Cuando Elizabeth Taylor murió en marzo de 2011, su cuenta en Twitter ganó unos 100.000 seguidores en menos de 24 horas. Esa cuenta está ahora cerrada, pero un año y 210 millones de dólares después, la protagonista de Cleopatra es la personalidad pública que más dinero ha generado tras su muerte. La cifra es la suma de lo reunido desde entonces por la subasta de Christie's en la que se despacharon el vestuario, las joyas y las obras de arte de la actriz (184 millones), las ventas de su perfume, White Diamonds (75 millones), y de los beneficios reportados por ese 10% de la propiedad de la intelectual de cada película que Taylor empezó a reservarse en 1963. Lo que vienen a significar ambos sucesos está claro: el muy rentable interés que genera una personalidad pública después de muerta es directamente proporcional al interés que suscite en redes sociales.