Primer Aviso

Sobre el blog

El mundo de los toros visto por los periodistas de EL PAÍS. Rigor, exigencia y sensibilidad para analizar un arte que vive uno de los momentos más complejos de su historia.

Sobre los autores

Antonio Lorca es crítico taurino en El País. Amante del toro en el campo, en la plaza y en el plato. Hijo del Capitán Trueno, venera a los héroes de carne y hueso ya vistan de oro o plata, vayan a pie o a caballo. Por favor, no le digáis a mi madre que soy periodista; ella, orgullosa de mí, cree que soy banderillero...

Rosa Jiménez Cano. Periodista de EL PAíS especializada en Tecnología, aficionada a los toros desde su niñez. Como cualquier abonado de Las Ventas reparte su corazón entre Chenel, Esplá y los hierros más duros. Se derrite cuando a Morante le da por torear.

Quino Petit es periodista de EL PAÍS. Desde 2006 escribe reportajes en El País Semanal. Durante la adolescencia sufrió un shock leyendo la biografía de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte y persiguió a Curro Romero y a Rafael de Paula hasta que ambos se cortaron la coleta. Desde entonces no persigue a nadie. Tampoco ha vuelto a ver torear tan despacio.

Paz Domingo, periodista de El País y admiradora de la portentosa belleza que atesora el toro de lidia, cuando se da con toda la integridad física y temperamental, con la fuerza descomunal que representa su genio, acometividad, defensa, y resistencia al sometimiento.

Las desgracias (y el IVA) nunca vienen solas

Por: | 15 de julio de 2012

Lo que faltaba. El Gobierno ha decidido aumentar el IVA de todos los festejos taurinos, con lo que las novilladas y los espectáculos de rejoneo, que hasta tributaban al tipo reducido del 8%, pasan al 21 y se equiparan a las corridas de toros que, antes de la subida, ya lo hacían al 18%. Un puntillazo certero en la misma cruz.

Es de suponer (es mejor así) que los señores del Partido Popular nada tienen contra el mundo de los toros. Es más, se presentan como los firmes defensores de la fiesta frente a la apatía y los complejos del principal partido de la oposición. Es de suponer que todo es fruto de la imperiosa necesidad de recaudar para hacer frente a ese maldito déficit que tiene acongojado a este país. Pero también es mala suerte que a la grave crisis interna que padece el negocio taurino se una ahora un brutal aumento impositivo que, sin duda alguna, repercutirá en el devenir de la fiesta.

Desde que los toros pasaron de la órbita del Ministerio del Interior al de Cultura, una de las reivindicaciones del sector ha sido que las corridas tributaran al IVA reducido del 8%, que ya lo hacían los festejos menores y los de rejoneo. Pues no solo no se ha movido un dedo en esa dirección (nunca parece que sea el momento procesal oportuno para beneficiar al mundo del toro), sino que, a partir del 1 de septiembre, todos los espectáculos triubutarán al 21%.

Aunque no sea la intención del Gobierno, esta medida puede tener unas pésimas consecuencias para el futuro de la fiesta. Pocas novilladas se organizaban ya por la falta de patrocinadores públicos y el escaso interés que despertaban entre los espectadores; a partir de ahora se corre un serio de peligro de que la desaparición sea definitiva .

Y, claro, si no hay novilladas, no se fomenta la cantera; los chavales cargados de sueños no podrán pasar más allá de las escuelas taurinas, sus padres (los que puedan) se verán obligados a costear, más de lo que ya lo hacen, la organización de espectáculos para dar a conocer a las figuras en ciernes, y el espectáculo se resentirá gravemente. Si no surgen novilleros, si no se promueve el nacimiento de nuevas vocaciones de héroes, la fiesta de los toros tendrá que lidiar con su fantasma más difícil, que es el de su propia existencia.

Este es, sin duda, un caso de auténtica mala fortuna. Nada peor en estos momentos que un obligado aumento del precio de las entradas cuando todo el sector reflexiona en sentido opuesto para hacer frente al paulatino y muy preocupante alejamiento del público de las plazas de toros.

Pero las desgracias nunca vienen solas. En esta ocasión, se presentan acompañadas por el aumento del IVA, que puede ser la puntilla para una fiesta que sufre ya los perniciosos efectos de una media estocada en el hoyo de las agujas. 

