Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

Cañete, la leche y la gran distribución

Por: | 17 de septiembre de 2013

A partir de este mes, los consumidores que acudan a los grandes grupos de distribución podrán encontrar en los lineales leche con el logotipo y la leyenda Productos Lácteos Sostenibles (PLS) tras el acuerdo suscrito en su día entre Agricultura, las industrias y la gran distribución.

La existencia de esa leyenda y logotipo aseguran al consumidor que el contenido de ese envase es solamente leche española, que ha sido adquirida a un ganadero ubicado en España bajo contrato con la industria  y que, por la misma se ha pagado un precio suficiente que compense la actividad de los ganaderos. Sobre el papel, todo un compendio de condiciones en la defensa del sector lácteo nacional tras años de sufrir bajos precios, por debajo de los costes de producción, y que han dado lugar a un abandono masivo de ganaderos, a una producción que no cubría la cuota de 6,3 millones de toneladas y menos a una demanda de nueve millones, que se completaba con leche barata importada desde otros países comunitarios y muy especialmente desde Francia.

 Es justo reconocer el interés del ministro Arias Cañete para forzar acuerdos con industriales y la gran distribución para conseguir que la misma deje de tener la leche como un producto reclamo barato para la cesta de la compra; que en ese punto final de la cadena se le quite valor y se banalice el producto con unos precios del envase por debajo de un litro de agua.Una estrategia comercial que al final se ha  trasladado a unos precios de ruina para los productores que pagaban también los platos rotos de las industrias. En este objetivo, el ministro suscribía un protocolo hace ahora justamente un año con industriales y la gran distribución; repetía la puesta en escena el pasado mes de febrero con los mismos objetivos e interlocutores,  y ahora acaba de concluir todo ese trabajo con la puesta en marcha de ese logotipo  con las exigencias que deben cumplir los industriales y la gran distribución.

Yendo por delante esa valoración positiva de las intenciones de Arias Cañete para corregir esas prácticas de la gran distribución, algo que hasta la fecha no había intentado ningún ministro, hay valoraciones oficiales que han ido más lejos de lo que realmente son estos acuerdos y dudas sobre la eficacia de los mismos.

 En primer lugar, la actual subida de los precios de la leche responde única y exclusivamente a una caída en la oferta nacional y comunitaria, sin que en ello hayan jugado hasta la fecha un papel los protocolos y los convenios suscritos en los últimos doce meses con industriales y la gran distribución. Y más que  medallas, era más lógico entonar responsabilidades por haber dejado caer tan bajo a este sector, que la cosa no es de ayer.

Segundo, se trata de unos compromisos voluntarios por los que se exige que sea leche nacional, comprada bajo contrato y a un precio llamado justo. ¿Quién va a vigilar ese proceso para garantizar que todo eso se cumple? ¿Cuando una empresa importa una cuba  de leche de Portugal o Francia, la va a transformar aparte?. ¿Cuál es ese precio justo? ¿El medio de coste, 0,35-037 al ganadero en una PAC donde no hay ni puede haber precios mínimos de compra?

Tercero, la política de contratos no presupone que los acuerdos sobre precios sean a una cifra justa en cuanto las negociaciones han seguido dominadas por el mayor poder de las industrias frente a los ganaderos sin organizar, mientras Agricultura negaba  coyunturalmente la figura de un mediador para dar un mayor equilibrio a las negociaciones.

Cuarto.¿Se puede esperar que una gran distribución cumpla por un convenio,  al que se adhiere voluntariamente, lo que no ha cumplido en los tiempos anteriores, como por ejemplo, la venta prohibida a pérdidas por ley?. En los doce meses pasados, con un protocolo en vigor, la mayor parte de la gran distribución siguió vendiendo leche a precios de oferta, imposibles de justificar.

Quinto, para evitar la venta a pérdidas o la banalización de un producto, no hacía falta un convenio de adhesión voluntaria y bastaba que la Administración, Economía, hubiera aplicado la ley por la que se prohíben este tipo de prácticas.

Dicho todo esto, sin triunfalismos, es bueno que Agricultura siga metiendo de verdad, o al menos lo intente, el dedo en el ojo de esa cadena alimentaria, de esa gran distribución.Hay que elaborar los reglamentos de la Ley, para evitar que, con sus políticas de precios bajos, sigan destruyendo tejido industrial y agrario; que lo de la leche sea un éxito y que ese mismo proceso se pueda repetir con el aceite, el conejo, con los pollos que han sufrido o sufren  los efectos de  esos posibles pactos de la gran distribución y que están obligando a cerrar granjas o almazaras...

