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Tuitología

Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

Eskup

'Gracias Sara': anatomía y caída de un fenómeno tuitero

Por: | 21 de junio de 2012

Gracias sara
Sara Carbonero, a pie de cancha durante el España-Croacia./ PATRIK STOLLARZ (AFP)

Gracias Sara desapareció hace casi una hora de la lista de trending topics mundiales. Es la primera vez en tres días que en el decálogo de lo más comentado en Twitter en todo el mundo ya no figura ese extraño despliegue de ingenio, mala baba, de ese ejercicio de repetición machacona hasta lo desternillante centrado en la figura de Sara Carbonero como periodista deportiva en la Eurocopa. No es un final cualquiera. Es el de uno de los trending topics más longevos, cansinos, efectivos, polémicos y memorables en la historia del Twitter español.

Nació, como suele ocurrir en la red social, de casualidad, y no fue el lunes 18 durante el partido España-Croacia como se suele decir, sino durante el España-Irlanda del día 14. Su autoría se la disputan al menos dos personas: un cordobés de 32 años, @antonioagredano, y uno de sus amigos de Twitter, @jesusmalaga. Ambos estaban viendo el encuentro y notaron que, en su opinión, Sara Carbonero no decía más que obviedades. Así nació este tuit:

Nada indica que este fuera el que propició el fenómeno, pero es de los más parecidos al trending topic en ciernes y muestra cómo era en su formato embrionario. "No me acuerdo cuál era el comentario en particular [que dijo Carbonero], era algo relacionado con el césped", recuerda hoy Agredano. "Yo fabulé. Me gustó el concepto, ese diálogo y tiré de ahí. No fue una burla de lo que dijo, sino una literaturización de su papel, un diálogo de besugos. Preguntas obvias y respuestas aún más obvias, como diciendo: "Gánate el jornal, Sara, que te voy a preguntar aunque sea del tiempo".

Agredano empezó a jugar con el la idea...

Y al poco, el adictivo sistema de pregunta-respuesta dio una tímida muestra de su potencial viral:

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Wayne rooney
Han pasado meses desde que se publicó y olvidó aquel tuit, pero los problemas han llegado ahora, justo en esta semana en la que su autor, Wayne Rooney, anda ganándole partidos de la Eurocopa a Inglaterra y perdiendo enteros por los pelos injertados quirúrgicamente que ha estrenado hace poco. Por eso, es posible que haya pasado desapercibido el que la autoridad que regula la publicidad en el Reino Unido (The Advertising Standards Authority, ASA) se haya puesto reseñablemente tajante con ese tuit en el que Rooney aderezó un mensaje suyo con un eslogan de Nike sin avisar de que estaba haciendo promoción.

El tuit de la discordia tenía en realidad una apariencia de lo más inocente. Se publicó el día de Año Nuevo y era un ejercicio en optimismo: "Mi propósito: empezar el año como un campeón y terminarlo como un campeón... #makeitcount". Con la salvedad de que eso de #makeitcount era, como bien aclaraba el enlace al que precedía, parte de una campaña publicitaria de Nike. Rooney, patrocinado por esa marca, estaba obligado a colgar ese enlace. Pero también estaba obligado a avisar de que estaba haciendo publicidad, y eso es lo que la ASA ha censurado categóricamente. 

La publicidad encubierta en tuits de famosos son la nueva obsesión de los observatorios anglosajones -la ASA, la Oficina del Comercio Justo británica o la FTC (Fair Trade Comission) estadounidense-, que han visto proliferar estos mensajes en las cuentas de varios deportistas (sobre todo los olímpicos), actores, modelos y Kim Kardashian. Su intención no es impedir esta nueva forma de promocionarse, sino obligar a sus autores a avisar al menos de que están haciendo publicidad. Es la diferencia entre la recomendación de un famoso al que, supuestamente, queremos parecernos y un anuncio en boca de un famoso. Muchas marcas, claro, no quieren pasar por el aro: Nike aduce que con que su nombre salga en un tuit, ya se sabe que es publicidad.

El debate, a grandes rasgos, es ese. Las variaciones son miles.

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El márketing detrás del tuit de un famoso

Por: | 15 de junio de 2012

Nuevos_idolos_adolescentes_madresLos integrantes de One Direction (Cordon Press)

Las redes sociales son como los yogures: la gente los consume independientemente de cómo se anuncien, pero sus productores se quedan más tranquilos si pueden asociarse a una cara conocida. A esta conclusión llegaba hace poco The Wall Street Journal en un reportaje que demuestra que, si vemos a un famoso usar una red social determinada y no otra, más que casualidad, lo que hay detrás son departamentos de márketing obsesionados por conseguir que esa celebridad fichara con ellos. 

Un famoso es un caramelo demasiado dulce para que lo ignore una red social: junto a él, se llevan a todos sus fans, a un buen puñado de periodistas y gran parte del tráfico de las revistas del corazón online. Todo aquel, en definitiva, que quiera saber qué dice Gwyneth Paltrow, Helen Lindes o Ivanka Trump sin intermediarios. A cambio, la panacea exige discreción: si se supiera que Twitter, Facebook o Tumblr han pagado a alguien por hacerse un perfil en sus webs, perderían la naturalidad y credibilidad de la que dependen sus respectivas imágenes.

Esta encrucijada se viene resolviendo, desde hace tiempo, con departamentos dedicados exclusivamente a afianzar relaciones con lo que llaman, con engañosa modestia, Entretenimiento. Bajo esta sinécdoque se esconden tropas de agentes ubicados en Hollywood y Washington DC, porfiándose un hueco en la estructura de poder del más alto famoseo, intentando convencer tanto a actores, políticos o deportistas como a estudios de cine, partidos, lobbies y equipos enteros.

