Traspasando la línea

Traspasando la línea

Una mirada constructiva y crítica sobre el impacto del mundo digital en la educación. Aunque su punto de partida es la educación en línea y todo el potencial que se suele desconocer, atraviesa esa línea para analizar y comentar la emergencia de nuevos y discutidos enfoques en el uso de las tecnologías digitales para la mejora de la educación.

En línea, pero más allá

Por: | 03 de junio de 2013

La educación en línea goza del favor mediático. Difícilmente, en la historia de la educación encontraremos un momento en que los sistemas de educación no tradicionales estén tan presentes en los medios de comunicación, o sean objeto de intenso debate en foros no específicamente educativos. Sería, pues, una pena no aprovechar esta oportunidad que se nos brinda para arrojar un poco más de luz sobre un conjunto de conceptos que, aunque son cada vez más utilizados, no siempre se hace con justa propiedad. 

La educación en línea no nació ayer. Ni hace seis meses. La educación en línea se desencadena cuando la educación a distancia tradicional, que siempre ha avanzado a la par que las tecnologías de uso cotidiano (correo, radio, teléfono, fax, TV…) descubre que Internet puede cambiar el alcance de la educación a distancia tradicional, permitiendo que la relación biyectiva entre estudiante y profesor se haga extensiva a todos los estudiantes entre sí. Eso es lo que los entornos virtuales de enseñanza-aprendizaje, llamados inicial y simplemente plataformas electrónicas, aportaron: un sistema de enseñanza y aprendizaje donde todos pueden comunicarse con todos, multiplicando, mediante la interacción, las oportunidades de aprendizaje.

Online education

Cierto es que hay quien ignora esta evolución, natural por otra parte, de la educación a distancia, y cree que ha sido el mundo de la tecnología el que ha inventado la educación en línea, con cualesquiera de los nombres con los que se la conoce.

Lo que sí ha sucedido es que el salto cualitativo que se produjo a mediados de los años 90, cuando se sustanciaron los primeros proyectos integrales yendo más allá de simples pruebas piloto, generó el interés de tecnólogos y profesionales de la educación superior. Ahí se inició un proceso de convergencia entre la educación a distancia en línea y su uso en un entorno eminentemente presencial, gracias al potencial indiscutible que aquélla aportaba.

Sin embargo, el hecho de que muchos usuarios de la educación en línea no consideren o, simplemente, ignoren todo el camino recorrido hasta la fecha en cuanto a innovación, experiencias e investigación en este ámbito, hace que a menudo nos encontremos en situaciones en que se replican modelos de enseñanza tradicionales –algunos de los cuales la investigación ya demostró que no funcionaban– con el mero cambio de una tecnología por otra, cuando una de las grandes contribuciones de la educación en línea es su capacidad para promover el aprendizaje de forma distinta, con la intención de obtener mejores resultados. Porque es obvio que invertir tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir lo mismo, no tiene mucho sentido.

Durante años, se han llevado a cabo investigaciones que intentaban medir si los cursos en línea favorecían el mismo nivel de aprendizaje que los presenciales. En alguno de ellos se ponía de manifiesto que la diferencia no era significativa. Lo cierto es que más de uno se preguntó y se pregunta aún ahora si no será que la metodología en ambos casos era la misma y, por eso, los resultados sean parejos. Quizás en muchos casos la tecnología solo ha cambiado el medio de acceso o de difusión, pero no la forma con la que se enseña o se aprende.

Los cursos en línea no son potencialmente inferiores a los presenciales en obtener resultados educativos de calidad. Sin embargo, dependerá de cómo sean esos cursos, cómo estén diseñados, cómo se lleven a cabo, que el resultado será mejor o peor. Igual que sucede en la enseñanza presencial.

Personalmente, soy un firme defensor de la educación en línea. Y del uso de la tecnología para mejorar la educación. En este sentido, lo más importante es que seamos conscientes de para qué vamos a utilizar la tecnología y de cómo estaremos obteniendo mejores resultados educativos. Hace pocas semanas, el grupo de trabajo de Planificación del Senado académico de la Universidad de Queen’s en Ontario, Canadá, presentó un documento estratégico en el que ponen de manifiesto su apuesta clara por el uso de la educación en línea en la oferta educativa de dicha universidad. Lo que es interesante destacar, puesto que es un planteamiento que no encontramos por escrito en demasiados documentos de esta índole, es que: 1) Reconoce que la utilización de la educación en línea aporta beneficios y riesgos a la vez, y que su equilibrio depende de cómo la tecnología es utilizada y; 2) Rechaza la asunción de que a través de los cursos en línea se alcancen desempeños inferiores a los que se obtendrían mediante sistemas tradicionales.

La contribución de la educación en línea a nuestros sistemas educativos va, por tanto, más allá de lo que sería facilitar el simple acceso a la información o a un determinado formato de conocimiento. Es importante analizar lo que nos aporta con evidencias que lo demuestren. Jugando con las palabras, diríamos que es necesario traspasar esa línea de réplica de los modelos tradicionales. Pues eso, estaremos aquí, para ir más lejos. Traspasando la línea.

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Sobre el autor

Albert Sangrà Morer

ha transitado por la docencia y la organización de los distintos niveles educativos de nuestro país, y la evolución de la tecnología le ha ido acompañando en esa travesía. Profesor e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya, UOC, estudia cómo hacer que las tecnologías aporten un valor añadido a la educación y a sus resultados en el marco del grupo Edul@b. Es Vicepresidente de la European Foundation for Quality in E-Learning (EFQUEL), y ha escrito diversos libros y artículos sobre esta temática.

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