TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

De lo cansino

Por: | 17 de julio de 2018

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¡Qué cansina es la información política nacional! Siempre se ha dicho que el tiempo es oro en la televisión y sin embargo todos los informativos llevan semanas dedicando una buena parte de su oro a una cuestión interna de un partido político en franca decadencia: el PP. ¿De verdad alguien se cree que la elección entre Casado y Sáenz de Santamaría es esencial para el futuro de España? Hablamos de que unos cientos de compromisarios deben elegir entre un joven con un currículo sospechoso y una declarada admiración por Aznar y una dama que representa la ortodoxia de la política de Rajoy y Montoro, es decir, entre Guatemala y Guatepeor aunque eso sí, con rimbombantes declaraciones sobre la unidad del partido y el bien de España. Faltaría mas.
Por su parte el company Torra hace tiempo que no pisa el no despacho de President. No le queda tiempo con tanto viaje y tanta manifestación. Una pregunta idiota: desde que el supremacista es President ¿alguien recuerda, siquiera vagamente, alguna alusión en favor de la mayoría catalana no independentista o alguna medida de su Govern para favorecer el bienestar del conjunto de la ciudadanía?
Si algo define a la cúpula política del procés es la deslealtad. Pactan con socialistas y Podemos la renovación transitoria de la cúpula de RTVE pero a la hora de votar en el Parlamento dos diputados independentista no asisten y otros dos, suponemos que por tanto tiempo de inactividad retribuida, se equivocan de papeleta. Que todo cambie para que todo siga igual.
Los socialistas han llegado al poder con el anhelo de recomponer el muy deteriorado estado de bienestar. Bien. Para ello, naturalmente, hace falta dinero y nada más sencillo que crear nuevos impuestos. Vale. Creer que aumentar la tributación a las grandes empresas y a la banca no repercutirá en el pueblo llano y sencillo es, sencillamente, creer en unicornios azules. Todavía están frescas en la memoria aquellas declaraciones de Camps afirmando que la Fórmula 1 no iba a costar un euro a los valencianos antes de conocer que, como poco, les ha costado 300 millones de euros. En eso hay que reconocer la sobriedad de los socialistas: la noche de juerga y alegría de un alto cargo de la Fundación Andaluza para la Formación y el Empleo en un puticlub sólo le costaron al erario público 15.000 euros. Eso para los valencianos del PP no es dinero.
Y por último, y hablando de dinero: ¿a alguna mente preclara del Gobierno se le ha ocurrido acabar con los privilegios tributarios de la Santa Madre Iglesia Católica para aumentar la recaudación? ¿Por qué en un Estado aconfesional la Iglesia no paga el IBI cuando su voracidad financiera está más que demostrada? Un dato: Europa Laica contabiliza desde 2008 más de 5.000 bienes inscritos por la Iglesia a su nombre en el Registro de la Propiedad: viviendas, terrenos, ermitas e iglesias, que forman parte de ese listado de bienes inmatriculados que, por no se sabe qué argumentos racionales, no pagan impuestos. Lo dicho: que todo cambie para que todo siga igual.

