prohibición nos quieren quitar las libertades ganadas hace cientos de años. Si ganan, ¿ qué prohibirán después? ¿También me van a obligar a leer los libros que ellos quieran? o a ¿ ver las películas censuradas?
No. Vivan las corridas de toros en libertad.

"la fiesta de los toros es cruenta y no hay que avergonzarse de ello". Que triste es que exista gente que no se avergüence de participar de una crueldad, de disfrutar con ella. Muy triste de verdad. Antonio Lorca, deberías reflexionar un poco, esta "fiesta" no está sacando lo mejor que haya en ti.

Totalmente de acuerdo en el análisis. Eso sí, era muy raro que no se viera caer a los novillos, la "censura de la sangre" era más que evidente y su único resultado era que no se entendía muy bien.

El toreo que no fiesta (esa barbaridad no tiene nada de festivo) es cruento y no se debería jalear con dinero público. Claro que es políticamente incorrecto, es además ética,mente incorrecto, estéticam,ente incorrecto, es ibncorrecto desde cualqyuier punto de vista. Es más que incorrecto, es miserable.

La fiesta en sí si es un engaño y una cobardía. Programas de este tipo sólo podían llegar de manos de feudos televisivos tan rancios como los de Madrid y Castilla la Mancha.

Es absolutamente lamentable y repugnante que se fomente la tortura animal en canales públicos. Decir lo contrario es de mal ser humano. No hay justificación posible.

http://casaquerida.com/2012/06/20/si-volvieran-los-quijotes/

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Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

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