Los pocos miles de ganaderos de vacuno de leche que quedan en el país, unos 20.000 frente a los 100.000 de hace una década, andan con el agua al cuello, tanto por la escalada de los precios de los piensos a una media de 0,35 euros, como por la bajada de los precios de la leche. Frente a unas cotizaciones más o menos estables desde enero y al borde de la rentabilidad en una media de 0,33 euros litro, los últimos tiempos han pintado bastos con caídas de precios a una media de 0,30 euros y con cifras inferiores en las principales zonas de producción como Galicia. Esta caída de los precios se suele agravar tradicionalmente en los meses de primavera cuando se produce un aumento en la oferta en España y, sobre todo en el resto de los países comunitarios donde los excedentes se multiplican. La situación de excedentes en España tiene de especial que se produce en un país con una cuota de producción, en este momento, de 6,4 millones de toneladas frente a una demanda de unos nueve millones de toneladas, mientras Alemania tiene una cuota de producción de 30 millones o los 26 millones de Francia, cifras elevadas por mucha leche que beban o queso que coman. Somos gravemente deficitarios “por mandato comunitario” .Se trata de una situación que viene de lejos, desde el mismo momento del ingreso en la CEE cuando asignaron a España una cuota de solamente 4,5 millones de toneladas para venta a las industrias, lo que suponía ya dejar la puerta abierta para que los grandes países productores colocaran aquí sus sobrantes y tuvieran a España como un vertedero, aunque no sea mala leche. Eso hace que hoy se importen unas 400.000 toneladas de leche, especialmente francesa en envases y sobre todo a granel con cisternas a menos de 0,30 euros litro y queso alemán, equivalente a 2,4 millones de toneladas de leche a 2,90 euros kilo, lo que hace imposible competir a las empresas españolas. Y, no es porque los alemanes o los franceses sean mejores o más eficientes, aunque a veces lo sean, sino simplemente porque, al disponer de elevados excedentes, pueden adquirir a los ganaderos una parte de su leche a precios elevados y otra a precios bajos lo cual les permite ser los más competitivos con esos productos. Otra causa de la situación de los bajos precios al ganadero se halla en el peso de la gran distribución, la marca blanca barata que supone casi el 70% de las ventas frente a las marcas caras de fabricante, porcentaje al que se sumarían las marcas a primer precio bajo marca de algún industrial que no llegan a los 0,50 euros. En esta jungla de la distribución en España, hay un dato significativo que refleja, no se sabe muy bien, si el peso de las industrias en cada país o el temor o respeto de la gran distribución a los ganaderos. La realidad es que grandes grupos de distribución afincados en España y en Francia, en el país vecino venden la marca blanca a precios elevados, mientras en España los tiran por tierra y hasta dan la imagen de estar vendiendo a pérdidas.
Con este escenario a la vista, no parece fácil un salida o un futuro para las explotaciones ganaderas, aunque a partir de otoño sea ya obligatoria la firma de contratos entre ganaderos y compradores, que no se pueda entregar leche sin saber el precio o que se vaya a clarificar la cadena alimentaria donde la gran distribución está haciendo la capa un sayo en materia de márgenes o de ventas a pérdidas con los silencios de Competencia. La leche lo tiene negro.