Revolución

Por: | 15 de julio de 2018

Damnation

Hay ciertos aspectos cíclicos en los acontecimientos sociales, económicos y políticos. Uno de ellos, por ejemplo, es que las secuelas de las grandes cisis económicas suelen potenciar las reacciones más lamentables del ser humano desde la codicia a la insolidaridad. La excelente serie Damnation (Netflix) nos habla de todo ello desde ese reverencial concepto del entretenimiento considerado como una de las bellas artes del cine y la televisión que distingue a la industria estadounidense.
La acción en un pequeño pueblo agricultor de Iowa comienza en 1931. Estados Unidos vivía las consecuencias del crac de 1929 y la Gran Depresión. Un dato: en 1932 había 12 millones de desempleados en EE.UU. que constituían el 25% de la población activa. A este desempleo se sumó la ruina de millones de agricultores por la caída de los precios agrícolas.
Aquí y ahora, tras la última debacle económica, las datos son irrebatibles: entre el comienzo de la crisis en 2008 y el 2015, el número de millonarios en España aumentó un 50%, según el XX Informe Mundial de la Riqueza (World Wealth Report). En Estados Unidos, por su parte, Donald Trump, un populista con un discurso xenófobo, gana las elecciones presidenciales. Era y es el momento de los especuladores y los oportunistas favorecidos por un sistema que alienta la demagogia.
En Damnation un peculiar predicador y su esposa están empeñados en remover las conciencias de los campesinos para mantenerse firmes en una huelga en protesta por la abusiva política de precios que impone la banca local, testaferro de una poderosa familia industrial. No pretenden ampliar el número de fieles: su misión es llevar la revolución frente a un capitalismo despiadado. Es el tiempo de la violencia desatada por pistoleros rompehuelgas contratados por los poderosos y permitida por corruptos agentes de la autoridad. La Gran Depresión se entremezcla con el far-west. Dicho con nombres propios: una serie bajo la sombra de la fotógrafa Dorothea Lange, la literatura de Steinbeck y el concepto plástico y moral de John Ford. El espectáculo está asegurado.

Vivir del cuento

Por: | 06 de julio de 2018


¿Se puede vivir del cuento? Se puede. Es lo que llevan haciendo desde hace más de un mes los miembros del Govern catalán y los parlamentarios autonómicos. Desde el pasado 3 de junio, fecha en la que se anunció la composición del nuevo gobierno presidido por Quim Torra y, consiguientemente, el fin de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ¿qué han hecho unos y otros por resolver los problemas de la ciudadanía? o como diría Perales, ¿a qué han dedicado su tiempo?
En el caso de los independentistas está claro: a divulgar su sueño dorado. La cuestión es que el supremacista Torra no gobierna, o no debería gobernar, para el 47% de la población sino para el conjunto de la ciudadanía pero ¿qué ha hecho en este mes largo? Visitar Berlín, visitar Washington, visitar Estremera, visitar Lledoners... ¿y qué han hecho los miembros del Parlament? Unos llevar lazos amarillos en la solapa y otros no llevar lazos amarillos en la solapa, ardua labor por la que cobran entre 5.000 y 9.000 euros mensuales, según funciones. Naturalmente, el paro, la sanidad, la educación o la dependencia están exactamente como estaban pero eso, a tenor de las preocupaciones de la clase dirigente política catalana, son cuestiones menores. Lo importante es la República por mas que cuando se declaró fue retirada y calificada inmediatamnte de simbólica.
Es probable que la obcecación del juez Llarena en negar la libertad provisional a los líderes independentistas sea difícilmente comprensible. No menos cierto es que decidieron romper unilateralmente todas las reglas del juego de una convivencia civilizada y democrática pero lo sorprendente es que unos y otros, ciuadadanos y dirigentes, consideran que reivindicar un determinado sistema político es mas que suficiente para aparcar sine die el intento de resolución de los problemas cotidianos, que entre la independencia o la nada, eligen la nada aunque eso sí, cobrando.

