Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

Industria apedrea al sector agrario

Por: | 25 de febrero de 2014

Hace unas fechas, los ganaderos de porcino y hoy salen a la calle los regantes en contra las políticas del Ministerio de Industria respaldando los intereses de las compañías eléctricas y en defensa de  la viabilidad de sus explotaciones. Se trata de unas protestas anunciadas que vienen de lejos, hace unos meses, en el caso de los ganaderos, y varios años en relación con los regantes, sin que, hasta la fecha, haya servido para mucho la mediación de los hombres de Atocha que están más cerca de los planteamientos del sector agrario.

Los ganaderos se hallan con el agua al cuello ante la propuesta oficial para seguir rebajando la retribución a la energía producida por las plantas de cogeneración en base a la utilización de los purines de las granjas, que desde 2012 habían pasado de 160 euros Mw a 136 en el segundo semestre de 2013 y que ahora caería  hasta los 83,9 euros. Con esta  retribución, mantener la actividad de las plantas, sin cargar más costes  a los ganaderos, arrojaría pérdidas y la Administración solamente deja abiertas dos salidas: por un lado, gravar más los costes a los granjeros, lo que supondría perder competitividad. Por otra parte, cerrar las plantas,algo que provocaría un grave problema de excedentes de purines si los ganaderos no disponen de la superficie necesaria para esparcir los mismos sin crear problemas medioambientales peligrosos y que podrían acabar provocando un cierre de granjas. Reducir las retribuciones a las plantas de cogeneración de forma universal, es desconocer la parte  medioambiental y económica que supone la eliminación de los purines, algo que podría tener cabida en el futuro en los planes de desarrollo rural si siguen ganando el pulso las eléctricas. 

”Desde hace meses seguimos utilizando los purines en nuestra planta de cogeneración para producir energía con pérdidas, señalaban responsables de la cooperativa Coren en Galicia, uno de los mayores productores de porcino. Pero no  paramos porque ello supondría el cierre de las explotaciones ganaderas al no poder desprenderse de los purines y las granjas abiertas crearían un grave problema medioambiental.”

Los regantes llevan años luchando para que las eléctricas les rebajen el precio de la parte de potencia en la factura dado que  solamente la utilizan unos meses al año, o la posibilidad de hacer en un mismo ejercicio varios contratos en función de las exigencias de los riegos. Frente a esas demandas, desde que en 2008 se eliminaron las tarifas especiales de riego, todo han sido malas noticias para este colectivo que ha pasado de pagar una factura de 389 millones de euros, a 700 millones con  el importe del término potencia disparado.

  Debe de ser muy fuerte el poder del sector de la energía, cuando esa fue una de las promesas que no pudo cumplir el propio Zapatero y, por lo visto, tampoco le es posible ahora a los populares. Frente a las demandas del sector, Industria respondió con más subida que frena  la competitividad de muchos regadíos.

El porcino es la producción ganadera que ha experimentado en las últimas décadas los mayores niveles de crecimiento, aunque se ha reducido el número de granjas. De los temores por la peste porcina allá por los ochenta y noventa, se ha pasado de una producción de  2, 5 a 3,5  millones de toneladas. España es ya el segundo país productor de la UE; la exportación supone más del 35% de las  ventas, desde los países cercanos a los asiáticos; no dispone, ni dispuso nunca de ayudas PAC; ha  modificado las granjas a su cargo en función de las exigencias sobre bienestar animal y ha hecho un importante esfuerzo para evitar el deterioro del medio ambiente con una distribución responsable de los residuos, los purines, en las superficies de las explotaciones agrícolas o por el empleo de los mismos en las plantas de cogeneración para la producción de energía eléctrica.

El sector de los riegos en España supone aproximadamente el 17% de la superficie de cultivo, pero significa más del 45% del valor de la producción final agraria; es una pieza clave en  la creación de empleo durante todo el año; solamente en frutas y hortalizas supone unas  exportaciones anuales de casi 11.000 millones de euros y  en los últimos años ha hecho un gran esfuerzo inversor en la mejora de  las estructuras de riego para  ganar en eficiencia y ahorro de agua, con unas producciones que en su mayor parte tampoco han dispuesto de ayudas directas.

