El sector agrario no ha tenido mucha suerte con los ministros. Agricultura ha sido un departamento utilizado generalmente como una especie de comodín para equilibrios entre las diferentes corrientes de un partido, el peso de las comunidades autónomas o las políticas de igualdad. Es la crónica de los años desde la transición.
Tras unos ministros de trámite en Agricultura como Virgilio Oñate y Fernando Abril, Jaime Lamo, sería el primero y fue la casi única excepción de un hombre educado para ministro. Sabía lo que tenía entre manos, no obstante hizo su carrera en el viejo FORPPA, organismo hoy equivalente al FEGA, las tripas y la cocina del Ministerio, y se le puede recordar por un trabajo ordenado y avances importantes en materia de legislación, mientras funcionó UCD. Tras él, los ministros no existieron, José Luis Alvarez, un notario que no supo dónde había caído y Garcia Ferrero, funcionario, que sólo tomó el cargo para entregárselo a los socialistas.
En la primera etapa socialista, Carlos Romero protagonizó el periodo más largo, una década perdida, donde dedicó más tiempo a controlar las organizaciones y siglas de propios y extraños, que a la ejecución de una política agraria para preparar al sector ante el ingreso en la UE y posteriormente para aplicar las duras exigencias de entrada. Tras él, ministros de transición. Pedro Solbes que llegó de paso, puso un poco de orden a la no gestión de Romero y le faltó tiempo para saltar a Economía. Vicente Albero, del club de los valencianos en su intento hacia La Moncloa, tenía recorrido como gestor, pero dimitió antes de tiempo pillado por intereses no declarados en un grupo bodeguero. Todo lo contrario de lo que hizo Luis Atienza, que llegó con la imagen del mochilero apoyando marchas por montes y cañadas, que conoció en el Ministerio de los contenciosos entre Freixenet y Codorniu, para acabar montando una bodega con el consejero delegado de Freixenet en Cataluña, antes de enchufarse a Red Eléctrica. Su mandato estuvo dominado por la sequía y los grandes incendios e intentó retomar el desarrollo legislativo, sobre todo con le ley de Modernización de Explotaciones y el Plan de Regadíos.
Con los populares, Loyola de Palacio, fiel a su carácter, llegó con voluntad y ganas de pelear en Bruselas logrando algunas mejoras en diferentes reformas como en el aceite de oliva y vendió una imagen de mujer eficaz por encima de la realidad. Aterrizó y fue un ministro de paso Jesús Posada, aunque, con su talante de diálogo, logró un difícil acuerdo para el reparto de cuotas lácteas, para acabar con un Arias Cañete en esa su primera etapa que llegaba como invitado.
Si las primeras legislaturas con los socialistas habían sido negativas para el sector agrario, las segundas no desmerecieron, fueron a más. Frente a otras opciones internas, Zapatero apostó por el ministerio comodín para compromisos más autonómicos que de igualdad, primero con la gallega Elena Espinosa y finalmente con Rosa Aguilar, como andaluza. La primera dedicó horas, dejó trabajar, pero no hay nada de calado para recordar su paso por Atocha. La segunda, mejor no recordarlo.
Los populares han vuelto de la mano de Arias Cañete. Suele decirse que segundas partes nunca fueron buenas. A veces los dichos, afortunadamente, tampoco se cumplen. Ha vuelto con ganas. Sabe lo que es el Ministerio, el sector agrario, la Administración y se maneja como pez en el agua en los espacios comunitarios. Hasta la fecha está demostrando sensibilidad por la cosa agraria. De entrada mantuvo a una parte importante del equipo anterior, cosa que no hizo Rosa Aguilar,al margen del carné de partido, apostando por la eficiencia. Hasta la fecha, los resultados en las negociaciones en Bruselas para la reforma de la PAC se pueden calificar de positivas a la vista del escenario de crisis, aunque ahora le toca la compleja negociación de su aplicación en España donde va a necesitar de mucho talante para lograr acuerdos con comunidades autónomas y organizaciones agrarias. Quiere demostrar que se puede hacer política agraria sin grandes recursos, como toca en épocas de crisis y puede ser recordado si de verdad logra aprobar y, sobre todo aplicar, disposiciones como la ley de la cadena alimentaria, eliminar de los lineales leches o aceites como productos de oferta y la integración cooperativa, demandas históricas y claves para el sector agrario y alimentario.Toca esperar.
Hay 3 Comentarios
¿Van a eliminar de los lineales leches y aceites como productos de oferta? Pero si ya estamos muy achuchaos, por favor, no nos toque lo básico. Suba el precio de los lujos que se pagan el Sr. Cañete y su casta, como cacerías, autos de gran cilindrada, caviar, licores espirituosos nobles, joyas y tantas y tantas cosas que no nos podremos permitir nunca los que nos preocupamos por el precio del aceite y de la leche. Por otro lado, Arias Cañete demostró en su día no valer mucho como ministro de Agricultura, así que de momento yo no le voy a dar mi confianza.
Publicado por: Jose | 07/03/2013 20:30:52
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Publicado por: Serpico | 06/03/2013 10:13:53