La falta de huevos y la subida de los precios en todos los mercados comunitarios, España incluida, se ha convertido en las últimas semanas, más que en una cuestión de preocupación en el consumo y en la Administración,en un tema recurrente.Tradicionamente la avicultura de carne y los posibles pactos de los granjeros para subir los precios regulando la oferta, eran una tachuela en la planta del Ministerio de Economía por su impacto en el IPC. Hoy, los huevos le han robado protagonismo a la carne de pollo, pero sin que en este caso se pueda hablar de pactos de los granjeros para recortar la oferta, sino de una situación devenida por el desrrollo de la propia política común en materia de bienestar animal.Se trata de una subida de hasta un 60% en origen que la distribución no ha acabado de repercutir en los precios al consumo, lo que pone en evidencia dos cosas: que es un producto reclamo de la cesta de la compra y que,además, el margen de la distribución era tan amplio que disponían de un importante colchón para vender sin pérdidas.
Según los estudios de la Comisión, los consumidores de paises desarrollados, como la Unión Europea, estaban dispuestos a pagar un poco más por los productos ganaderos si supieran que los animales han sido criados y sacrificados de acuerdo con una serie de normas sobre bienestar animal. De acuerdo con esta filosofía, en los últimos años, las autoridades comunitarias han sido una máquina a la hora de elaborar disposiciones para mejorar ese bienestar animal, desde la cría en las granjas hasta el sacrificio, pasando por el transporte. Desde 2007 se aplican normas para el bienestar de los pollos criados en granja; el pasado uno de enero entró en vigor la normativa sobe el bienestar animal para las gallinas ponedoras y, para enero de 2013 se aplicarán nuevas disposiciones para mejorar el bienestar en las granjas del porcino.
La aplicación de la normativa sobre el bienestar animal para las gallinas de jaula afecta al 95% de una producción total del sector de mil millones de docenas de huevos.Esta disposición supone dar más espacio a cada animal en el seno de la jaula, así como mejorar otras instalaciones en la misma como bebederos, el tipo de suelo, " bañeras "de arena y acondicionar un espacio "reservado" para la puesta del huevo. En total unas mejoras que suponían cambios de instalaciones y que el sector las estimaba en un coste de unos 600 millones de euros.
Las granjas que no hubieran adecuado sus jaulas a la nueva normativa al uno de enero, debían cerrar y dejar de producir si no se comprometían a hacer los cambios antes del 31 de julio pròximo.Estas granjas siguen produciendo, pero los huevos se deben destinar a la industria o para su uso en la restauración, no para su venta al público. Las granjas que no se adaptaran a esa fecha y tampoco se comprometieran a hacerlo en julio, han cerrado. La aplicación de la nueva reglamentación sobre bienestar animal en las gallinas ponedoras desde hace tres meses, ha supuesto un incremento de los costes de producción entre un 15% y un 20% pero, sobre todo, un recorte en la oferta del 30%. De las aproximadamente 1.200 granjas que hay en el país con 43 millones de gallinas, muchas pequeñas han optado directamente por cerrar.Las más grandes se han adaptado y hay una parte muy importante que lo harán hasta el mes de julio para seguir en la actividad con la venta directa al consumo.Por este motivo, en los pròximos meses,aunque hayan cerrado granjas familiares, se debe esperar una normalización en los mercados.
Lo que sí ha supuesto la nueva normativa sobre el bienestar animal y sin posibilidad de dar marcha atrás,ha sido un adelgazamiento de un sector que estaba colocando un 20% en los mercados exteriores. El aumento de los costes de producción hacen inviable para el futuro la comercialización de huevos en terceros países.Se reducirán las exportaciones que hoy eran fundamentales para mantener la actividad.Es negativo que la normativa sobre bienestar animal suponga perder mercados,Pero, sería inaceptable para el sector que la misma supusiera dejar la puerta abierta para que las importaciones de huevos sin los mismos controles comunitarios cubrieran un deficit interno tanto para consumo directo como para la industria.El sector agrario , en este caso el de los huevos, tendrá futuro si se aplican para las importaciones las mismas reglas de juego que a los agricultores y ganaderos comunitarios