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Un asesinato y varias torpezas

Por: | 03 de abril de 2012

1332263384_963627_1332263552_noticia_normalFoto: Trayvon Martin en una imagen proporcionada por la familia. / AP

Todavía no está claro cómo pasará a la historia Trayvon Martin. Este adolescente negro de 17 años murió en Sanford (Miami, Estados Unidos) el 26 de febrero después de que un vigilante voluntario llamado George Zimmerman le disparara en circunstancias crecientemente sospechosas. Según los resultados de la investigación que han pedido sus padres, Martin podría pasar a los anales como símbolo de lo absurdo de la ley Stand your ground, que permite a algunos estadounidenses no ser detenidos aunque usen sus armas sin amenaza, o un icono del racismo en el siglo XXI si es que el color de su piel fue de verdad lo que llevó a Zimmerman a atacarle cuando el chaval salía de comprar golosinas en una tienda. Eso si hay investigación. Si no, puede que se quede como una de esas polémicas magnificadas por los medios de comunicación que se quedan sin resolver y luego se olvidan.

Este fin de semana hubo un buen indicativo del rumbo que estaba tomando la historia: miles de personas se manifestaron en Sanford para exigir la detención de Zimmerman, en una de las protestas populares más comentadas de los últimos años. Hasta que se genere más información, es posible que este sea el recuerdo más vinculado a la memoria de Trayvon Martin.

Si es así, será a pesar de que varios famosos de Estados Unidos hayan puesto de su parte para convertir esta tragedia en la causa sobre la que más tuits desafortunados jamás se hayan escrito.

No sabremos en qué quedara la historia de Martin, pero Twitter no suele tener paciencia para las sombras legales. No es una cuestión de malicia; es que una red social tiende a abarcar más opinión que información. Las opiniones contra Zimmerman llevan semanas volcándose allí como en su día se podrían volcar en un bar las del caso de OJ Simpson o las de Troy Davis. Lo peligroso es que la cantidad de opiniones resulten en un efecto bola de nieve, según el cual hay tanta gente diciendo lo mismo que al final terminan por destacar los más radicales. Pocas veces hemos podido comprobar este efecto como la semana pasada, cuando la mentalidad de rebaño que se ha adelantado a ley y ha juzgado ya a Zimmerman se coló en el discurso de los famosos y se benefició de credibilidad.

Spike-lee-george-zimmerman-bannerEl primero en caer en la trampa fue Spike Lee, el cineasta de la cultura negra por excelencia. A él, como a LeBron James, le llegó un tuit firmado por un tal Marcus Davonne Higgins con la dirección del domicilio de Zimmerman. Se le pedía repercusión. Lee decidió retuitear la información a sus 250.000 seguidores. ¿El problema? Aparte de los peligros de exponer la dirección de una persona ante una masa furiosa, era que ni el misterioso Higgins ni Lee verificaron que el dato que estaban compartiendo fuera correcto. Así, en muy poco tiempo, un matrimonio de septagenarios, el que en realidad residía en esa dirección, empezó a recibió tantas amenazas y tantas llamadas anónimas que han tenido que mudarse a un hotel. Lo mismo, por cierto, lo hizo Roseanne Barr.

Ao4PVF5CEAAvCnH.jpg-largeLuego, una cuenta que parecía ser de Will Smith sentenció, con peligrosa arbitrariedad, que "vivimos en un país en el que una chica que arroja harina a Kim Kardashian es detenida en el acto pero el hombre que MATÓ a Trayvon Martin sigue libre". Efectivamente, una mujer había rociado de harina a la Kardashian cuando esta iba a promocionar su nueva colonia a la salida del London West Hollywood Hotel. Y efectivamente, fue detenida en el acto. Pero no, en Estados Unidos ese acto no es más legal que el de Zimmerman. Y no, @RealWillSmith no pertenecía a Will Smith, sino a un hombre blanco de Tennessee. Todo esto dio igual. Spike Lee, Rosie O'Donnell y otros tantos famosos lo retuitearon alegremente. El tuit, y su contenido, se hicieron virales.

Los famosos más prudentes han provenido del mundo de la música negra. P Diddy, Jamie Foxx o Switzz Bead se limitaron a publicar fotos suyas vestidos con capuchas (la prenda que llevaba Martin antes de morir y que se ha convertido en un símbolo de su causa). Pero, como si fuera necesario compensar este sentido común, Chris Brown se aprovechó de las capuchas para publicar uno de sus tuits más desacertados. Quien propinara aquella histórica paliza a su entonces novia, Rihanna, andaba promocionando las sudaderas que él mismo había diseñado cuando vio su oportunidad...

Como denuncia el blog TheSuperficial: "Es como si, mientras respiraba su último aliento tras recibir el balazo de George Zimmerman, el último pensamiento de Trayvon hubiera sido, 'Tío, espero de verdad que un millonario que pega a las mujeres gane aún más dinero con mi muerte mientras afea mi causa para que no pueda ver mi una pizca de justicia". Es una de las muestras más suaves y socarronas de cómo sentó ese tuit.

Se podría aducir todo esto a la manera en la que Twitter exacerba y globaliza el fenómeno de la mentalidad de rebaño por la que uno se deja llevar por la pasión de los demás al hablar de un tema y se suma a la causa sistemáticamente. Pero eso no es culpa de Twitter.

También podría hablarse a la crudeza con la que la sociedad estadounidense reacciona ante la autocrítica. Pero eso tampoco es culpa de ningún estadounidense en concreto. Tampoco es cosa de que los famosos opinen de temas que les vengan o no en grande (hipérboles como esa que se gastó Mia Farrow -"Las calles de América no son un lugar seguro para un hombre negro"- son clásicos del famoseo comprometido).

La idea que subyace en esta historia, como en otras tantas antes y después de la invención de Twitter, recuerda a aquel aforismo de John F. Kennedy de 1962, cuando declaró que el ser humano "disfruta demasiado a menudo de la comodidad de la opinión sin pasar por la incomodidad del pensamiento".

Hay 4 Comentarios

Muy bien construido este artículo. La arquitectura.

El principal problema es que los gringos no entienden bien el concepto de justicia. Ya se ha visto otras veces que cuando ellos deciden (con ayuda o no de los medios) que alguien es culpable, la "justicia" que piden no es más que castigo. No piden una investigación ni saber la verdad ni confían en los procesos de la misma justicia con la que tanto se llenan la boca porque es civilizada: no, lo que ellos quieren es castigo automático para el "culpable".

Creo que es nuestra falta de humanidad la que permite que un hecho como éste favorezca a Obama en las próximas elecciones o a Chris Brown a vender sudaderas.
En mi opinión, un asesinato es un crimen, y da igual quién sea la víctima y quién el criminal.
Y, aunque carezca de relevancia, lo escribe un chico negro de 21 años que sufre, a su juicio, pequeñas discriminaciones diarias por ser negro.

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Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

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