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Tuitología

Sobre el blog

Un blog sobre las ansiedades, ínfulas, confesiones y caprichos diarios que comparten las personalidades públicas en redes sociales. Lo más llamativo del mundo visto por los famosos, lo más delirante de los famosos vistos por el mundo y todo sobre ese insólito punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.

Sobre el autor

Tom C. Avendaño

es periodista. Se hace un lío con el país al que pertenece, si España o Estados Unidos, y suele resolverlo declarándose ciudadano de las redes sociales. Lo de los intereses lo tiene más claro: investigar cuánto dice la cultura popular sobre el mundo en que vivimos.

Eskup

Melendi como gancho televisivo

Por: | 22 de enero de 2013

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Melendi, duante los posados de los finalistas de 'La voz'

Los programas de telerrealidad no van sobre realidad, sino sobre televisión. Lo que atrae de ellos no es lo que ese componente de supuesta verdad que es la historia, sino el formato con el que se cuenta esa historia. DIcho de otra forma, poca gente se hubiera sometido a la verdad que en teoría retrata Quién queire casarse con mi hijo si ésta se hubiera emitido sin el profiláctico catódico que era ese montaje magistralmente delirante que lo caracteriza.

En el caso del otro fenómeno televisivo de 2012, La voz, el formato no era especialmente revolucionario pero tampoco era estrictamente un reality (era un talent show que dependía, en gran medida, de principios de reality). El componente adictivo del programa recayó, en parte, sobre los hombros de las únicas figuras lo suficientemente estables como para asegurar el enganche a la semana siguiente, a la sazón, los cuatro mentores de los participantes. De estos, el que mejor ejerció su papel de robaescenas fue Melendi. Hoy, ha sido el primero en confirmar que, a pesar de lo que había anunciado Telecinco a medidados de diciembre, no estará en la segunda temporada.

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Cómo salir del armario desde fuera del armario

Por: | 15 de enero de 2013

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Jodie Foster, icónica ya, en los Globos de Oro del domingo./ REUTERS


Como vivimos en una era en la que las crónicas de los grandes acontecimientos sociales se escriben en dos partes -la que atañe al acontecimiento en sí y la reacción que éste suscite luego en Internet-podemos disfrutar de la inaudita certeza de que el discurso que dio Jodie Foster el domingo por la noche en los Globos de Oro al recoger su premio honorífico fue el punto álgido de la ceremonia. Tanto medios como redes sociales coinciden en que fue una homilía monumental: la actriz habló de sus 47 años de carrera artística, de su madre demente, de su próximo y probablemente diminuto proyecto y del cariño que le tiene a Mel Gibson. De paso, Foster también aprovechó para hacer una velada alusión, por segunda vez en público y por primera en un acto visto en todo el mundo, a su homosexualidad. Según Internet, esto redujo la relevancia de la victoria de Argo al nivel de un chupito después del postre. Jodie Foster, la que en los últimos años ya no desmentía los rumores sobre su sexualidad, había salido del armario asegurando que ya había salido del armario.

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Justin bieber sad

Hay en Internet unas fotos de un chaval de 18 años que sostiene un cigarrillo con apariencia de porro mientras habla con unos amigos que beben cerveza. Y hay, en el mundo real, dos cosas que hacen que esas imágenes no sean las de un día razonablemente normal en el planeta Tierra. Primero, que fueron tomadas en Estados Unidos, donde el consumo de estupefacientes se percibe con mayor seriedad que en otras naciones. Y segundo: que el chaval es cuestión es Justin Bieber, el adolescente más observado del planeta y el icono pop más asociado con la mocedad de nuestros tiempos.

Más allá del interés morboso que pueda tener el ver a Justin Bieber haciendo algo tan impropio de Justin Bieber como fumarse un porro (el dos de enero, con unos amigos en un hotel), las imágenes que publicaba este fin de semana el portal TMZ con tanto escándalo tienen el valor de representar el problema al que se enfrenta el chaval desde que, el pasado abril, cumplió 18 años y empezó a estrenar, paulatinamente, una actitud menos candorosa y más de prepotente macho alfa (de malote, vamos): él querrá, y estará en su derecho de, hacer lo que entienda que hacen los chicos a su edad y fingir que es más adulto de lo que en realidad es a base de trasgresiones. Pero el público al que se debe, esa copiosa legión de beliebers que le ha convertido en un fenómeno de larga duración, no tiene por qué seguirle el ritmo y aceptar que él ya no quiera deberse a la imagen de chico bueno a la que se debía antes.

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