TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

De la Plaza al Mercado

Por: | 30 de agosto de 2011

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En la noche del lunes se emitieron los dos últimos capítulos de la serie Plaza de España (la 1), una comedia de situación sobre la guerra civil, con un enfoque coral y unos más que notables guiones. Han pasado 75 años desde que un grupo de militares rebeldes se sublevaron contra el orden establecido y más de 70 desde que los vencedores de la contienda consolidaron un régimen dictatorial y cruel que duró cuatro décadas. La serie no pretende analizar, ensalzar o condenar aquellos hechos. Pretende entretener sin mas.
Es cierto que aún quedan problemas sin resolver, que aún colean historias dramáticas que, lamentablemente, un Gobierno socialista no ha sabido o querido dejar resueltas con una Ley de la Memoria Histórica realmente funcional y que una cierta derecha montaraz trata de impedir lo que el sentido común dicta: que los vivos entierren a sus muertos, pero para la mayoría de la ciudadanía, la guerra fue algo terrible que ocurrió hace mucho tiempo y que, por supuesto, forma ya parte de un pasado que todos deseamos sea irrepetible.
Plaza de España ha cumplido una función básica: entretener, y una función tangencial y no menos interesante: aceptar que el humor es saludable incluso en temas que a algunos pueden parecerles intocables. La serie se despidió con una audiencia que supera ligeramente el millón y medio de espectadores, un dato que no es espectacular pero tampoco desastroso. Una primera temporada en torno a un selecto grupo de habitantes de Peñaseca en plena guerra civil, con un desenfadado planteamiento y una representación de las distintas tendencias ideológicas del momento, sin que, a mi juicio, nadie se pueda sentir ofendido salvo que tenga un excesivo y trascendental sentimiento trágico del pasado.
Con capítulos dirigidos por María Cereceda, Rafa Parbus y Antonio Trashorras, un buen reparto coral con actores curtidos ya en muchas batallas televisivas como lo son Gorka Otxoa, Javivi, Enrique Villén, Eduardo Antuña, Carmen Esteban o Mariam Hernández, entre otros, y unos notables guiones, la continuidad con una segunda temporada de Plaza de España está aún por decidir, por más que la brusca interrupción del rodaje de la serie, incialmente previsto de 26 capítulos, haga presagiar lo peor. Es cierto que algo más de un 13% de audiencia media no es el mejor de los resultados, ni el peor, pero a ello habrá que añadir la inexplicada decisión de cortar radicalmente el plan incial que, como todas las decisiones herméticas, desatan rumores de todo tipo sobre lo intangible de determinados temas para una derecha ultramontana y una izquierda dogmática.
P.D.- Mariano Rajoy esboza una nueva y más dura reforma laboral si, como creen en el PP, consigue mayoría absoluta en las próximas elecciones. Se trata, sobre todo, de no molestar a los mercados. Dolores de Cospedal, por su parte, descarta aumentar las imposiciones fiscales a los que más tienen: "No es momento de demagogias", declaró la multiempleada presidenta de Castilla-La Mancha, en una desconocida acepción del término "demagogia" pues si bien es verdad que una ley que grave más a quienes más tienen halagaría a la mayoría ciudadana, la rentabilidad política de dicha medida se justificaría en la cuenta de resultados final. En fin, como dirían los de Telecinco: La que se avecina.

El triunfo de los fracasos

Por: | 29 de agosto de 2011

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En el largo y muy deportivo fin de semana no deja de ser contradictorio que el momento más importante, el más esperado, fuera el de un gran fracaso: la descalificación de Usain Bolt por una salida falsa en la final de los 100 metros lisos del campeonato del mundo de atletismo que se celebra en Daegu. Bolt es el amo del cotarro. Todos los grandes estadios se ponen en pie para ovacionarle cada vez que salta a la pista. Es el más anhelado por los organizadores de las competiciones. Y en uno de sus momentos estelares, el campeonato del mundo, la tensión, los nervios o vaya usted a saber el qué, el más grande se precipitó unas milésimas de segundo en la salida y fue descalificado.
Ese instante desastroso se repitió varias veces y seguramente será repetido hasta el aburrimiento en todas las televisiones del mundo. Es más, Bolt, en su fracaso, será mucho más recordado que Yohan Blake, el joven jamaicano que ganó esa maldita final de los 100 metros lisos. Así es la vida y así es la televisión, es decir, así somos todos.
Fútbol, atletismo, ciclismo, motos, fórmula 1, la televisión del sábado y el domingo era una orgía deportiva. También en el ámbito del fútbol una de las grandes noticias fue la de un fracaso: las emisoras de radio no pudieron informar desde los estadios de los partidos por la inflexible pretensión de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) de cobrar a todas las emisoras un canon de más de 20 milones de euros por las retransmisiones. La LFP cobra cantidades millonarias por las retransmisiones televisivas pero considerar que los programas de radio son iguales, o similares, que los de la televisión o es una idiotez o denota una codicia excesiva por parte de los clubes de fútbol. Conviene señalar que en esta temporada no pudo celebrarse la primera jornada por una huelga de los futbolistas, enfrentados con la tan mencionada LFP por una reivindicación tan justa como elemental: que los clubes deudores paguen lo acordado con sus trabajadores, futbolistas o no. Es decir, que quienes no son capaces de cumplir lo pactado con sus empleados pretenden ahora cobrar a las emisoras de radio sin quienes, por cierto, el fútbol no sería tan popular como lo es ahora.
No deja de ser un sarcasmo que los clubes de una de las ligas más importantes y peor gestionadas del mundo, unos clubes que en una gran parte están en concurso de acreedores cuando no tienen embargadas sus taquillas, unos clubes que con más frecuencia de la deseada se han convertido en unos pozos sin fondo de deudas, exijan ahora pagos millonarios a las emisoras de radio por informar de lo poco que se salva de ese gran tinglado de pícaros y aprovechados: los partidos de fútbol.