Emboscada en las Ventas

Por: | 09 de julio de 2012

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Foto: Juan Pelegrín / Las Ventas

No hacía falta estar allí para comprender que el trapío de los novillos que ayer, domingo, se lidiaron en la plaza de las Ventas era desmedido, exagerado y fuera de toda lógica. Las fotos, primero, y las imágenes, después, cantaban a los cuatro vientos que al toro bien hecho, aunque le llamen chaval porque le falten dos meses para los cuatro años, no le hace falta el fhotoshop para deslumbrar por su poderío y mirada desafiante. Y los que salieron el domingo en Madrid eran de esos que algunas figuras no ven ni en el campo con una valla de espinos de por medio. Es más, apostaria a que ningún toro de ese porte se ha visto este año en alguna plaza de primera de añejo postín.

Pero lo peor no es la estampa de los que aguardaban en chiqueros, sino el engaño que sufrieron los integrantes del paseíllo, tres chavales con muchos sueños y escasa experiencia, a los que engatusaron con el cuento de la oportunidad y los abocaron a la trampa de una emboscada sin vuelta atrás.

 Hace unos años, cuando en este país se celebraban novilladas, los aspirantes acudían a Madrid a pasar la reválida, ese duro examen que te concedía o no el pasaporte a la categoría superior. Las circunstancias han cambiado, y las Ventas se ha convertido para la mayoría de los novilleros en la única ocasión seria para demostrar sus ganas, sus condiciones y su actitud, y, también, en pura lógica, su falta de rodaje. A esos chavales no se les puede poner delante de toros hechos y derechos, porque es el modo más idóneo de hundirles la moral, de acabar con su afición, y, en el peor de los casos, y ocurrió el domingo, la ocasión más propicia para que se lleven un 'tabaco' que les deje secuelas en sus carnes y en su alma. Este es el caso del colombiano Juan Viriato, que sufrió una tremeda cornada de 25 centímetros que le atravesó el muslo derecho, de la que, sin duda, tardará en recuperarse, y ojalá lo haga con bien y pueda volver a los ruedos con la moral intacta.

Cualquier vaquilla te puede atravesar el muslo en un tentadero, claro que sí; que nadie entienda, además, que se está pidiendo la vuelta del choto a la primera plaza. No es eso. Se pide, nada más y nada menos, que cordura y sensatez. ¿Quién ha visto esos novillos en el campo por parte de la empresa? ¿Cuál fue, entonces, el parecer de los apoderados? ¿Y la Comunidad de Madrid? ¿No tiene nada que decir Carlos Abella, director del Centro de Asuntos Taurinos?

Qué pena de fiesta, sola y abandonada, cuyo destino está en en manos de reputados incompetentes que no parecen tener reparos en echar a los leones a novilleros sin bagaje. Qué daño se le inflinge cuando se hace añicos la ilusión de quien busca la gloria. Con la escasez de vocaciones que se padece en estos tiempos y lo difícil que resulta alcanzar la cima...

No más emboscadas. La exigencia no está reñida con el sentido común. La emoción del peligro nada tiene que ver con la emoción del toreo. Los tres novilleros del domingo merecen mejores gestores, taurinos con dos dedos de frente que entiendan de una vez que la inteligencia es un bien -escaso, es verdad- que hay que ejercitar. Sobre todo, para evitar en lo posible que a un chaval nuevo en las plazas se le salten las lágrimas de rabia cuando comtemple su muslo destrozado por un toro hecho y derecho al que llamaban novillo.

Corredores... ¡A formar!

Por: | 04 de julio de 2012

Pamplona es una caldera a punto de ebullición mientras prepara estos días la madre de todas las fiestas. Kiliki Caravinagre, el cabezudo que aparece en el cartel ganador de la presente edición sanferminera, obra de David Alegría, advierte al estilo del Tío Sam: "I want you for San Fermín 2012". Hordas de mozos y mozas desempolvan ya el pañuelico rojo. Trasuntos de Hemingway retocan sus barbas canosas a la espera de lucirlas con garbo en las calles. Un grupo de operarios termina de sacar lustre a las escaleras que suben al majestuoso salón del Nuevo Casino, en la planta superior del legendario Café Iruña, con sede en la Plaza del Castillo. Y Carmelo, experto corredor que regenta una librería donde también se venden periódicos y revistas en la calle de la Estafeta, cuenta las horas que quedan para la mañana siguiente al chupinazo con el que este viernes arrancan las Fiestas de San Fermín y sus mundialmente afamados encierros.

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Ilustración de David Alegría

Carmelo no es un divino. No es uno de esos corredores a los que a los que verán chupar cámara en televisión entre los próximos 7 y 14 de julio, haciendo gala de sus hazañas al paso de los morlacos que transitarán el casco viejo pamplonica. Carmelo ni siquiera quiso dar su apellido a este cronista cuando hace cuatro años accedió a que le acompañara durante un encierro sanferminero para una pieza publicada en este periódico. Su novia Asun, dulce pastelera que también vende género en la calle de la Estafeta, volverá a contener la respiración mientras ve a lo lejos a su Carmelo correr como un condenado en compañía de torazos como vagones de ferrocarril. 

Hace unos días pasé por la librería de Carmelo para saludarle y me contó que con el tiempo ha acabado harto de las aglomeraciones de mozos en la Estafeta. Este año correrá en la Cuesta de Santo Domingo, a pocos metros de la hornacina que acoge la imagen de San Fermín. Por allí subirá la manada a toda velocidad tras el cohete de las ocho de la mañana. Pocos segundos después los cornúpetas alcanzarán la plaza del Ayuntamiento y enfilarán por la calle de Mercaderes hacia la curva con Estafeta, donde el neoyorquino John Distler ha lucido durante más de cuatro decenios su americana de lino color beige. Ataviado como un Tom Wolfe del encierro, este profesor honorario de la American School de París se llevó de vuelta a casa hace años una cadera nueva como regalo de un Cebada Gago. Desde entonces decidió correr tan solo unos metros por la curva de Mercaderes con Estafeta, pero jamás se planteó dejar de volver a Pamplona por estas fechas.

Antideslizante
Vertido de antideslizante para los encierros de Pamplona. Foto: Jesús Diges (Efe)

Ciertamente temible es el historial de cornadas que los toros de la ganadería de Cebada Gago atesoran por estas calles. Si es usted uno de los incautos que piensa saltar a través de los 900 postes y 2.800 tablones que cercan los 800 metros de recorrido del encierro que lleva a la plaza de Toros y está dispuesto a lanzarse a la carrera (algo nada recomendable a no ser que sus piernas y su agilidad estén a la altura de tan magno desafío), recuerde la regla de oro: si se cae no se le ocurra volver a levantarse hasta que pase la marabunta, a riesgo de ser ensartado por un pitón (recuerde también que los cuernos que estos días se verán por Pamplona son algo fuera de lo común). Carmelo, veterano corredor de la Estafeta, sabe de lo que hablamos. En una ocasión fue literalmente empalado por asta de toro durante un encierro de Tafalla. Quizá por eso, Carmelo también sabe bien que después de cada carrera por las calles del casco viejo de Pamplona lo que toca es comer y beber junto a la cuadrilla como si uno acabara de volver a nacer.

A lo lejos pueden oírse ya las estruendosas carcajadas de Mikel Urmeneta, alma mater de Kukusumusu y embajador internacional de los Sanfermines. Esa risa oronda profetiza el advenimiento de la FIESTA en su máxima expresión y la oda al Capotillo de San Fermín que protege a los valientes mozos que viven a muerte por las calles de Pamplona. Esa risa también podrá hacernos olvidar, aunque sea por un momento, lo que tantos se encargan de recordar constantemente al respetable, como si no supiéramos de sobra que la vida es un lento suicidio. Y sí, tambíén sabemos que todo esto es solo rock and roll, pero nos gusta.

Los toros ya tienen comisión

Por: | 02 de julio de 2012

El ministro de Cultura acordó el pasado día 21 de junio la creación de una comisión de trabajo que deberá definir los criterios, objetivos y medidas de un futuro Plan Nacional de Fomento y Protección de la Tauromaquia, que será aplicado en colaboración con el resto de administraciones públicas y los sectores implicados.

