Traspasando la línea

Traspasando la línea

Una mirada constructiva y crítica sobre el impacto del mundo digital en la educación. Aunque su punto de partida es la educación en línea y todo el potencial que se suele desconocer, atraviesa esa línea para analizar y comentar la emergencia de nuevos y discutidos enfoques en el uso de las tecnologías digitales para la mejora de la educación.

Quiero poder defender la tecnología

Por: | 13 de enero de 2014

Defiendo el uso de la tecnología en la educación. Especialmente cuando creo que esa tecnología puede contribuir a mejorar los resultados y los propios procesos de enseñanza y aprendizaje. También cuando la tecnología incrementa las oportunidades de tener acceso a información y a contenidos que, a la larga y después de un proceso de mediación, pueden permitir que más personas alcancen niveles superiores de educación.

Defiendo el uso de la tecnología en la educación cuando puede reducir los costes asociados al proceso de enseñar y aprender sin tener que renunciar a querer alcanzar el mayor nivel de calidad. Y también cuando el uso de esa tecnología nos exige replantearnos nuestros roles, reflexionar y aceptar que el cambio es posible y que nosotros debemos sus actores principales. Apuesto por el atrevimiento de probar cosas distintas y convenir que la tecnología nos ofrece la excusa perfecta para cubrir nuestro riesgo.

Defiendo que el uso de la tecnología suponga amenazar el “status quo” imperante, tanto de aquellas instituciones que únicamente quieren mantener una supuesta superioridad moral, como el de aquellos docentes que creen que solo debe cambar lo que está a su alrededor. Acepto que todavía hay muchas cosas que cambiarán en las formas de enseñar y aprender en los próximos años, y aceptaré que los procesos de innovación nos lleven hacia derroteros que ahora mismo ni siquiera imaginamos, siempre y cuando, eso sí, sea para que el resultado final sea objetivamente mejor que el que tenemos ahora.

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Fuente: www.rankia.es

Aplaudo que nuestros mayores hayan encontrado por fin en la tecnología una aliada, que cada vez haya más personas de edad que utilizan las redes sociales para relacionarse de manera abierta y cordial con sus amigos y familiares. Y celebro que los más pequeños jueguen con nuevos dispositivos desde su más tierna infancia, convirtiéndolos en unos elementos más de su paisaje lúdico y vital. Jugar es aprender, y el juego no se abandona nunca a lo largo de nuestra vida. Simplemente, evoluciona, cambia, para seguir permitiendo que ensayemos, que aprendamos a veces casi sin darnos cuenta.

El problema aparece cuando ni a nuestros niños, ni a nuestros mayores, ni a nuestros docentes se les permiten digerir todos estos cambios, porque la tecnología hace que tengan que vivir montados en ese cambio. Los dispositivos o el software que se ha aprendido a utilizar hoy ya no son útiles, o válidos, o suficientes, o simplemente no van a tener ningún tipo de apoyo técnico al cabo de muy poco tiempo: semanas, meses, algún año a lo sumo, y en el mejor de los casos.

Esas nuevas tecnologías, o simplemente, versiones nuevas de los mismos dispositivos, o de las mismas tecnologías, no siempre van a aportar mejoras objetivas en la forma en cómo nuestros abuelos y padres se relacionan. Tampoco a los niños más pequeños les va a traer necesariamente más felicidad en su forma de jugar: recordemos la conveniencia de favorecer los juegos de carácter más sencillo y tradicional, con recursos artesanos la mayoría de las veces, a la par que el uso de la tecnología. Muchas de ellas tampoco contribuyen a mejorar la calidad de la enseñanza ni del aprendizaje, simplemente van a servir para ejercer más presión sobre unos docentes ya suficientemente angustiados que han intentado cambiar su rol, que estaban dispuestos a abrazar un cambio educativo en el que la tecnología iba a jugar un papel importante a su lado. Ahora empiezan a sentirse sobrepasados: cuando aprendes a utilizar un dispositivo para enseñar, o facilitas el aprendizaje con una determinada aplicación, en poco tiempo aparece una distinta que, además, ridiculiza a los que usaban la anterior, una técnica de mercado implacable y devastadora. Preparémonos, porque ya se acerca la revolución de lo wearable (en inglés, aquello que nos podemos poner): relojes, cámaras, gafas, camisas… Parecía que las tabletas iban a ser el elemento clave en un nuevo modelo de educación. Permitidme que ya lo ponga en duda: no llegarán a tiempo.

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Fuente: www.kedin.es

Ahora todos jugamos con el teléfono móvil. Las empresas de telecomunicaciones han conseguido que casi todos consideremos que disponer de un teléfono móvil de última generación es una necesidad básica de la mayoría de nuestra sociedad. Pero el mercado de teléfonos móviles empieza a dar síntomas de saturación. ¿Qué pasará entonces? ¿Podremos aceptar que nos cambien las reglas del juego de nuevo, ahora que empezábamos a poder disfrutar de él? ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a aceptar que solamente se nos utilice, y además se diga que es por nuestro bien?

La desmesurada ambición de beneficios económicos de la industria tecnológica, pone el uso de las tecnologías para la educación en el disparadero. Al final, no se consigue que la educación tenga un coste inferior, ni que el uso de determinada tecnología aporte mejores resultados en los procesos educativos, ni que los enfoques institucionales ni los roles docentes evolucionen. Si algo de todo eso se consigue es porque hay muchísimas personas que creen en ello y que lo intentan cada día. La obsolescencia rápida y programada de la tecnología que se aplica en la mayoría de la industria puede llegar a ejercer efectos contrarios a los deseados en el mundo educativo.

La tecnología puede aportar y aporta mucho valor a nuestra sociedad. Pero también tiene la capacidad perversa de cambiar nuestro modo de vida sin que nosotros lo queramos. Quiero seguir defendiendo la tecnología. Y que ella nos defienda.

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La tecnología ha cambiado nuestras vidas y ahora la relaciones personales han pasado a ser conversaciones por face o por guasap. ¿Acabaremos con sexo virtual? http://xurl.es/9ik46

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Sobre el autor

Albert Sangrà Morer

ha transitado por la docencia y la organización de los distintos niveles educativos de nuestro país, y la evolución de la tecnología le ha ido acompañando en esa travesía. Profesor e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya, UOC, estudia cómo hacer que las tecnologías aporten un valor añadido a la educación y a sus resultados en el marco del grupo Edul@b. Es Vicepresidente de la European Foundation for Quality in E-Learning (EFQUEL), y ha escrito diversos libros y artículos sobre esta temática.

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