 

 

 

Agujeros negros en el sector agrario

Por: | 06 de septiembre de 2013

 Con una Política Agrícola Común que asegura unos fondos aceptables hasta el año 2020, aunque la misma mantenga importantes agravios en la distribución de los mismos con pasivos que perciben importantes ayudas, mientras otros en activo no reciben un euro, este año el atoño se presenta como un tiempo de negociaciones y no de movilizaciones para el sector agrario

Ha sido un gran campaña cerealista y ello amortigua la importante caída de los precios. Se espera otra gran vendimia y también la posibilidad de un recorte en las elevadas cotizaciones de la campaña anterior. Las previsiones también son buenas en el sector olivarero donde los precios pueden apuntarse a la estabilidad. Los volúmenes calman el malestar por la rebaja de los precios. Va bien el mercado del vacuno por unas exportaciones que también están tirando algo del ovino; funciona el porcino; siguen subiendo los precios de la leche por la falta de oferta.no por ninguna medida política y el  borròn principal se concreta en la avicultura bajo la presión de los grandes grupos de la distribución para mantener productos reclamo de oferta.

El conjunto del sector productor, al margen  de las condiciones climatológicas favorables de los últimos meses, ha hecho y mantiene un gran esfuerzo para mejorar estructuras productivas, para obtener más rendimientos. Sin embargo, el sector agrario se sigue enfrentando a otros muchos problemas como el minifundismo, la falta de organización para operar en los mercados, el envejecimiento de la población activa, la falta de relevo generacional, un medio rural con servicios cada vez más deficientes y, sobre todo, a uno que está galopando con mayor fuerza en los últimos años: el incremento desmedido de los costes de producción que amenazan con comerse toda posible rentabilidad de las explotaciones  a poco que vengan mal dadas las producciones.

Hay una serie de cifras de los últimos años que son clarificadores sobre la gravedad del problema.

Según algunos datos elaborados por COAG, sólo en los últimos cinco años, los costes de producción han pasado de suponer el 81,3% de la renta agraria, a significar en 2012  el 93,5%. Pero hay más. Según los  datos de Agricultura, los consumos intermedios en la actividad  agraria suponían en la década de los noventa una tercera parte del valor de la Producción Final Agraria. En los primeros años de la década de  2000 llegaron a suponer hasta el 65%, para situarse en los dos primeros años de esta década en algo más del 51%, con subidas que UPA califica como injustificadas e incontroladas, fundamentalmente en piensos y sobre todo en los fertilizantes, donde una empresa, Fertiberia, tiene una clara posición de dominio en los mercado  o la energía controlada por pocos grupos que desde los socialistas vienen bloqueando una normativa adecuada sobre riegos, con el visto bueno de la Administración.

Se trata de una situación que no se ha producido de golpe y, no sólo en el mercado español, sino que ya viene coleando y es motivo de preocupación en el conjunto de la Unión Europea. En 2011, el Parlamento Europeo elaboraba el “informe  José Bové” por el que se denunciaba esta situación reclamando otra política para impedir que los costes de producción no acabaran con la actividad agraria y donde destacaba el hecho de que solo seis grupos de agroquímicos controlasen el 85% del mercado y tres  empresa de semillas  el 45%.

En el caso español, ya no es solo la imposición de precios de compra de medios de producción, sino también la inexistencia de un sector organizado para defender mejor sus intereses a la horade vender sus  producciones. En estos meses, los viticultores entregan su uva sabiendo el precio que van a percibir por kilo y grado, pero es lamentable que decenas de miles de cerealistas sigan entregando sus cosechas a los operadores de zona sin precio, “a como  esté” y que adquieran el abono para la próxima sementera a  esos mismos operadores,  “a como me lo pongan”. En otras palabras, todo ello supone que el sector agrario ha hecho un importante esfuerzo para producir más, pero que pone la gestión de sus cosechas y de sus intereses de sus rentas en manos de unos operadores a los que critica permanentemente.

Tiene el gobierno una importante responsabilidad para vigilar el comportamiento de los monopolios o grandes grupos que operan en la venta de medios de producción, donde en Competencia se han aparcado muchas denuncias del sector agrario, y también contra los posibles pactos de precios o reparto de zonas de influencia de quienes adquieren los productos agrarios, espacio donde ahora se han incorporado los grandes grupos de la distribución imponiendo precios sin tener con cuenta los costes mínimos del agricultores o  ganaderos. Pero, en todo este escenario, no puede quedarse  sin su responsabilidad el propio sector para operar y hacer más demostración de su fuerza desde la  información y la organización en una línea de  acuerdos con proveedores, como hoy está desarrollando  la organización agraria Asaja o para la venta más organizada

Hasta la fecha, el sector agrario se ha movilizado generalmente contra las Administraciones. No estaría de más que, llegados a este punto, también se movilizara contra sí mismo poniendo en valor todo el peso que tiene su actividad, tanto en sus necesidades de compra como para sus ventas y dieran un toque a una sociedad a la que aportan alimentación y el mantenimiento del territorio sin ningún tipo de reconocimiento real.

 

El País

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