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El autor de 'American psycho' se enfrenta a la reina oculta de Hollywood

Por: | 19 de julio de 2012

Bret_Easton_EllisEl escritor Bret Easton Ellis, en septiembre de 2010. / ÁLVARO GARCÍA

Los grandes duelos no se miden por lo grande o grave que sea el asunto en disputa, sino por la personalidad de sus jugadores. Nadie dice que el cruce de acusaciones que han mantenido esta semana, en esa eterna liza para las grandes figuras que es Twitter, una periodista de cotilleos hollywoodienses y un sátiro de la sociedad estadounidense haya sido algo especialmente trascendente. Pero la clave no es el contenido de la bronca, sino las mentes detrás de la misma: él es Bret Easton Ellis, el autor de novelas tan enfermizas como American psycho o Menos que cero; ella es Nikki Finke, una mujer capaz de contar en su blog, Deadline, los detalles más secretos qué suceden en los estudios de Hollywood, y a la que prácticamente nadie es capaz de poner cara.

Separados, darían para un par de novelas de géneros bien distintos. Juntos, resultan en un espectacular choque de egos abrasivos que, de paso, ilustra una de las grandes tensiones de nuetros tiempos.

De Ellis basta decir que es la mente que creó a Patrick Bateman, el icónico psicópata americano tan perfectamente integrado en la sociedad capitalista de Estados Unidos que solo puede ser un asesino en serie (cuando Christian Bale lo interpretó en el cine, se basó en Tom Cruise por su "intensa afabilidad de mirada muerta"). Un repaso a la prolífica, caótica e iconoclasta cuenta que el autor tiene en Twitter muestra qué llevo, en parte, al autor a crear a ese personaje: le encanta destruir mitos de la cultura popular estadounidense.

Nikki Finke resulta más compleja: una periodista de raza, veterana del New York Times y el Washington Post, acostumbrada a moverse en entornos donde impera el secreto (fue corresponsal en Rusia para Associated Press en los años ochenta, cuando el Kremlin era más hermético que nunca), que se ubicó en Hollywood hace unos años, se cuidó de que nadie fuera capaz de identificarla, y, de alguna forma que nadie conoce, es capaz de anunciar en el acto los tratos que cierran los estudios del lugar donde el secretismo es la moneda de cambio más preciada. Solo se ha hecho pública una imagen suya, correspondiente a sus años universitarios. Esta cincuentona, desagradable e incisiva, es uno de los fantasmas más temidos y venerados de la Meca del Cine. Sus artículos han hecho y deshecho carreras allí, y sus vendettas personales con ciertos personajes han estigmatizado a estos de por vida.

Precisamente esto era lo que parecía molestar a Ellis, que hace un mes reveló, en uno de sus numerosos tuits, que Finke vivía en el mismo edificio del barrio de West Hollywood que él. En una mujer cuyo nombre se menciona casi todos los días en las altas esferas hollywoodienses pero de la que nadie sabe absolutamente nada, esta información era más que preciada. El mismo Rupert Murdoch intentó revelar su identidad el año pasado, sin éxito.

Finke, por supuesto, montó en furia. Llamó a la agencia del escritor, International Creative Management, y amenazó con demandarle a él, a su agente, Blinky Urban, y a toda la maldita empresa. Un gesto característico de la mujer que tiene al mundo del cine en jaque con su mal humor.  Ellis contestó, nuevamente en Twitter, a su manera, destruyendo su status: "Todo aquél en la industria del cine que tiene miedo de Nikki Finke es un total y absoluto puto perdedor de Hollywood".

De la reacción de Finke  desprender que Ellis debía haber tenido algo de razón y Finke debía tener algo que ver con esa vivienda: al poco, la web Gawker publicaba una foto del edificio donde había un apartamento por el que la filial de Deadline, Penske Media, había pagado  830.000 dólares en noviembre. Aunque no está claro si Finke vive ahí, el daño a su imagen de ser etéreo y ubicuo estaba hecho.

