Cuando una personalidad pública interactúa por Twitter con un usuario de a pie, lo que suele pasar es que le alegra el día, nadie más se entera y el mundo sigue girando. Pero cuando lo hace Chris Brown, rapero de razonable éxito y personaje público comúnmente detestado, el asunto empieza batiendo récords de vulgaridad en la red social, toca techo con el cierre de su cuenta de Twitter y, por supuesto, se convierte en la comidilla del día en los medios digitales de medio mundo.
El cantante se enzarzó el domingo en una discusión pública y dilatada hasta lo imposible con una productora de televisión, la cómica Jenny Johnson, en la que hizo gala de ese encanto que le ha convertido, a ojos de la cultura pop, en uno de los raperos más chulescos, petulantes y cargantes de la actualidad, prestándose no solo a que la mujer le hicera una felación, sino a defecarle él mismo en un ojo.