TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Los tres problemas

Por: | 05 de diciembre de 2017

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Si de algo ha servido, y sirve, la crisis catalana es para comprobar la ineptitud de la clase política en general, y la de los gobiernos responsables de la misma en particular. Pocas veces se ha visto una actitud más autodestructiva que la de los responsable del procés y pocas veces se ha visto a una ciudadanía más comulgante con las ruedas de molino de quienes les ofrecieron un paraíso inexistente, pero si algo se ha consolidado en estos últimos meses es la contradicción.
Contradictorio es que el votante soberanista mantenga su fe, es decir, creer en lo que no ha visto nunca, pese a los datos objetivables de la huída de las empresas, la bajada del turismo y el aumento del paro. Es una especie del síndrome del kamikaze, una apuesta en contra de la realidad y del sentido común. La encuesta realizada por el C.I.S en los primeros días del pasado mes de octubre reflejaba, una vez mas, que el paro era el principal problema de los españoles a juicio de un 66,2% de los encuestados, lo que al parecer resulta irrelevante para quienes aspiran a una Cataluña independiente pues con sus votos demuestran que desean mas que quienes hayan sido condenados por "participar en la construcción del Estado catalán" sean amnistiados, como se señala en la ley de ruptura, que mantener el hipotético puesto de trabajo. Es una opción, naturalmente, pero radicalmente contradictoria con el instinto de supervivencia y estimulante para todos aquellos que envueltos en la estelada se lo han llevado crudo.
El segundo problema que más agobia a los españoles, siempre según el barómetro del C.I.S, es la omnipresente cuestión catalana que ha pasado del 7,8% hace un mes al 29% de primeros de octubre. Y con ese dato se muestra la ineptitud del Gobierno central que con su inacción política ha permitido que un problema menor se convierta en el segundo más importante para la ciudadanía. Cierto es que la Generalitat y el Parlament han transgredido todas y cada una de las reglas del juego pero no menos cierto es que la cuestión catalana viene de lejos y que ha dado avisos suficientes de su potencial como para tomarla en consideración.
Por último, el tercer problema más importante a juicio de los consultados en la encuesta es el de la corrupción y el fraude, con un 28,3% de las respuestas. Y aquí asistimos a la fusión de las ideologías pues convergentes y populares son los campeones del problema. Unos han encontrado en las aspiraciones rupturistas la fuga hacia adelante de un partido que tiene embargadas sus sedes y que cambia el nombre de su formación cada vez que se presenta a unas elecciones porque se avergüenza de sus siglas originales, y el otro porque va dejando una ristra de cadáveres políticos en su marcha triunfal hasta el banquillo de los acusados.

Sembrar la confusión

Por: | 01 de diciembre de 2017

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Conforme se acercan las elecciones del 21 de diciembre, los independentistas catalanes han optado como táctica la de sembrar la confusión caiga quien caiga. La última boutade la expresó el portavoz de los republicanos, Sergi Sabrià (ver foto), quien señaló que realizarán "un recuento paralelo" de los resultados ante el temor de un pucherazo. Naturalmente saben que resulta muy complicado manipular unos resultados electorales. Saben que en las mesas hay apoderados de todos los partidos que impedirían tergiversar el recuento. No les importa. Lo que de verdad les interesa es enfangar la convivencia. Ya llevan un tiempo con esa táctica. Primero, los muertos y la sangre en las calles. Ahora el pucherazo. La clave es menospreciar al sistema y por ende, a los ciudadanos, estúpidos como somos al no enterarnos de que vivimos en un régimen dictatorial.
En su desfachatez son capaces de calificar las elecciones de "ilegítimas e ilegales" aunque no solo se presentan sino que, convencidos de su ventaja, se han negado sistemáticamente a cualquier pacto o alianza con el resto de los partidos soberanistas. Tampoco les importa esa absoluta falta de coherencia. Lo sosrprendente del caso es que quienes alertan de un posible pucherazo lo ejercieron descaradamente en su propio Parlament, manipulando su reglamento, incumpliendo lo establecido y modificando las reglas del juego a su conveniencia. Todavía no han explicado por qué para aprobar una ley del referéndum se necesitan menos votos que para nombrar al responsable de la televisión pública.
Claro que tampoco su exvicepresidente y exresponsable de Economía todavía no ha reconocido su torpeza e incapacidad para gestionar su departamento. Un exvicepresidente que justificó su pacifismo declarándose creyente como si la religión católica no hubiera sido la causante de innumerables guerras y masacres, de inquisiciones y entradas bajo palio de generales golpistas. Es un demagogo aunque, probablemente, sea una lumbrera si se le compara con su expresidente exiliado unilateralmente que acaba de pedir garantías a la Junta Electoral para poder hacer campaña sin percatarse que la Junta Electoral no es competente en la materia. Es un ignorante.

