Blogs de Gente Ir a gente

Juventud tróspida: de vaquillas y hombres

Por: | 02 de noviembre de 2012

 

Picture 7
Gabi, el Hemingway del siglo XXI, en el capítulo de anoche. / CUATRO.COM


 

"Hay hombres que presumen de ser hombres y luego tracatrá", reflexionaba anoche Pedriño en Quién quiere casarse con mi hijo. El concursante, único gay del programa, acababa de leer junto a su madre, la fascinante Mary, la inscripción de un monumento al toreo en Ronda (Marbella): "Un cobarde no es un hombre y para torear se necesitan hombres". Pero la opinión de Pedriño, gran pensador del medroso concepto de la masculinidad desde el primer capítulo de esta segunda temporada, vale también como reflexión para todo el programa. Quién quiere casarse con mi hijo toma a representantes (imposibles) masculinos del tejido geopolítico español y los sumerge en una fantasía de tintes machistas en la que varias mujeres se prestan, lloran y pelean para recibir su atención y afecto. Pero, a cambio de esta fantasía púber, tienen que ir de la mano de esa figura tan castrante para todo adolescente que es la madre.

El capítulo de ayer enfrentó a sus principales protagonistas (Pedriño el gay, Gabi el pijo e Isodoro el garrulo, según sus epítetos más repetidos en Twitter) con sus propios conceptos de la hombría. Ya que se trata del penúltimo capítulo, en el que los solteros deben pronunciarse por fin, con sus madres fuera de escena, y elegir a la candidata que deciden llevarse a la gala final, la temática tenía sentido. Como también tuvo sentido que estos momentos fueran los puntos álgidos de la entrega.

En el caso de Pedriño, se vio obligado a rechazar al único pretendiente que le quedaba (el otro, stripper y actor porno ocasional, se había retirado voluntariamente porque tenía "compromisos profesionales" en Ámsterdam) por ser "demasiado marica despechada con toques de marica mala" (de fondo, en uno de esos momentos de sublime genialidad de los editores del programa, la canción Rata de dos patas, de Paquita la del Barrio). Este chico es quizá el más flexible a la hora de delimitar qué hace un hombre y qué no ("el traje de luces es algo muy marica", djo anoche, días después de definir al "maricón machista") pero no por ello tiene las ideas menos claras. Hay estereotipos de gay que son, en realidad, más masculinos que un vaso de whisky y hay estereotipos de gay que son solo vías de escape para vilezas (que generan "momentos Pimpinela"). El incalculable valor de Pedriño es que sabe distinguir unos de otros a la primera.

El pijo Gabi, ese Val Kilmer español de cara aniñada, mirada sociopática y conducta edípica, suele tratar a sus pretendientes siguiendo el estereotipo machista: es decisivo, dominante e implacable. Anoche se retrató: "Tengo 24 años, soy un hombre hecho y derecho, y hago lo que me sale de los cataplines", dijo, en una imposible y contradictoria conjunción de sustantivos que delata los cimientos de barro de su hombría, solo notable cuando las cosas le van bien y las chicas que le rodean están en una posición inferior. Por eso disfrutaba tanto al contar a dónde iba a llevarlas este capítulo: ellas iban con tacones de "diez, quince centímetros" y él las llevó a torear a una vaquilla en La Rioja. Patricia, su no menos sociopática pretendiente, entró en pánico y se puso a gritar delante del animal para que él se encargara, entre carcajadas despectivas, de la situación (con la ayuda de un profesional). La otra pretendiente ni salió a la arena salvo para quejarse del estado de sus tacones. "Estos son de los caros y mira cómo están", dijo. "Cállate ya, coño", contestó Gabi, enfrentado, por una vez, a un problema tangible. Lo dicho: este narcisista es grande siempre y cuando el mundo a su alrededor sea pequeño.

"Somos hombres y el que diga que no, miente", se defendía Isidoro, el pobre Isidoro, el delicioso Isidoro, cuando tuvo que explicar la tentación de acostarse con la chica a la que pretendía eliminar anoche. No lo hizo, lo que le valió "un momento muy emotivo. Si es que te lo estoy contando y me emociono y todo". La principal preocupación de este albaceteño, al que Twitter suele tildar de garrulo y es difícil quitarle la razón, no es la perfección teórica que defiende Pedriño ni la formalidad vacía de Gabi. Es justificar sus instintos más primarios (cuesta tanto encontrar en él algo que no sea primario como cuesta odiarle por ello) que tanto agobian a su madre ("No pienses con el pito por una vez en tu vida").

Ese momento, cuando decidió dejar a su pretendiente sin acostarse con ella, en un Benidorm que sobre él tiene un efecto similar al de Las Vegas sobre el resto de los mortales, supuso también el final de su arco de odioso secundario a intrigante protagonista, de estereotipo de garrulo a favorito del público tuitero. El momento en el que supo convertir un impulso en una obligación y hacer aquello que el entorno más puede agradecer. El momento en el que Isidoro se convirtió en hombre.

Mad men dedica un capítulo de cada temporada a ahondar en sus personajes femeninos, en lo que pretenden ser radiografías del papel de la mujer a lo largo de los 60. Quién quiere casarse con mi hijo no pretende ser más que una tira cómica (otros puntos álgidos del programa: la invención de "güiza" como insulto que la RAE, en su atraso tróspido, aún no reconoce; y la presencia de moscas que todo el mundo intenta matar) y nunca ganará tantos Emmys seguidos. Pero quien estuviera ayer frente a la televisión habría visto tres grandes pilares de lo que es ser hombre en este país y época. Los hay que presumen de ser hombres y luego tracatrá.

Hay 2 Comentarios

Me gusta mas tu blog que la serie!!!

Eres grande, muy bueno.

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Tuitología

Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal