El Año de Turing

El Año de Turing

La informática a la que recurrimos para tuitear o hacernos una resonancia magnética es en esencia Alan Turing, uno de los científicos más importantes de la Historia. Fue un hombre generoso que afrontó con genialidad lógica horrores como el Nazismo pero al que el mundo devolvió sólo injusticia. Acercamos su obra a los lectores para que comprueben lo importante que fueron sus aportaciones. Creó la Informática tal y como la conocemos.

Sobre los autores

Este blog es una obra colectiva en la que participarán científicos y expertos españoles y extranjeros cuya obra haya bebido de las aportaciones de Alan Turing. Aunque principalmente recogerá los avances científicos en la Informática, abarcará otras opiniones sobre la importancia de la misma en otros ámbitos: la Medicina, la Física, la Política, la Economía. El blog está coordinado por Pedro Meseguer y Juan José Moreno Navarro.

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A través del espejo de Turing

Por: | 25 de octubre de 2012

EDGAR MARTIN

No por ser un héroe de guerra Alan Turing uno tiene garantizado en Gran Bretaña que le entierren en loor de multitudes. Fallecido en extrañas circunstancias tras ser inculpado de conducta indecente, la figura de Alan Turing permaneció en el olvido durante largos años hasta que sus contribuciones a la informática, la criptografía y el análisis algorítmico fueron finalmente reconocidas una vez que el establishment académico británico se liberó de sus homófobos prejuicios victorianos. Sin embargo, Turing no sólo revolucionó nuestra visión del mundo, sino que también dejó una huella imborrable en la historia de la literatura.

Desde Stanislav Lem a P. K. Dick, su influyente sombra planea sobre toda la ciencia ficción escrita desde la Guerra Fría hasta nuestros días. Los superordenadores HAL 9000 en 2001 de Arthur C. Clarke, Shalmaneser en Todos sobre Zanzíbar de John Brunner, o MULTIVAC en La máquina que ganó la guerra y otros relatos de Isaac Asimov, difícilmente hubiesen sido imaginados por sus autores de no haber él formulado en 1936 su máquina universal (hoy en día conocida como la Máquina de Turing), la cual es considerada como la primera máquina abstracta de computación. Su ascendiente es aún más visible entre aquellos escritores de la Nueva Ola, el cyberpunk y el retrofuturismo que exploraron el campo de la inteligencia artificial. Incluso Marvin Minsky, uno de los principales gurús del MIT, escribió a cuatro manos junto a Harry Harrison la novela The Turing Option (1992), clásico inagotable que se adelantaba a Matrix al ser protagonizada por un hombre conectado a un sofisticado interfaz neuronal.

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Ramon Llull, el Ars Magna y la Informática

Por: | 11 de octubre de 2012

FERNANDO CUARTERO

Como ya hemos expuesto en alguna entrada, entre los posibles candidatos a ser considerados los creadores de la ciencia y técnica que conocemos como informática, podemos considerar a Alan Turing como el mejor posicionado a recibir dicha calificación. También, con motivo de su artículo de 1950 sobre pensamiento y máquinas de cómputo podemos considerarlo pionero de la rama  conocida hoy como Inteligencia Artificial; si bien dicho nombre fue acuñado oficialmente en 1956, durante la Conferencia de Darmouth; donde estaban grandes figuras como John McCarthy, creador del lenguaje de programación LISP;  Marvin Minsky y Claude Shannon, entre muchos otros.

No obstante, Sello de correos de la Unión Sovietica con la imagen de Abu Abdullah Muhammad bin Musa al-Khwarizmitambién podemos encontrar trabajos pioneros en lo referente a la formalización del proceso del razonamiento o de la automatización de procesos, que podemos considerar que son los objetos típicos de estudio de esta ciencia. Aparecen ya en épocas tan tempranas como la Grecia clásica, con el propio Aristóteles, que intentó describir el funcionamiento racional de la mente, o incluso, el menos conocido Ctesibio de Alejandría, que describió una máquina automática que regulaba el flujo de agua, y que podemos clasificar como un hito en la búsqueda de los procesos automatizados. También en la oscura edad media, en sus inicios, encontramos al matemático persa Mohammed Ibn Musa Al-Jwarizmi, nacido hacia el año 780 en lo que hoy es Uzbekistán, introductor del concepto de algoritmo y del sistema de numeración actual.

Ramon LlullYa en la alta Edad Media, en una época algo más tardía, nos encontramos al filósofo mallorquín Ramon Llull, nacido en 1232 en la ciudad de Palma de Mallorca, que entonces, según Umberto Eco, era  una «encrucijada en la época de las tres culturas, cristiana, islámica y judía, hasta el punto de que la mayor parte de sus 280 obras reconocidas fueron escritas inicialmente en árabe y en catalán». En la corte de Jaime I, Llull fue preceptor de su hijo, el príncipe, y también ocupó diversos cargos de importancia, llevando una vida alegre, pues incluso fue trovador y compositor de canciones, hasta que tuvo lugar una gran transformación, tras la que pasó a llevar una vida monacal y donde produjo su gran obra filosófica y literaria,  que le llevó a recibir en su tiempo los títulos de Arabicus Christianus, Doctor Inspiratus  o Doctor Illuminatus.

Fue declarado beato de la Iglesia Católica en el siglo XVI, e incluso se inició un proceso de canonización que quedó truncado ante la duda de la ortodoxia de algunos de sus postulados. También está considerado como el patrono de los ingenieros informáticos, y aunque este pretendido patronazgo se trate de un simbolismo algo obsoleto en nuestros tiempos actuales, de ser considerado necesario, es cierto que en Llull recaen los méritos suficientes para hacerse acreedor a esa mención.

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Alan Turing y los límites de la ciencia

Por: | 04 de octubre de 2012

MANUEL ALFONSECA

A finales del siglo XIX, los científicos se convencieron de que la ciencia llegaría algún día a explicarlo todo. Lo que estaba ocurriendo en las diversas ramas de las ciencias exactas y de la naturaleza parecía confirmarlo:

  • En matemáticas, Gottlob Frege abordó la formalización completa de la aritmética, pensando que, a partir de unos pocos axiomas indudables, y aplicando unas reglas de deducción sencillas, sería posible demostrar todo lo demás. 
  • En física se extendió bastante la idea de que ya lo sabíamos todo. Sólo quedaban dos pequeños detalles que explicar: por qué la radiación del cuerpo negro no tenía la distribución predicha por la teoría, y por qué el experimento de Michelson-Morley parecía indicar que la velocidad de la luz en el vacío es constante, independientemente de la dirección en que se mida. Una vez resueltos esos dos problemas, podríamos dar por cerrada esa rama de la ciencia. 
  • En química, a medida que se iban llenando los huecos de la tabla periódica, cada vez quedaban menos elementos por descubrir. Pronto se llenarían todos, con lo que también esa rama de la ciencia podría darse por concluida.

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El País

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