Arias Cañete, fin de la segunda parte

Por: | 22 de abril de 2014

 El ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, pasa sus últimos días en la sede de Atocha en lo que ha sido su segunda parte, antes de iniciar su campaña para las elecciones al Parlamento Europeo. Dos años y pico no son un periodo excesivamente largo como para marcar el desarrollo de una política agraria donde las actuaciones suelen tener un efecto a medio y  largo plazo. Sin embargo, partiendo de lo que había sido política agraria en los años precedentes, especialmente en la última etapa de Rosa Aguilar, se podría hablar de un periodo, en líneas generales positivo, donde se han puestos en marcha algunas  bases, pero se trata de un proyecto de política agraria que necesita continuidad.

El presidente de Gobierno optó en su día por Arias Cañete, en contra del dicho de que segundas partes nunca fueron buenas, por tratarse de una persona conocedora del sector y preparada para abordar la política agraria desde lo que, en ese momento, era lo más importante, como las negociaciones en Bruselas. Agricultura no debería volver a ser ese comodín al que acuden presidentes de gobierno para colocar barones o buscar equilibrios de partido o regionales.

Uno de los aciertos de Arias Cañete al frente de Agricultura fue construir un equipo desde la profesionalidad, contando con incorporaciones  y manteniendo a altos cargos de la etapa anterior socialista y que incluso había relegado la propia Rosa Aguilar.

En la política agraria de los últimos dos años, un hecho clave, por lo que  suponía marcar el futuro, ha sido la aprobación de la reforma de la Política Agrícola Común. No es momento para hacer un análisis a fondo de la misma. El balance se puede resumir,sin embargo, en pocas palabras: positivo al mantener los recursos del periodo anterior, dada la coyuntura económica en la UE, aunque no contempla el efecto negativo de una inflación del 12% prevista para el periodo 2014 a 2020.

Respondiendo a la obsesión del ministro de no transferencias importantes de fondos entre territorios, cultivos o explotaciones, la aplicación de la reforma ha estado presidida por una política de estabilidad a la que también se apuntaron,sin dudarlo, mayor parte de las Comunidades Autónomas que se sentían beneficiadas por esa filosofía de reparto. Eso supone que si uno percibía ayudas importantes, las va a seguir recibiendo y quienes no las cobraban seguirán sin hacerlo, en muchos casos por desarrollar el mismo trabajo, lo cual supone consolidar también muchas injusticias que estaban ligadas a los derechos históricos. Aunque el problema radicaba en ver a quién quitaban unos fondos para entregárselos a otros, se perdió una ocasión para hacer ajustes.

Se puede considerar correcta la definición de actividad agraria para evitar abandonos subvencionados y una amplia gama de picaresca, pero no  ha sidso suficiente la definición de activo a la hora de acotar a las personas prioritarias para recibir las ayudas al contemplar que puedan ser consideradas como tales las explotaciones donde solamente el 20% de los ingresos procedan de la venta de sus productos y el 80% de las ayudas PAC. No es la reforma ideal, pero, honestamente, una gran parte del sector la habría firmado frente a los documentos de partida,aunque  hoy se critique.

En política agraria nacional, ha sido importante  la Ley de Integración Cooperativa y la de la Cadena Alimentaria. La integración cooperativa es un viejo reto del que han existido múltiples intentos y donde los avances siguen sin ser los necesarios. No es cosa de regular una y otra vez, sino de convencer e implicar a los agricultores y ganaderos a dar esos pasos. En el caso de la cadena alimentaria, otra de las  grandes demandas del sector, se trata de buscar un mayor equilibrio entre los intereses de la producción, la industria y la distribución, evitando los actuales abusos contra los productores. En esa misma línea de apoyar al sector agrario se hallan los convenios promovidos por Agricultura y suscritos con la industria y la gran distribución para lograr unos precios sostenibles en leche y aceite frente a la banalización de los mismos siempre con precios de oferta. Hasta la fecha, los convenios no han dado los resultados esperados al tratarse de un vicio muy arraigado, pero se ha iniciado un camino que nunca se había intentado.

En el ibérico, hay una nueva disposición para su regulación, simplificando, en parte, la normativa con  la implantación de cuatro colores para que el consumidor pueda  diferenciar cada tipo de producto, rojo, negro, verde y blanco y, se complicó la etiqueta con la exigencia de señalar porcentaje de raza pura de cada pieza. Se eliminó la categoría de cebo de campo que tenía un peso muy reducido y se mantienen las de dehesa, de campo y de granja o de debo. Probablemente no había hecho falta una nueva disposición si hubieran funcionado correctamente los controles sobre el etiquetado al consumidor y evitar el fraude.

En marcha está la ley de Calidad Alimentaria para tratar de unificar normas en todo el territorio estatal;  una nueva  ley de Arrendamientos Rústicos por la que se pretende dar una mayor movilidad a la tierra. Este objetivo se quiere lograr dando una mayor seguridad a los propietarios para arrendar sus tierras, que las pueden recuperar antes, rebajando el periodo de arrendamiento mínimo de cinco a tres años, pero dejando libertada a las partes para fijar plazos superiores; una disposición para realizar en el campo una consulta electoral para  medir la representatividad de cada sigla de cara a ocupar los puestos en el Consejo Agrario, la distribución de subvenciones y el patrimonio de las viejas Cámaras Agrarias. Hay oposición en el sector a una consulta que no se hace en la industria para ver si Ceoe o Cepyme son representativas de cara a su acceso a las ayudas y se deben negociar cómo se desarrolla el proceso para  fijar condiciones de quién es votante. Las organizaciones agrarias no están para gastar un duro que no tienen. Finalmente, entre otras actuaciones se hallan los trabajos para acelerar la aprobación de los planes de cuenca previos a nueva política de regadíos y para la diversificación de la economía rural

Entre los ministros de Agricultura habidos en los últimos tiempos, se puede decir que Arias Cañete ha sido el único con un cierto peso en su partido y en el propio gobierno, lo cual era un dato positivo a la hora de  defender intereses agrarios. Pero, por lo visto, hay cosas que, al parecer, son intocables. Agricultura no ha podido frente a los intereses de las eléctricas en Industria para modificar las condiciones de las tarifas eléctricas en  los regadíos y Economía sigue sin aplicar la ley de Comercio minorista para meter mano a la distribución en  las ventas a pérdidas y tirando los precios de productos agrarios, mientras el gobierno lleva un tiempo además desmantelando lo poco que quedaba para hacer mínimamente atractivo el mundo rural.

A modo de balance, se podría decir que Cañete ha cumplido en Bruselas con la reforma de la PAC, pero hay cuestiones pendientes  y muchas en  sectores  como aceite-precios almacenamiento, leche-fin de cuotas, frutas y hortalizas-mercados en terceos países, azúcar-cuotas, vino -derechos, mientras aquí ha movido las hojas, no la raíces, de una política agraria que venía de la enfermería. Era fácil dar esa sensación de  movimiento. Cañete no ha sido lo peor que le podía pasar al campo.El sector espera que la persona  que llegu sepa lo que tiene entre manos

 

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ARIAS CAÑETE A TOMAR POR CULETE QUE ES LO QUE TE GUSTA

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Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

Sobre el autor

Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

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