Anomalías

Por: | 30 de noviembre de 2017

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Hans Rosenfeldt deslumbró a los amantes de las series con el guión de Broen (El puente), una coproducción sueco-danesa que comienza con un cadáver en el puente de Oresund que une Suecia con Dinamarca y en la que una pareja de detectives atípica trata de desentrañar el misterio. La segunda temporada, tras el éxito de la primera en los países escandinavos, se emitió en el Reino Unido. Puede ser el origen de que la cadena británica ITV produjera Marcella (Netflix), la nueva propuesta de Rosenfeldt.
Ocho capítulos con Anna Friel de protagonista absoluta, una detective retirada que vuelve a su trabajo tras la separación de su marido. Una mujer, también, con anomalías cerebrales -como la detective Saga Norén de El puente- que permite al guionista jugar con la ambigüedad de determinados actos del personaje central. ¿Truco efectista?, sin duda, pero con una coherencia en el relato de la trama que, a su vez, deja abierto un final que justificará la segunda temporada. El clásico dijo que el cine era un arte pero también un patio de butacas que hay que llenar y eso los buenos guionistas de televisión, y los responsables de las cadenas, tratan de cumplirlo a rajatabla.
La detective Marcella Backland tendrá que lidiar con sus agobiantes problemas personales mientras retoma su abandonada actividad policial en la que, además, vuelve a surgir el irresuelto caso de un asesino en serie que 11 años atrás le atormentó con sus fallidas pesquisas. Su marido, Jason Blackland, jefe de los servicios jurídicos de una gran empresa constructora, es el responsable de sus agobios, un prototipo del ejecutivo capaz de cualquier acto miserable con tal de mantener su status. Rosenfeldt une con habilidad los dos ámbitos en los que se desenvuelve la protagonista, el público y el privado, y consigue mantener el interés del espectador, la butaca que hay que llenar, aunque no con la brillantez del caso del cadáver en el puente de Oresund. La pujanza de las ficciones nórdicas es cada vez más indiscutible: buenos actores, excelentes guionistas y producciones ajustadas a las necesidades consolidan una industria que no solo rentabiliza las inversiones, el aspecto industrial del medio, sino que ademas exporta talento.

 

 

La burbuja dadaísta

Por: | 29 de noviembre de 2017

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"Y ahora me dicen que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! [...] ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?", declaraba el sargento de la Guardia Civil de Amanece, que no es poco. Pues en Cataluña, al parecer, la verdadera devoción es por el realismo mágico, con perdón del realismo mágico. Cuando la secretaria general de Esquerra Republicana de Catalunya, Marta Rovira, en una entrevista en la cadena Ser, niega la existencia de una salida unilateral para el conflicto soberanista catalán y la califica de "invento patentado por el Estado español", ¿está o no rindiendo un homenaje a un realismo mágico cutre, de andar por casa?
Que a estas alturas de la película alguien con cierta responsabilidad política en el ámbito del independentismo sea capaz de afirmar que la unilateralidad es producto de la imaginación del Estado está alcanzando un grado de cinismo inimaginable, además de una tomadura de pelo a la ciudadanía. Es comprensible que quienes están en prisión preventiva aleguen lo que haga falta para conseguir la libertad condicional, sea cierto o no. El deber de todo preso es salir de la cárcel. Pero que quien está libre manipule de tal manera, es una falta de respeto a la inteligencia.
Angels Barceló en esa misma entrevista le preguntó por quién había amenazado "con sangre en las calles" si se declaraba unilateralmente la independencia. La respuesta fue también ejemplar: "Se lo tendrán que preguntar a Puigdemont", pero si hay que preguntárselo al expresident ¿por qué lo afirmó rotundamente ella en otra entrevista radiofónica? Las contradicciones de la secretaria general de Esquerra le asegurarían un papel de extra con frase en alguna de las películas de los Hermanos Marx.
El vodevil soberanista hace tiempo que entró en terrenos dadaistas. Por un lado está una secretaria general que aspira a presidir el Govern acompañada, eso sí, por un fanático de las performances que atiende al nombre de Rufián. De otro, hay un expresident que se cree president, que está en un exilio unilateral y que preside un Govern de cuatro exconsellers en el exilio y el resto acatando el decreto por el que han sido cesados todos, incluidos los de Bruselas.
El dadaísmo, al cuestionar y retar el canon literario y artístico, crea una especie de antiarte moderno que es una provocación abierta al orden establecido. El dadaísmo soberanista cuestiona y reta a la razón y crea una antipolítica que resulta ser una provocación al orden establecido, un orden imperfecto pero necesario para la convivencia. Y en eso estamos.

Venganza

Por: | 26 de noviembre de 2017

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La primera sensación al contemplarla serie The Punisher (Netflix) es la de comprobar que no se trata de uno de los superhéroes de Marvel, la factoría más prolífica en comics, series y largometrajes de personajes dotados de poderes extraordinarios. La segunda sensación es que Marvel no puede renunciar a los protagonistas en los que el exceso es la norma. Frank Castle, the Punisher, es capaz él solo de acabar con media CIA y todas las fuerzas especiales que se le interpongan en su camino de venganza.
Creado para el comic en 1974, su primera aparición lo fue como rival de Spider-Man. Desde entonces a hoy ha ido recuperando protagonismo hasta conseguir una serie de televisión propia. Se le define como un antihéroe capaz dar y recibir palizas inacabables, visitar camillas hospitalarias con una frecuencia desmedida y matar y torturar con una eficacia solo concebible en un exmarine curtido en mil batallas en Iraq o Afganistán.
Su obsesión es vengar la muerte de su mujer e hijos, y aquí surgen una curiosa diferencia entre el comic y la serie: si en el primer caso los responsables de los asesinatos familiares era la mafia neoyorquina, en la serie lo es un grupo turbio de miembros de la CIA que ha traficado con heroína afgana. El enemigo está dentro y Frank Castle lo sabe.
Y si las historias de la factoría Marvel triunfan entre la gente joven -incluídos los científicos frikis de Big Bang Theory-, The Punisher no podía ser menos. Entre los usuarios de Rotten Tomatoes, la serie consiguió un 94% de aceptación, superada solo por Daredevil, serie en la que también aparece el personaje de Castle. Para los usuarios de IMBD, webs estas dos en las que los adictos a las series votan y califican sus favoritas, consigue una nota de 9,1 sobre 10 y se coloca en el lugar de honor. La violencia es un cebo apetetitoso para los jóvenes y Frank Castle es su profeta en una trama en la que, además, todo vale si se consigue el objetivo anhelado.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

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