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La decadente vida de la gata de Karl Lagerfeld

Por: | 11 de junio de 2012

La 'tuitera' cachorrita de Karl Lagerfeld
Karl Lagerfeld siempre ha pasado por ser un tipo excéntrico. Con la singular estética de Amadeus neogótico que le da el ir constantemente vestido de negro y con el pelo blanco recogido en una peluca, el director creativo de Chanel el tipo de persona que, por ejemplo, necesita tener en todo momento una Coca-Cola o una Pepsi en un vaso de cristal de Baccarat a mano, y ay de a quien se le olvide renovársela cada media hora. Es un tipo de excentrecidad que se asume y, por tanto, no suele llegar a los titulares.

Hasta que llegó Choupette. En una entrevista con la web especializada WWD, Lagerfeld se ha explayado sobre la inquietante obsesión que tiene hacia su gata siamesa, una flamante felina que come en la mesa con él todos los días, a la que ha regalado un iPad y que es el objeto de los cuidados de dos asistentas (una para la noche, otra para el día) que la vigilan cuando él no está en casa. Estas dos improvisadas veterinarias tienen también la obligación de apuntar todo lo que hace en un diario que, en los últimos nueve meses, ha alcanzado las 600 páginas.

"Está mantenida como una mujer", asevera Lagerfeld. "Tiene una personalidad muy fuerte. Come y cena su propia comida en la mesa conmigo, todos los días, porque no quiere comer en el suelo. Duerme en un cojín y hasta sabe usar un iPad. Creo que sería divertido hacer un libro con su diario". Internet, claro, se ha derretido en amor a la gatita bañada en decadente opulencia.

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 Jay gwyneth
Gwyneth Paltrow junto a Jay Z, durante un concierto de Beyoncé. / CORDON PRESS

Ese numeroso sector demográfico de Estados Unidos que tiene como hobby ocasional el odiar a Gwyneth Paltrow por el motivo que sea (por pija, por desconectada, por pizpireta o por todo esto a la vez) ya tiene un motivo más para hacer sangre con la imagen de la actriz. Un tuit, para más señas:

Su enlace lleva a una foto tomada en París el viernes pasado, cuando Paltrow se subió al escenario de un concierto de sus amigos hip-hoperos Kanye West y Jay Z. Pero la foto es lo de menos. Lo que en realidad ha escandalizado a un número no pequeño de americanos es la primera parte del aparentemente incomprensible mensaje. Una palabra, de hecho: Ni**as. La palabra-N.

Una traducción aproximada del mensaje sería "Negratas en París de verdad" (el resto son nombres de los presentes), pero eso no haría justicia a la magnitud del asunto: ni**as es la versión autocensurada de niggas, que a su vez es la versión coloquial de niggers. Más que su signifcado literal de negrata, es un símbolo similar a la esvástica en el mundo entero o al águila imperial en las banderas de España: en EE UU se asocia a la esclavitud en el siglo XIX y al racismo institucional en el XX tan dolorosamente cercano que lo más que puede aspirar un blanco es llamarla la palabra con N (the N-word).

Más que desaparecer, la palabra está cobrando otro signifcado desde los 90, cuando los medios de comunicación descubrieron la usaba la comunidad negra para referirse uno a otros como apelativo informal y callejero. Desde entonces, la norma no escrita es que los negros pueden usarla; los blancos, no.

Y ahí apareció Gwyneth, la blanquísima Gwyneth, usándola como si nada. Los medios de cultura popular estadounidenses se desencajaron. El titular Gwyneth Paltrow tuitea la palabra con N empezó a aparecer por todas partes. ¿Estaba llamando negratas a los hip-hoperos? O, lo que es infinitamente más ofensivo, ¿se estaba incluyendo en el colectivo para hacerse la guay?

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Justin Bieber, el domingo frente a sus fans italianas

Muy poca gente en el mundo posee la capacidad que tiene Justin Bieber de convertir su presencia en noticia. La prensa local parisina, por ejemplo, tendría o no la intención de avisar a a sus fans de que el chico de la voz de la oro iba a pasar unos días en la ciudad la semana pasada, pero en cuanto Bieber se asomó a un balcón e improvisó un pequeño concierto sorpresa, megáfono en mano, los medios no tuvieron más remedio que informar del motivo de los cortes de tráfico por todo el Barrio Latino provocados por una turba kilométrica de miles de fans extasiadas el jueves. Algo parecido había pasado un día antes en Oslo (Noruega), cuando otro concierto que Bieber intentó dar a las orillas de un lago devino en un disturbio de primer orden, en el que miles de fans se desmadraron al perseguir al cantante, a pie y en barco, para tocarle. Cuenta la web TMZ que unas 49 chicas resultaron heridas y 14 tuvieron que ser trasladadas a urgencias en ambulancia. El alcalde de la ciudad, Fabian Stang, ha ordenado que se investigue lo sucedido. De sucesos como estos está llena la vida del icono masculino más popular del pop actual.

Ahora ese huracán ha venido a España. Llegó ayer a Madrid, tras pasar por Milán y Verona (Italia), con el mismo objetivo que le ha llevado a las otras capitales europeas: enseñarle al mundo que ha crecido un poco, que tiene algo más que aportar aparte de esos chiclosos himnos de desamor que le han convertido en uno de los fenómenos más grandes de lo que llevamos de siglo. Que ya ha cumplido 18 años y que por qué no va a poder él crecer, en todos los sentidos, sobre un escenario como lo hizo Justin Timberlake en los 90.

Que tiene nuevo disco, vamos. Se llama Believe, sale a la venta el 19 de junio, y con él pretende separar su nombre de esos tópicos sobre su edad y su voz con los que hasta ahora ha tenido que pagar su éxito.

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El País

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