A partir de aquí, cada contrincante se volvió a la arena donde más cómodos estaban: ella, entre sombras;  Easton Ellis, en Twitter. Este lunes le dedicó tres tuits. En el primero, decía: "Nikki Finke, haber mandado esos correos electrónicos intimidatorios, amenazantes y vagamente litigantes a los propietarios y gestores de nuestros edificios ha sido algo verdaderamente terrible...".

En el segundo: "Nikki Finke acusa al personal de nuestro edificio de haberme chivado quién era. Menuda broma. Ninguno de ellos tiene ni puta idea de quién es. Lo descubrí en una estúpida fiesta".

Y en el tercero: "La actitud de 'emperatriz' de la que hace gala Nikki Finke es por qué esto es el fin de una era. Los clavos en el ataúd del Imperio. SE ACABÓ".

Lo romántico sería pensar que Ellis, al que le encanta hacer grandilocuentes interpretaciones del devenir de la cultura popular en EE UU, ha vislumbrado el fin del reinado de Finke sobre Hollywood (por poner un ejemplo de lo asimilada que está la presencia de esta mujer en Los Ángeles: este año, en un capítulo de la quinta temporada Californication, un personaje le dice a otro: "Baja la voz, ¿o quieres aparecer en Deadline dentro de cinco minutos?"). Es decir, que Ellis entiende que el delicioso absurdo de que una mujer a la que poca gente es capaz de reconocer por la calle controle las idas y venidas de una de las industrias más potentes de la cultura actual.

Pero la cosa es mucho más prosaica y, por tanto, relevante. En una declaración exclusiva para The Hollywood Reporter, Ellis ha explicado el origen del conflicto con términos tan vagos que generan más preguntas que respuestas: "No tengo nada contra Nikki Finke", empieza. "Tuiteé algo inocuo. No di su dirección porque a mi también me siguen los locos. Ella perdió la cabeza y su reacción, acosarme, fue inaceptable. No tenía ni idea de que su 'intimidad' fuera tan importante para ella, viendo que no le supone ningún problema revelar las vidas de los demás. Anda, N. F. [por Nikki Finke], si vas a chivarte de los demás tienes que esperar que te hagan lo mismo. SI Nikki Finke llama a una agencia que me representa y amenaza con demandarla y 'destruirla' es que estamos tratando con alguien que se contradice: ¿puede ponerse como un balisico con algún ejecutivo y sentarse en su oficina sin reprimenda alguna? Vivimos en una nueva era y si no entiende que la información es una moneda de cambio, es que se está quedando atrás".

Así que el duelo es una versión moderna del eterno roce entre un agitador y quien representa el orden establecido, filtrado por la gran obsesión del siglo XXI: la información. Ellis, eterno iconoclasta, el regalador de la información al público, contra Finke, generadora de información sobre otros pero celosa guardiana de la que le atañe.

Ellis combate en Twitter, Finke obra en privado. Ha mandado tantas amenazas a ICM que estos han contratado a Howard Weitzman y Lawrence Iser, dos de los abogados más respetados de California, para convencerla de que deje el caso. Según cuenta The Hollywood Reporter, Finke ha amenazado con publicar a qué colegios van los hijos de los agentes y dónde viven. Que pensaba escribir cosas tan dañinas sobre ICM en su blog que se arrepentirían de habérselas topado con ella.

Lo cual resulta infinitamente 2.0, o 2012, o bidireccional, o lo que se quiera: Ellis quiere derrocar a la traficante de información (la nueva oligarquía cultural) regalando él mismo la información para que ésta pierda valor. Solo parece obviar una cosa: en un mundo en el que la información es un activo, la gente que, como Finke, la genera, siempre tendrá el control. Siempre ha habido clases. Y las más altas se defienden con uñas y dientes hasta que ven la sangre.

Hay 2 Comentarios

Oye, Tom, ¿serás capaz de escribir algún post que no se limite a copypastear la información de los blogs norteamericanos o informar sobre cualquier chorrada que sea el trending topic de la semana? Porque para lo que tú haces no hace falta ser experto en social media o como coño se diga.

Qué gozada de información

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Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

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