José Ingnacio Wert, el ministro, ha nombrado presidente de este nuevo órgano a Juan Antonio Gómez Angulo, conocido aficionado, que fue el primer director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid entre 1988 y 1991, concejal del Ayuntamiento de la capital y secretario de estado para el Deporte. El responsable de la comisión estará acompañado por siete vocales: el torero retirado Santiago Martín El Viti, el ex ministro Enrique Múgica, el pintor Eduardo Arroyo; el teniente de hermano mayor de la Maestranza de Ronda, Rafael Atienza; Alvaro Martínez Novillo, historiador y filólogo; Alberto Alonso Ureba, Catedrático de Derecho Mercantil, y Tomás Ramón Fernández, catedrático de Derecho Administrativo.

Todo lo que antecede lo ha contado el ministerio en una nota, en la que añade, primero, que 'la medida se encuadra en las actuaciones para poner en valor la tauromaquia como manifestación e industria cultural'; segundo, que la tal comisión presentará un informe al ministro en un plazo no superior a seis meses, y que el ministerio podrá asumir sus recomendaciones; y tercero, que nada de lo dicho supondrá incremento alguno del gasto público.

Los toros, pues, ya tienen comisión; y está bien que así sea. Es decir, que es bueno y oportuno que alguien se ocupe de la fiesta de los toros más allá del rápido beneficio económico.Y ojalá el informe sea un buen elemento de base para el fomento de la cultura taurina.

Pero el asunto plantea algunos interrogantes que no conviene soslayar. Por ejemplo, ¿qué criterio se ha seguido para elegir a estos miembros de la comisión y no a otros? Así, en un principio, suena rara esa mezcla de un torero, un ex ministro, un pintor, un miembro de las reales maestranzas, un filólogo y dos expertos en derecho, pero el ministro sabrá.

Otro ejemplo: si las competencias taurinas están en manos de los gobiernos autonómicos y el ministerio de Cultura solo cuenta con los registros taurinos y el secretariado de la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos taurinos, que es nada, ¿cuál será la base de la propuesta que pueda elaborar la comisión?

Se espera, eso sí,que el ministerio de Cultura fomente y proteja la tauromaquia y diseñe campañas de conunicación sobre los valores culturales, socioeconómicos y medioambientales de la fiesta. Sería magnífico que la administración central se comprometiera con tales asuntos, de capital importancia para que la sociedad conozca los muchos vértices que dan sentido trascendente a esta fiesta.

Pero, largo me lo fiáis... Una campaña de comunicación no puede ser ajena a la realidad del espectáculo, que no atraviessa, precisamente, su mejor momento. No se abarrotan las plazas para comprobar el lamentable estado de un animal desnaturalizado y a unos toreros mecánicos, y cómo unos y otros se muestran incapaces de provocar la necesaria emoción. Por ello, quizá, esa campaña cultural debiera ir de la mano de una regeneración del toro y el torero. Y ese asunto, verdaderamente importante, no depende del Ministerio de Cultura ni de las autonomías. Depende de los taurinos -ganaderos, toreros y empresarios, en su mayoría-, que no muestran el más mínimo interés en ello porque se pondrían en juego sus intereses más primarios, que están basados en la desunión del sector, la irresponsabilidad ante el presente y el futuro, y, sobre todo, en el beneficio rápido.

Un ejemplo: la Mesa del Toro se reunió en asamblea general el pasado día 28, e instó a la administración 'a que se reúna con los profesionales a fin de establecer un plan de trabajo conjunto y coherente que se ajuste a las necesidades del sector'. La nota suena un poco a broma a la vista de las nulas aportaciones de esta mesa, -donde están representados todos los estamentos taurinos-, en su ya larga vida. Lo mejor sería que guardara silencio.

En fin, que bienvenida sea la comisión del ministro Wert; que su informe se esperará con impaciencia, y que, aunque no sirva para mucho, será, sin duda, una bocanada fresca en este aire viciado del mundo del toro, necesitado de una seria reflexión más allá de sus aspectos culturales, que son importantes, claro está, pero que no conseguirán taponar la hemorragia que pone en serio peligro sus constantes vitales.

 

 

 

 

El País

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