Alimentos, los análisis comparativos

Por: | 23 de junio de 2013

 

La Ley para la Mejora de  la Cadena  Alimentaria, actualmente en su última fase de tramitación en el Parlamento, constituye una de las piezas clave en la política agraria y alimentaria de esta legislatura por la que se trata de instaurar un equilibrio en todas las partes que participan en el proceso  de formación de los precios desde que sale un producto del campo hasta su venta al consumidor. La existencia actual de graves desajustes, y la decisión de Agricultura de establecer un nuevo orden, hacen que se trate de una disposición sobre la que han tratado y siguen queriendo meter pluma todas las partes, sobre todo las que pueden perder parte de su actual posición de dominio.

Dentro de la redacción de esa disposición, había un aspecto también relacionado con los productos alimentarios que inicialmente había escapado al interés de los redactores de ese proyecto de ley: los sistemas para la realización de los análisis comparativos y las valoraciones que generalmente suelen hacer organizaciones de consumidores o algunos de los grandes grupos de la distribución. Quienes nos dicen, con una puntuación del uno al diez, qué leche, aceite o zumo es el mejor y el más indicado para el consumidor.

En  los últimos tiempos cabría destacar algunos estudios comparativos llevados a cabo por el grupo Eroski  y, sobre todo, los ranking sobre calidad de algunos productos base en la cesta de la compra elaborados por la OCU. Algunos de estos análisis sorprendieron a la Administración y pusieron en pie a la industria alimentaria de la leche o el aceite, por considerar que los mismos se habían hecho sin respetar los protocolos existentes sobre este tipo de actuaciones y sin haber tenido capacidad de defensa cuando estaba en juego su marca y hasta su empresa.

Recogiendo ese malestar entre los industriales, Agricultura asumió la introducción de una disposición adicional en el proyecto de ley por la que simplemente se contemplan cuatro exigencias mínimas: Primera, que cuando se hagan este tipo de análisis comparativos sobre los productos alimenticios, cuyos resultados se destinen a su difusión al consumidor, se observen los principios de veracidad, rigor técnico y analítico y contradictorio respetando todas las garantías en materia de análisis. Segundo, que los análisis sean realizados por laboratorios con una acreditación equivalente a la exigida a los laboratorios autorizados en el control de alimentos. Tercera, que una vez obtenido el resultado, el mismo se le comunique al fabricante con la posibilidad de un análisis contradictorio y, en caso de discrepancias, de un tercer análisis dirimente y,  en cuarto lugar, que esos estudios no puedan inducir a error al consumidor sobre  la calidad y seguridad de los productos analizados.

Estas exigencias básicas han sido motivo de rechazo por parte de organizaciones de consumidores que han querido ver en las mismas un golpe bajo a los derechos de los consumidores y a la posibilidad de seguir haciendo ese tipo de análisis comparativos. Y, deben ser muchos los intereses que encierran los mismos como para que hayan abierto un frente en los debates parlamentarios contra esa disposición adicional con el respaldo de personas ligadas, tanto a la OCU como al propio Partido Popular.

Es bueno que organizaciones de consumidores nos defiendan a la hora de proteger la calidad y seguridad de los productos alimentarios. Pero, cuando hablamos de análisis comparativos, cuando desde una organización de consumidores o de un grupo de distribución, aún más, se hacen este tipo de análisis donde se juega con el prestigio, la imagen, el fondo de comercio  o la cuota de mercado de una marca, es indispensable afinar los análisis, tener el máximo rigor a la hora de tomar las muestras, considerar por ejemplo, el tiempo que ha estados cada botella o brik de aceite o leche en los lineales desde su fabricación, las condiciones de cada una en su exposición a la luz,etc. En algunos de los análisis comparativos  más recientes, se daba la circunstancia de que en leches o aceites fabricados por una misma empresa para un grupo de distribución, tenía una valoración superior a la leche con la marca blanca de ese grupo, que la envasada con la marca de referencia de esa empresa. En base a esas valoraciones, hubo marcas que aumentaron sensiblemente las ventas mientras otras las perdieron.

