TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Palabras

Por: | 27 de junio de 2017

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"Que nadie piense que ni un solo metro que haya ardido se va a aprovechar y va a tener otra calificación urbanística porque la Junta no solo se va a oponer sino que va a poner todos los mecanismos legales para que un solo metro del entorno natural de Doñana sea recalificado ni utilizado para ningún otro uso", afirmó rotundamente la presidenta Susana Díaz ayer, lunes. La frase no deja lugar a dudas, lo que es de agradecer, pero también sabemos que las palabras, como el viento, son volátiles, que pueden cambiar fácilmente de dirección y de forma poco previsible.
En pleno rebufo de la indignación popular ante desastres como el de Doñana, los políticos se apuntan al carro de las redes sociales. Con el paso del tiempo y la, al parecer, escasa memoria colectiva, todo vuelve a una normalidad anormal, la misma que permite, por ejemplo, que en agosto de 2014, la ya citada Susana Díaz declarara que el hotel de El Algarrobico es una "aberración urbanística (...) el símbolo de lo que nunca se debió de construir y de la época de la especulación salvaje en nuestras costas como modelo de país y comunidades autónomas. No puedo permitir que siga ahí", como recuerda Greenpeace España. Pues bien, esa aberración urbanística sigue ahí pese a los 20 pronunciamientos judiciales que demuestran su ilegalidad y ante la  pasividad de las administraciones responsables. En la actualidad, a pesar de los compromisos electorales sobre su inmediato derribo en marzo de 2008 y las promesas de ministros de Medio Ambiente y presidentes andaluces, el hotel sigue en pie, como señala la organización ecologista. Cuestión de costes del derribo. ¡Son las palabras, estúpidos!
Claro que uno de los mejores homenajes a las palabras lo vimos ayer en la comisión parlamentaria ante la que intervino, es un decir, el extesorero del PP Luis Bárcenas. ¿Qué mejor homenaje por parte de los políticos que el silencio? Y no deja de tener su gracia que el protagonista de la sesión en una de sus escasas intervenciones le sugiriera a Toni Cantó, diputado de Ciudadanos, que no hiciera teatro. A poco que se consulten las hemerotecas las relaciones entre el extesorero y su partido recorrieron toda la historia del teatro, desde el drama a la comedia sin olvidarnos del esperpento, la farsa, el vodevil o el teatro del absurdo, un peregrinaje por esa arte escénica en el que resultan imprescindibles actores de la talla de Álvarez Cascos, Rato, Acebes, Mayor Oreja o Javier Arenas, dirigidos todos ellos por esas cumbres de la interpretación que son Aznar y Rajoy, quien, en un alarde de imaginación, declaró ayer mismo que le gustaría que le recordaran como "un hombre honesto" que supo "sacar lo mejor de España y de los españoles". El problema es saber a dónde lo llevó.

De las cloacas

Por: | 26 de junio de 2017

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Hay nombres que poco a poco se irán olvidando en el trasiego de la actualidad. Tuvieron su cuarto de hora warholiano y cayeron en el olvido. Otros perduran mas. Por ejemplo el de Billy el Niño, un policía de la brigada político-social franquista y afamado torturador que pasea tranquilamente sus reales por el foro. El comisario Villarejo será, probablemente, otro nombre que trascienda lo inmediato, y mas después de la entrevista que le hizo Jordi Évole en Salvados, un programa que hace tiempo demostró su enorme dominio del marketing y la publicidad hasta el punto que se anunció a bombo y platillo que el presentador interrumpía sus vacaciones para entrevistar al mencionado comisario.
Un programa y una entrevista que no sólo habrá tenido una buena audiencia sino que nos ha mostrado a uno de los personajes clave de lo que se ha venido en llamar "las cloacas del Estado", es decir, de los turbios manejos de los políticos en el poder para mantenerse en él el mayor tiempo posible. Naturalmente alguien que mete pies y manos en el fango no lo hace por amor a la verdad o por patriotismo. Para enfangarse hasta ese punto se necesitan una serie de conidiciones: no tener escrúpulos -y aquí cabría añadir "humanos", en homenaje a Javier Arenas-, tener un concepto muy laxo de los derechos humanos y del orden establecido, recopilar la información suficiente sobre todo aquel que pudiera complicarle el futuro si cambiaran las tornas y, naturalmente, acumular un dinerito con el que tener una jubilación confortable, al fin y al cabo salvar a la Patria no es gratis.
De Villarejo, y tras la entrevista con Évole, sabemos que pisó la mayor parte de los charcos de las cloacas, desde extrañas operaciones en Cataluña contra los políticos nacionalistas a agresiones a una doctora que molestaba al yernísimo de Villar Mir, sin olvidarnos de la princesa Corinna, la trama Gürtel o el ático de Ignacio González, por citar tan solo unos pocos. Del dinerito para su jubilación, supimos hace ya un par de años que las cuatro sociedades "matriz" de su entramado empresarial recibieron fondos por valor de 20,42 millones de euros entre 1992 y 2010. Claro que una vez, vista y oída la tan mencionada entrevista, también sabemos ahora, por él mismo, que Villarejo es un ciudadano ejemplar, que nunca hizo mal a nadie, que se retiró de todos aquellos asuntos que olían mal y que la dermatóloga que molestaba al financiero amigo de Granados se autolesionó para llamar la atención.