Sin perdón

Por: | 26 de junio de 2018

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Probablemente una de las peores consecuencias del mediocre Gobierno de la Generalitat catalana sea el de la confusión de términos y conceptos políticos. Desde que los conservadores nacionalistas optaron por el independentismo como fuga hacia adelante de una situación corrupta, la del 3% entre otras, su rasgo distintivo ha sido el de la manipulación histórica. El fin justifican los medios. Se gritaba en la calle, las Diadas alcanzaban un éxito multitudinario, la televisión pública catalana se ponía al servicio de la causa y todo ello mientras se reclamaba absurdamente una "libertad de expresión" que se ejercía cotidianamente. Naturalmente, la situación laboral era tan lamentable como en el resto de España, en donde también gobernaba un partido corrupto. La sanidad se privatizaba para alegría de los comisionistas, la educación pública sufría los mismos recortes, o mas, que en el resto del territorio nacional pero los líderes políticos se enrocaban en una idea: la República catalana, una entelequia que borraba todos los desmanes previos cuyo ejemplo supremo serían los Pujol.
Pierde-impacto-disparo-Catalunya-manifestacion_EDIIMA20121115_0219_15Y ahí comienza lo imperdonable. Que nombres propios como el citado Pujol, Artur Mas, Puigdemont o el supremacista Torra sean los portadores del ideal republicano es una ofensa para todos los que creemos que la República es la opción política más racional, civilizada y coherente con el siglo que vivimos. Un sistema político el republicano basado en el respeto de toda la ciudadanía -no sólo de la que comparte sus mismas ideas-, que favorece la enseñanza y la sanidad públicas, la que admira experimentos educativos como la Institución Libre de Enseñanza, la que fomenta y difunde la cultura sin necesidad de boicotear una conferencia sobre Cervantes ni llamar fascistas a quienes desean asistir a ella, la que también denuncia la represión policial sin manipularla ni convertirla en un icono de la barbarie- ¿hay algún libro de fotografías de la represión de los Mossos d'Esquadra durante las protestas de la huelga general en noviembre de 2012, con Felipe Puig de conseller de Interior, en la que una dama perdió un ojo?-, una República que considera que el victimismo es un síntoma de debilidad argumental y la que nunca confundiría exilio con fuga. En resumen, un sistema político que no depende de la genética familiar y que aspira a una sociedad más justa en la que los corruptos paguen lo que han robado y los demagogos y manipuladores sean apartados de cualquier cargo público de responsbilidad.

Una decisión despreciable

Por: | 22 de junio de 2018

Manifestaciones-La-Manada

Todo el tinglado judicial del caso de la Manada es un puro disparate y quizá no tanto desde el punto de vista jurídico como del de el sentido común. El juicio, los razonamientos de la condena, al margen de la delirante explicación del magistrado González para pedir la absolución de los encausados y, ahora, los argumentos esgrimidos por dos de los tres miembros del Tribunal para decretar la libertad condicional previa fianza de 6.000 euros, es una muestra descarnada de la distancia que hay entre quienes viven en una burbuja jurídica y la sociedad.
Alegar que no hay riesgo de fuga porque los condenados son económicamente insolventes es, esencialmente, una estupidez. ¿Quieren decir los excelentísimos magistrados que si el delincuente es económicamente solvente debería estar en prisión? ¿Recuerdan esas lumbreras a un individuo llamado Rodrigo Rato, condenado a más de cuatro años por las tarjetas black, que sigue paseando su cuerpo serrano por el barrio de Salamanca? También señalan que no hay riesgo de reiteración delictiva, curiosa conclusión cuando cuatro de los cinco condenados tienen otra causa pendiente en Pozoblanco por haber abusado sexualmente de una joven drogada.
Pero en este asunto hay muchas más cosas. Hay, por ejemplo, una reacción gremial extrema en defensa del citado magistrado González, algo así como "sus razonamientos son un disparate pero es nuestro disparate". Hay también una letanía no pedida de los partidos políticos con ese arranque de que "hay que respetar las sentencias de los Tribunales...". Pues depende. Hay sentencias que son en sí mismas despreciables como también hay decisiones judiciales difícilmente comprensibles. No deja de ser un sarcasmo el respeto a las decisiones judiciales al mismo tiempo que se destruyen a martillazos los discos duros de un extesorero, como tampoco se entiende que unos matones de Alsasua sean condenados a 13 años por una pelea callejera y unos matones en San Fermín sean condenados a 9 años por violar en grupo a una chica por mas que uno de los magistrados considerara que lo ocurrido en aquel portal era una fiesta.
Ya hubo manifestaciones de protesta y habrá más. Seguiremos oyendo lo de respetar las sentencias, lo de la necesidad de reformar el Código Penal, incluso hemos de soportar que califiquen de reacciones histéricas las manifestaciones feministas, como ya lo hizo un abogado defensor de los violadores, pero da igual: los magistrados seguirán siendo excelentísimos y los depredadores financieros seguirán paseando por la calle y aquí paz y después, gloria.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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