Al gobierno se le llena la boca cuando habla de los sectores agrarios y alimentarios como motores de las exportaciones, por su capacidad para competir en el exterior donde, casualmente porcino y frutas y hortalizas son  protagonistas de esos éxitos. Pero, al final, ese mismo gobierno pone, o le obligan a poner, palos en las ruedas de los mejores carros.

Solo a los tontos se les ocurre tirar piedras contra su propio tejado. Y, por lo visto, la luz lo ciega casi todo.

Purines, algo más que mierda

Por: | 16 de febrero de 2014

El conjunto del sector agrario, la oposición y hasta los diputados populares de las zonas más ganaderas, andan estos días revueltos por la previsible propuesta de Industria para rebajar las compensaciones a la producción de energía vía las plantas de cogeneración a partir del uso de los purines de las explotaciones porcinas intensivas. Si eso se confirma, habría un problema de rentabilidad de las plantas, sobrecostes para los ganaderos y, previsiblemente, un ajuste de las cabañas. Pero, por debajo, hay algo más:¿Qué hacemos con los purines si no cuadran las cuentas en las plantas de cogeneración?.

Países como Holanda o Dinamarca tuvieron que frenar su expansión en la producción de porcino ante la contaminación provocada por los residuos de las granjas, con alto contenido de nitratos y la no existencia de tierra agrícola suficiente para esparcir los mismos sin afectar negativamente a suelos, ríos  o aguas  subterráneas.

Qué le vamos a hacer. Las granjas de cerdos, más que las de otras cabañas como ovino o vacuno, no dan colonias, sino mucha mierda y orines y una mezcla final de todo ello con restos de comida y agua que se denomina purines y que tiene un elevado poder de fertilización para las superficies de cultivo. Mal utilizados o utilizados de forma abusiva con una elevada concentración, si no se dispone de superficies de terreno, pueden dar lugar problemas para los propios cultivos y provocar problemas de contaminación ambiental en suelos y acuíferos. De los purines proceden esos malos olores que, a veces,  llenan el ambiente cuando estamos en el campo y hay un ganadero con su cisterna esparciendo esas aguas en las tierras. Sucede además que, mientras en los territorios donde hay más superficies de terrenos agrícolas el grado de concentración de granjas es reducido, en otros donde se concentran las mayores  producciones de porcino de engorde, las tierras disponibles para esparcir esos los residuos son más bien reducidas, como sucede en Galicia, algunas provincias catalanas, como Lleida, Murcia o Segovia.

Es posible que, como en otras opciones para la obtención de energías renovables, sea necesaria una revisión de esas compensaciones. Pero con transparencia, con luz y un criterio, que, en el caso de los purines,debería ir más allá de lo puramente económico. A la vista de esas ayudas a las energías alternativas, han proliferado los parques de molinos de viento como un buen negocio para los  fabricantes de las torres y  los propietarios de las superficies donde se instalan. Se han extendido los huertos solares y el negocio de los fabricantes de placas. Han resurgido los cultivos energéticos para biomasa. En lo que afecta a las plantas de cogeneración para la transformación de los purines, a la vista de unas determinadas reglas de juego, se han desarrollado una treintena, con unas inversiones medias superiores a los 20 millones de euros en función de unos censos de las cabañas ganaderas.

No parece lógico que se cambien las reglas a mitad de la partida, primero por los efectos económicos negativos sobre quienes acometieron esas inversiones, en algunos casos, desde sociedades cooperativas ganaderas, como en el caso de Coren que supone con su planta el 60% de la producción en Galicia. Pero, también por el impacto que la medida tendría sobre la propia actividad del sector y los riesgos para el medio ambiente al tener que desparramar por los campos lo que hoy se transforma. Lo mismo que sucede a plantas orujeras en el sector del aceite para eliminar residuos.

En el porcino, tenemos un sector donde se ha producido el mayor proceso de transformación experimentado por una cabaña ganadera en las últimas décadas. De una actividad marcada y arrinconada por la peste en  los años ochenta, se ha pasado a un sector donde España ocupa ya el segundo lugar en la producción  comunitaria, sólo por detrás de Alemania, con una producción que ha pasado de 2,5 a 3,5  millones de toneladas y  donde la exportación al resto de la UE y a terceros  países supone el 35% de  la misma. Este proceso no se ha hecho sin sacrificios y ajustes. El porcino ha sido escenario de un cambio de modelo de producción pasando de docenas de miles de pequeñas granjas a otro marcado por las grandes explotaciones intensivas y los grandes grupos de integración. Para lograr ese crecimiento ha sido indispensable el desarrollo paralelo de salidas para la utilización de los residuos. Esos purines que, en otros  países comunitarios como Holanda o Dinamarca, fueron el motivo para frenar su crecimiento en la producción de porcino por problemas de contaminación y falta de suelo donde esparcir los residuos.

En España no hemos sido ajenos a problemas puntuales en algunas zonas por la concentración excesiva de las granjas cuando los ganaderos esparcen en los campos sus cisternas. Estos problemas se han ido resolviendo, en parte muy importante, por el empleo de esos residuos en las plantas de cogeneración. Hoy, con la rebaja de las  compensaciones a la energía procedente de esas plantas de cogeneración, se daría un duro golpe  las granjas aumentando los costes de producción y, en definitiva, a la posición competitiva de un sector en todos los mercados. Habría un ajuste de cabañas y probablemente el sector se recuperaría del golpe. Pero, sobre todo, se agravaría  el problema de los excedentes de los purines, y se debería plantear qué hacer con millones de metros cúbicos en zonas ya hoy saturadas  que podrían acarrear serios problemas  medioambientales. Los purines son algo más que mierda y potencial energía. Son también una exigencia del medio ambiente.

El campo y la potencia de las eléctricas

Por: | 04 de febrero de 2014

Desde 2008, una de las reivindicaciones más importantes en el conjunto del sector agrario y especialmente entre los regantes, fue el desarrollo de una nueva regulación para fijar el coste de la factura eléctrica tras la eliminación de las tarifas especiales de riego. Durante el mandato de los socialistas, los populares se hartaron de reclamar al gobierno de Zapatero el cumplimiento de su promesa para reestablecer el viejo sistema de la tarifa especial u otra fórmula que, al final, supusiera un ahorro en el coste de la energía. Hoy, al cabo de más de dos años en el poder, son los socialistas quienes acusan a los populares de no modificar ese sistema de tarifas, mientras el PP, lejos de aplicar rebajas prometidas, encarece y agrava aún más los mecanismos denunciados por los agricultores, el concepto de potencia, en relación con la factura eléctrica.

Según las cuentas que hacen los regantes, desde la eliminación de las tarifas especiales de riego en 2008, la factura pagada ha pasado de 389 millones de euros a más de 700 millones, con un incremento superior al 80%, y con un aumento de los costes fijos, los regulados, por encima del mil por cien. Los regantes han planteado a la Administración una serie de demandas como la rebaja del 21% del IVA, como si regar fuera un lujo, a una cifra más reducida del 10%, frente al 7% de Italia. Pero, lo que más preocupa al sector, es tener que pagar un precio alto por el término fijo de potencia contratada durante todo el año, una potencia que debe ser alta dadas las condiciones existentes para la obtención de agua vía pozos a gran profundidad o para su transporte, cuando la misma solamente se utiliza varios meses. Los regantes piden algo tan simple como pagar solamente en término potencia en los periodos de riego, no pagar esa potencia elevada cuando no se utiliza, o la posibilidad de poder firmar al año varios contratos en función de las necesidades de riegos.

Mucha potencia deben tener las compañías de la energía en la Administración para que los populares, no solamente no hayan respondido positivamente a las demandas que se hacen desde el sector agrario, sino que además, hasta la última decisión de hace uno días, hayan seguido incrementando el término potencia en las facturas y vayan a poner el campo en pie en las próximas semanas. Cabe señalar que los riegos suponen en España 3,5 millones de hectáreas, solo el 15% de la superficie agraria, pero que representa más del 50% de la Producción Final Agraria ya que son una pieza clave en las producciones más importantes. Además el coste del término potencia afecta, no solamente a los riegos, por ser una actividad de temporada, sino también a otras industrias que operan fundamentalmente varios meses al año, como podrían ser las más de un millar de almazaras en época de molturación o bodegas en el periodo de vendimia.

Se ha dicho históricamente que el sector agrario, desde los grandes a los pequeños empresarios, es un vivero de votos para la derecha. No debe de serlo tanto cuando la Administración popular está prácticamente dejando secos esos viveros de afines o creen sus políticos que esos plantones de agricultores tienen raíces para aguantar sin agua…

El País

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