Mentiras

Por: | 25 de junio de 2017

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Big little Lies es la constatación del paso del tiempo y, con ello, de los problemas y preocupaciones actuales en el seno de un confortable y acomodado segmento social. Si entre 2004 y 2012, la cadena ABC mostró al mundo en la serie Mujeres desesperadas la vida cotidiana de cinco mujeres en Wisteria Lane, zona residencial situada en la imaginaria ciudad de Fairview, Eagle State, en abril de 2017 es HBO quien nos describe la vida de cuatro mujeres en la muy real Monterrey, en el norte de California, con sus grandes pequeñas mentiras.
Un reparto de lujo: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley y Laura Dern, todas ellas extraordinarias en sus respectivos papeles, desde la violada Woodley, a la maltratada Kidman, la prepotente Dern o la absorbente Witherspoon; un paisaje constante, el Pacífico con sus doradas arenas y sus inquietantes acantilados, y un amplio surtido de los sentimientos humanos, desde la amistad y la solidaridad a la humillación, el acoso, los celos y los malos tratos que desembocan en un asesinato. Y entre unos y otros, los hábitos de una sociedad de alto standing en la que, al parecer, los terapeutas matrimoniales son una profesión indispensable.
Siete capítulos narrados con un ritmo pausado que se acelera según se acerca el final y que nos describe con una mirada carveriana lo que ocurre dentro de unos casoplones espléndidos que no pueden ocultar las mezquindades y miserias de sus habitantes, sus grandes y pequeñas mentiras, la rebeldía de los adolescentes, la inseguridad permanente de sus padres, el ansia femenina de potenciar el espíritu grupal frente al macho que, al menos en este caso, es, básicamente, un adminículo decorativo cuando no un producto tóxico.
Una excelente serie que trasciende los problemas cotidianos de la convivencia y nos sumerge de lleno en la América de quienes, probablemente, no votaron a Donald Trump pero aceptan ese malsano principio de que el éxito justifica el abuso y la dominación.