A los consumidores es preciso garantizarles la seguridad alimentaria y eso es algo de lo que se ocupan o deben ocupar las administraciones, cosa que podemos decir, se cumple en líneas generales. Para quienes realizan los análisis comparativos donde se pone o se puede poner en juego la imagen de una marca, es indispensable que los mismos se hagan con todo el rigor; que las tomas de muestras sean correctas y uniformes, leches o aceites con el mismo periodo de fabricación,  por ejemplo; que los análisis se lleven a cabo en laboratorios con capacidad para hacerlos y que, antes de dar publicidad a  los resultados, se hayan dado todas las posibilidad de análisis y contra análisis a las empresas afectadas, sin sugerir anuncios de publicidad para sus publicaciones o bajadas de precios para seguir vendiendo en un grupo de distribución. Los análisis comparativos, en resumen, no pueden ser una amenaza contra una industria sin que haya habido un proceso adecuado de toma de muestras y análisis y convertirse simplemente en una palestra para la promoción de una organización ante sus afiliados consumidores.

Hacer un ranking de marcas sobre la calidad de unos productos donde, además de su composición, entran en juego otros factores subjetivos  y particulares como el gusto, el olfato etc... de cada consumidor, es un ejercicio muy periodístico, pero a la vez corre el riesgo de ser injusto e irreal. La nueva ley no los va a prohibir; simplemente los va a regular para que cualquier organización pueda hacer un análisis comparativo en aras defender a los consumidores o justificar también su existencia ante los mismos, pero donde también se defienda el interés de la industria alimentaria frente al riesgo de atropellos y  perjuicios que se  puedan causar a marcas o empresa, como ya sucedió en el pasado.

Hay 6 Comentarios

Completamente de acuerdo, también.
Gracias

Si se demuestra que una organización de consumidores ha hecho un análisis de forma incorrecta,, sin la calidad requerida y sin los medios adecuados que se querellen contra ella, pero no se puede impedir que los consumidores nos enteremos de lo que pretenden colarnos, y eso es a base de análisis independiente. Lo contrario es dejarnos a los consumidores indefensos.

Totalmente de acuerdo

Creo que los consumidores estamos bastante indefensos ante el fraude alimentario y todo lo que sea añadir luz sobre los procesos y calidades es bueno para nosotros. Llegará un momento que no nos podamos fiar de nada que haya pasado por un proceso de transformación.

Hoy en Cocinar con.Ciencia: Arroz negro con chipirones:

http://cocinarconciencia.blogspot.com.es/2013/06/arroz-negro-con-chipirones-y-mayonesa.html

Totalmente de acuerdo con lo dicho por @Luis. Nadie se opone a que la industria alimentaria pueda presentar los resultados de sus contraanálisis. Y que al final haya un tercer análisis dirimente. Pero lo que no se puede hacer es coartarlo e impedir que se hagan públicos dichos análisis hasta que esté realizado el tercer análisis (puesto que los análisis de la industria probablemente siempre saldrán favorables a sus intereses, aunque deberían ser públicos y llevar la firma del laboratorio que los ha realizado).

Si no hubiese sido por las Organizaciones de Consumidores, nada sabríamos sobre publicidades engañosas de las grandes marcas y sectores alimentarios tantas veces asociados a conceptos de salud que finalmente han tenido que ser retirados, ni de los excesos de sal, glutamatos, grasas, lácteos, azúcar, etc en multitud de preparados aimenticios. Porque no es a Vd, o a El País a los que hemos oído hablar de eso a lo largo de su ya dilatada historia.

Si se siguiese su argumento para otros temas, El País no debería haber sacado los papeles de Bárcenas sin hablar primero con el PP, realizar un peritaje contradictorio con peritos contrastados, etc.. Y no digamos ya del caso wikileaks, del que tanto se ufanaron.

Su tesis, lisa y llanamente se carga la libertad de expresión. Es así de simple. La industria alimentaria, como Vd. sabe perfectamente, ya se encarga de tener sus propios institutos de estudios y sus propios peritos para vendernos las bondades de sus productos. Los consumidores tenemos a las Organizaciones de Consumidores precisamente como análisis contradictorios a tanta publicidad engañosa y a tanto estudio interesado.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal