Crisis en el vino, beber y exportar más o producir menos

Por: | 15 de junio de 2014

 A menos de tres meses para el inicio de la vendimia, han saltado las alarmas en el sector del vino ante el aumento de las existencias en las bodegas, fundamentalmente en la comunidad castellano manchega, con un volumen a nivel estatal de 33,9  millones de hectolitros frente a los 27,9 millones de la campaña anterior. Todo parece indicar que nos hallamos ante una campaña que estará marcada por las reivindicaciones, las protestas y los conflictos, simplemente porque puede faltar espacio donde almacenar la producción, al margen ya de las bajadas de precios.

 Hace un año, consecuencia de una cosecha excepcional de 53 millones de hectolitros, condiciones climatológicas favorables, un golpe de calor que acortó el periodo de vendimia, junto a la generalización de sistemas de recolección mecanizada, hubo problemas para entregar la uva, largas colas, simplemente porque las bodegas no daban abasto para recibir y molturar tanta uva en pocos días. Este año, aunque la cosecha no será tan elevada como la campaña anterior, la producción se presenta igualmente alta, pero con un problema añadido. Ya no es que las bodegas no tengan capacidad de trabajo para recibir toda la uva en unos pocos días, sino que no dispongan de capacidad para almacenar todo el nuevo vino que se obtenga al tener los depósitos llenos y sin que se esperen salidas milagrosas.

Organizaciones agrarias y, especialmente las cooperativas, que son las que tienen que dar la cara  y afrontar más directamente la situación, andan reclamando a las Administraciones medidas para dar una salida al problema, fundamentalmente con eliminación de existencias, vía ayudas públicas para la destilación y obtención de alcohol, o con más destilaciones de subproductos, algo a lo que se resiste Agricultura.

En relación con la actual crisis en el sector del vino, caben dos consideraciones previas. Primero, que no se trata de una crisis generalizada en el sector, sino un problema que se concentra fundamentalmente en Castilla La Mancha, donde la pasada campaña hubo una producción superior a los 30 millones de hectolitros, frente a una media de 21 millones. Segunda, que no se trata de un problema de coyuntura al que se puede dar una solución de urgencia, sino un problema de fondo, de estructuras, que se ha propiciado en los años precedentes desde las administraciones, pero también desde los propios viticultores con producciones desorbitadas donde el volumen se impuso sobre la calidad.

Y todo tiene su historia. Desde la perspectiva de la producción, la uva  y el vino han sido unos de los sectores que han experimentado en los últimos años una de las mayores transformaciones con un muy importante apoyo financiero comunitario en base a las últimas reformas de la regulación del mercado. Entre 2001 y 2012 se han acometido procesos de reestructuración de viñedos, con cambios de variedades,con el principal objetivo de aumentar los rendimientos, implantación de riegos, viñas en espaldera, etc… sobre cerca de 300.000  hectáreas con un volumen de ayudas de casi 1.700 millones de euros y que han provocado en las zonas de mayor producción cosechas superiores a los 20.000 kilos por hectárea.

 Los arranques subvencionados de 94.000 hectáreas, junto a otras 70.000 hectáreas eliminadas sin ayuda, han supuesto reducir las superficies de viñedo de 1,1 millones a  953.000  hectáreas. Sin embargo, frente a quienes auguraban el cierre del sector cuando se fotografiaban remolques cargados de cepas, la realidad es que las producciones han pasado de medias muy por debajo de los 40 millones de hectolitros, a producciones en el entorno de los 50 millones, 53 en 2013, frente a una demanda interior en vino en caída libre con unos nueve millones de hectolitros, a los que se suman siete millones en mostos y otros tres  o cuatro millones más para otros usos, hasta superar una demanda de los 20 millones. Las exportaciones de hasta 22 millones de hectolitros a bajos precios no han sido suficientes para absorber tanta producción y, lo que podría ser un problema coyuntural de una campaña, se ha convertido en un problema de estructura cuya salida no es sólo un parche de urgencia, quemando vino para alcohol, sino un debate sobre qué sector se quiere para el futuro.

El vino, aunque todavía no funciona la interprofesional y se han desmontado mecanismos de regulación como el almacenamiento o parte de las destilaciones, es uno de los  sectores que disponen de los mayores instrumentos y también de las mayores  ayudas, vía el programa de apoyos  2014 a 2018, con  un  presupuesto anual, este año, de 353  millones y que baja a 210 millones en los próximos años, donde destacan fonos para acciones de promoción, destilación de subproductos, reestructuración e inversiones . Además del Plan, las denominaciones de origen tienen la capacidad para limitar los rendimientos por hectárea. Lo que sin embargo no se puede impedir, caso de Castilla La Mancha, es que miles se viticultores renuncien a los beneficios que pueda aportar una DO y que opten por no calificar esos vinos y tener derecho a producir sin techo.

La Administración no puede esconder el ala ante un problema con corresponsabilidades. Pero, corresponde a los viticultores decidir si optan por producir vino-volumen o vino-calidad . que los precios se paguen en función de la misma. A la hora de optar por grandes producciones de uva por hectárea, es preciso asumir igualmente sus riesgos y las dificultades para su comercialización en el mundo, aunque sea a precios más bajos que los principales competidores como chilenos  o australianos. Hay DO y viticultores que han elegido un modelo de producción controlada en base a la calidad y no tienen problemas. Otros viticultores, otro. Y ese vino, no tiene salida, ni a bajo precio.

 

Hay 2 Comentarios

Resulta poco menos que insultante ver como hay productos españoles, que tienen un precio muy similar a los extranjeros y esto, a pesar de la diferencia de salarios con la Europa Occidental.

Me alegra ver cada vez más opiniones de gente sensata, de dentro y fuera del sector del vino, que optan por la calidad como camino para arreglar los desajustes.
En la linea de prudencia y mesura de tu artículo, y bajo mi modesto punto de vista, todos los actores tienen que ayudar a encontrar salidas creativas, nuevas soluciones para un problema largo tiempo enquistado. La innovación, investigación, los nuevos productos y la calidad deben de ser los vectores de un cambio necesario, no sólo por la coyuntura actual, sino por la obligación de adelantarse a lo que nos depara el clima y por el buen uso de los recursos naturales (principalmente de los acuíferos).
Enhorabuena por el artículo y la responsabilidad que conlleva.

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Trigo Limpio

Sobre el blog

Hablaremos de la política agraria, de los políticos que la ejecutan, de los agricultores y ganaderos que la sufren o disfrutan, de la agricultura y la ganadería, de la agroindustria, el consumo y del mundo rural

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Vidal Maté

Vidal Maté. Soy periodista y pequeño agricultor. Nací y viví pegado al campo y al mundo rural. Aprendí de agroindustria y la distribución para seguir el calvario (ahora se llama cadena alimentaria) que siguen los productos agrarios hasta el consumidor. Dicen que soy un histórico - he visto pasar a todos los ministros - y un tipo crítico. Nunca me he casado con nadie. Defiendo un futuro para el mundo rural. Soy trigo limpio.

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