Hay dogmas que son una risa. La mano invisible, si no fuera por la de veces que se ha utilizado por personas del poder, parece hoy uno de los mayores hazmerreíres de la historia. Esta metáfora, apenas comentada en la obra del economista clásico Adam Smith, se ha forrado de popularidad. Viene a decir que el egoísmo racional, que en la práctica se articula en la competencia, es el responsable de promover un fin común que la intención inicial “desconocía”. Ese fin común sería el motor inmóvil del crecimiento económico. Todo esto sin necesidad de intervención estatal ninguna, aunque ahora veamos más que nunca que la única forma que nos presentan para salvar al mercado de la mano invisible que en realidad lo ahoga, es que el Estado haga de intermediario pagando el interés de los préstamos a los mercados.
Luis de Guindos, 'ahogado' por la 'mano invisible' de Jean-Claude Juncker, presidente del EUROGRUPO
Además, en el modelo neoliberal que nos gobierna se le supone a la mano invisible la capacidad de proteger a los consumidores. Solo que en el día a día vemos que esto funciona más bien mal. O que, quizá, es solo una triquiñuela más para colarnos lo que les dé la gana hacer. Por ejemplo, subidas de tasas y privatización de servicios. Por ejemplo, contratos abusivos.
De los contratos abusivos de los que nos protege la mano invisible hay uno que afecta directamente a Valenbisi. La Fiscalía de Valencia admitió en junio una denuncia de Carmen Barrafón que advertía que en el contrato "solo figuran obligaciones para el cesionario y no para el cedente" y terminaba preguntándose: "¿tiene algún derecho el consumidor frente a Valenbisi?".
El otro ejemplo de la mano invisible en Valenbisi es el de las subidas de tasas y la externalización de servicios. La empresa concesionaria JC Decaux es caso paradigmático de manipular correctamente la idea del dejar hacer: líder mundial en préstamo de bicis públicas, su división de Transportes ganó 874,8 millones de euros (un 12,5% más que en 2011). Mientras, en el mes de mayo el precio del abono anual en el servicio público de préstamo de bicis aumentó un 35%, y un 20% en el abono temporal. Es cierto por una vez lo que comenta el concejal de patrimonio circulación y transporte de Valencia (Alfonso Novo) que el abono no subió el año pasado. Pero, también lo es que el servicio dobla la cantidad de usuarios previstos convirtiendo a la ciudad en un buen negocio y en la primera de España en clientes-usuarios por población total (unos 112.300 abonados al final de junio).
Pero, el ejemplo más claro de la mano invisible en la economía informal del Valenbisi lo vemos cuando la usuaria tipo se dirige a tomar prestado un vehículo en el centro de la ciudad y ¡oh, sorpresa!, no hay bicis disponibles o no hay lugar dónde aparcar. Ya sabemos que Valenbisi se atasca en horas punta (entre semana de 7.30 a 9.00, y de 13.00 a 19.00). También que “no existen ni las instalaciones ni las infraestructuras (carriles bici y aparcabicis) necesarias para absorber 2700 bicicletas de préstamo, más la oleada de ciudadanos que comienzan a utilizar la bicicleta como medio de transporte” como argumenta Biciutat. Si hay un barrio de trabajadores, les harán falta bicicletas a las horas de entrada y salida. Si hay un barrio de concentración de oferta cultural, hará falta bicis ajustadas a los horarios.
Si no debiéramos dejar a la mano invisible la gestión de algo aparentemente poco importante como Valenbisi, si Luis de Guindos, ministro resabiado e hipócrita de campeonato, pide ahora “actuar contra la 'irracionalidad' de los mercados”; ¿por qué nos entregamos al mecanismo perverso de la mano invisible para que gestione las finanzas públicas? ¿Por qué lo hacemos si sabemos que la utopía liberal es un timo?
Fotografía: Gtresonline.
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