Montoro

Por: | 22 de junio de 2017

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"Las medidas que tomó el Gobierno en los primeros años de la décima legislatura (entre 2011 y 2015) eran medidas duras, difíciles de explicar, eran medidas que no hubiéramos adoptado nunca si no hubiéramos atravesado por la difícil situación que atravesamos. Subimos el impuesto sobre la renta, subimos el IVA, ese si que es un auténtico baldón, iniciamos una estrategia de lucha contra el fraude fiscal. Iniciamos un proceso de regularización fiscal que tampoco nos gustaba", dijo entre otras cosas el ministro Montoro en su comparecencia en el Congreso para tratar de explicar la amnistía fiscal que realizaron con un decreto-ley y que el Tribunal Constitucional consideró que fue una chapuza: "La adopción de medidas que, en lugar de servir a la lucha contra el fraude fiscal, se aprovechan del mismo so pretexto de la obtención de unos ingresos que se consideran imprescindibles ante un escenario de grave crisis económica, supone la abdicación del Estado ante su obligación de hacer efectivo el deber de todos de concurrir al sostenimiento de los gastos públicos", lo que, por otra parte, no supuso el menor atisbo de dimisión por parte del ministro. Al parecer hacer chapuzas va en el cargo.
Pero lo llamativo de la defensa ministerial de su chapuza es ese párrafo que asegura que "iniciamos una estrategia de lucha contra el fraude fiscal". ¿Qué considerará el señor Montoro por iniciar una estrategia de lucha contra el fraude fiscal, al margen de permitir a los defraudadores el que paguen un 3% de los millones amnistiados? El pasado 7 de junio, hace un par de semanas, se publicaba que "todos los sindicatos de la Agencia Tributaria (CC.OO, UGT, CSI-F y SIAT) mostraron este martes su preocupación por la situación de la institución. Se suman así a las críticas vertidas por el presidente de los inspectores de Hacienda, José Luis Groba, quien alertó que "la Agencia está en una situación límite. A punto de explotar" por la falta de medios. Los sindicatos reclaman al Gobierno un aumento de la plantilla para compensar el déficit de empleo y exigen reactivar la carrera profesional. Además, anunciaron movilizaciones, sin precisar en qué consisten. La Agencia ha perdido más de 3.000 trabajadores en los últimos años".
Extraordinaria como se ve la estrategia gubernamental de lucha contra el fraude, y todo ello sin mencionar que ya en diciembre de 2013 el entonces director general de la Agencia, Santiago Menéndez, relevó a nueve miembros de los 16 que formaban el comité de dirección además de destituir a otros 20 cargos de libre designación en lo que fue calificada como "una purga en la cúpula de la Agencia Tributaria". Lo malo no es que Montoro mienta, pues eso ya forma parte de estilo del Gobierno, lo terrible es que lo haga con tanta desfachatez hasta el punto de sugerir una ley que prohiba en el futuro las amnistías fiscales una vez liberados sus amigos de la pesadez de las declaraciones de la renta honestas, naturalmente, y que lo haga ante un Congreso en el que el centro y la izquierda son mayoría y no parece que se enteren, tan ensimismados como están mirándose el ombligo.

De la soberbia y los idiotas

Por: | 20 de junio de 2017

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Soberbia: "Sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos", y es ese ridículo sentimiento uno de los que más abundan entre la clase política española y los altos cargos. Veamos un ejemplo del pasado viernes: "El fiscal general del Estado, José Manuel Maza, ha asegurado este viernes que volvería a designar a Manuel Moix como fiscal jefe Anticorrupción aún conociendo que éste era propietario con sus hermanos de un 25% de una sociedad radicada en el paraíso fiscal de Panamá, que le llevó a tener que dimitir de su cargo el pasado 1 de junio, e insistió en que esta sociedad, heredada de su padre, no tiene ningún atisbo de "ilegalidad", ni de "incompatibilidad" con el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. ¿Si hubiese sido una sociedad en Francia o en Portugal habría habido algún problema? No. El problema es Panamá", explicó éste lince de la jurisprudencia.
El Fiscal General del Estado no sólo tiene un sentimiento de superioridad frente a los demás, es que cree que está justificado porque los demás somos idiotas. Después de las bochornosas mentiras del Fiscal Moix sobre la herencia recibida -como Jordi Pujol y el Gobierno del PP, dicho sea de paso- quien le nombró, Maza, insiste en su clamoroso error, el mismo que le valió la reprobación parlamentaria junto a la de su señorito, el ministro Catalá, alegando que la sociedad panameña no tiene ningún atisbo de ilegalidad. Hay que ser muy cínico para afirmar que si esa sociedad hubiera sido en Francia o en Portugal no habría habido ningún problema. Al parecer el Fiscal General del Estado no distingue entre paraíso fiscal e inversiones en el extranjero. O es un inculto o nos toma por idiotas, sin descartar que reúna las dos circunstancias.
El señor Maza, el señor Catalá y cualquier ciudadano que lea un diario sabe que la sociedad registrada en Panamá, del que el ya ex Fiscal Jefe Anticorrupción Manuel Moix posee un 25% (el resto es de sus hermanos), se ocultó a Hacienda durante nueve años -entre 1988 y 1997. La compra del chalé en Collado Villalba (Madrid) se realizó en 1988 pero no se inscribió en el Registro de la Propiedad hasta septiembre de 1997. Esto implica que la familia Moix dejó de pagar los impuestos correspondientes a la operación de compraventa, en concreto, dice Infolibre, el 6% del valor de la compra, es decir 54.000 euros, más o menos. Dimite en Anticorrupción por presunto fraude fiscal y vuelve al Tribunal Supremo con un ligero aumento de sueldo. En resumen: Maza es un listo, Moix un listillo y el resto, idiotas.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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