Si un extraterrestre hubiera llegado a la Tierra este fin de semana, tendríamos que explicarle que, en contra de lo que pueda parecer, la vida sentimental de Tom Cruise no es que sea un asunto de relevancia internacional. Es solo que tiene todo el atractivo de una novela río escrita a golpe de titulares y que, por tanto, el seguimiento que suscita no conoce límites. Igual así entienden por qué Katie Holmes, mujer de Cruise desde hace cinco años, presentara su divorcio con el actor el viernes y a los dos días, el magnate de la comunicación Rupert Murdoch estuviera creando polémica por ello en su Twitter.