Un bebé tiene la mirada clavada en su portátil mientras viaja en su jet privado. Un joven vacía una botella de Dom Pérignon sobre un lago. Otro saluda con uno de esos dedos gigantes de gomaespuma desde el asiento de atrás de un Ferrari. Otro se baña con una botella enorme de champán Doët en la mano y una American Express dorada en la boca. Y millones y millones de cibernautas observándolos atónitos, a caballo entre la indignación y la fascinación.
Son los Rich Kids of Instagram (Niños ricos de Instagram), protagonistas de un blog que ha resultado ser uno de los fenómenos más impredecibles del año: una recopilación de las imágenes que publican jóvenes adinerados en Instagram para presumir descaradamente de los excesos de sus vidas de indolente opulencia. Hay algún Trump, Hilton y algún que otro ilustre apellido del pijerío dinástico estadunidense, pero la mayoría son desconocidos y, como promete el blog, "tienen más dinero que tú y esto es lo que hacen" (es decir, llenar armarios con ropa de diseño, recibir coches de lujo por su cumpleaños y hacerlo todo con -y a- una interminable serie de botellas de champán). Como buenos ricos, son tan fáciles de odiar como de admirar. Y, a juzgar por el desorbitado número de visitas que recibe el blog, a eso se ha dedicado tanta gente en Estados Unidos que Rich Kids of Instagram ha aparecido en una cuarentena de artículos, del New York Times al Washington Post o la CNN.