Poco pan y mucho fútbol

Por: | 27 de agosto de 2011

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Hemos llegado a un punto en el que de aquel "pan y toros" para satisfaccion elemental de las clases populares hemos pasado al "ni pan ni toros", naturalmente para insatisfacción de las mismas clases. El pan es cada vez más problemático en un país con una cifra de paro difícilmente sostenible, un Gobierno que actuó tarde y mal ante la crisis y que está teniendo un fin de fiesta o legislatura inolvidable, con modificaciones constitucionales urgentes, reformas laborales que cercenan paulatinamente los derechos adquiridos y una evidente incapacidad para resolver los problemas más acuciantes.
Resulta paradójico que para una gran parte de la ciudadanía, ante la falta de ideas y su aplicación práctica de un Gobierno de izquierdas para salir de una crisis, la solución sea votar a la derecha, una derecha que tampoco ha presentado alternativas creíbles para solventar la actual situación, y que en aquellas comunidades en las que gobierna o bien ha mostrado la misma incapacidad que el Gobierno de Zapatero, o bien ha sacado la porra autoritaria, como en el caso de la Castilla-La Mancha de la señora de Cospedal en su relación con las farmacias de su comunidad.
Pero si el "pan" está complicado, los "toros", en su sentido literal, también. La gran ventaja del espectáculo popular es que se ha sustituido la fiesta nacional por el fútbol y los programas de televisión llamados del corazón. Las cifras de audiencia del viernes lo dejan claro: el programa más visto, con más de 3,1 millones de espectadores fue la emisión de la final de la supercopa de Europa entre el Barça y el Oporto (TVE), partido que como cabía esperar ganó el Barça con ese juego entre pesado, hipnótico y con ráfagas deslumbrantes, comandado por ese diabólico Messi apoyado, eso sí, por el genial Iniesta. Lo curioso del caso es que incluso cuando su equipo gana, y gana bien, su afición no puede desprenderse de lo que ya es una fijación obsesiva por el entrenador de su gran rival, José Mourinho. Un curioso caso que debería ser analizado por algún experto en psicoanálisis de masas.
De los programas del "corazón", señalar dos temas tratados en sus producciones estrella: en DEC (Antena 3) se debatió sobre la conveniencia, o no, de mostrar unas imágenes en las que el bailaor Antonio Canales practicaba sexo oral en una playa pública en la hora de la siesta, debate barato que se desarrollaba mientras se iban mostrando las imágenes. En Sálvame de luxe, el gran tema era demostrar con una sentencia judicial de por medio, que el exmarido de María José Galera, en la actualidad miembro de la Guardia Civil, había sido condenado por maltratador de su exmujer en tiempos en los que estaba embarazada de cinco meses de una hija que fallecería años después. Con poco pan, mucho fútbol y un muestrario, al parecer inagotable, de lo peor del género humano. Es lo que hay.

¿Rey o dragón?

Por: | 25 de agosto de 2011


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Si hay algo evidente en el impreciso mundo de la programación televisiva es que el fútbol arrasa. En la noche del miércoles, la retransmisión del trofeo amistoso Santiago Bernabeu (La Sexta) entre el Real Madrid y el Galatasaray turco ratifica lo dicho: algo más de dos millones y medio de espectadores contemplaron el encuentro con la consiguiente disminución de los seguidores de las otras cadenas. Punta Escarlata, la serie de Telecinco, apenas superó 1.300.000 espectadores, y algo más de 1.500.000 fueron quienes siguieron las peripecias de Marchlands, la nueva serie propuesta de Antena 3.
Y si seguimos por el territorio de las evidencias, dentro del fútbol hay un personaje que destaca por encima del resto: José Mourinho, el rey o el dragón de dicho deporte. Ya no se concibe una sección deportiva de los informativos de cualquier cadena sin que el portugués sea el centro de atención. Todos su gestos y declaraciones son analizados y reproducidos hasta la saciedad y el aburrimiento. Lo que está claro es que informativos deportivos como los de Cuatro tendrían muchas dificultades en rellenar sus espacios si un día decidiera abandonar España el omnipresente Mourinho.
Aún se recuerda cuando el programa El día después (Canal +) anunció a bombo y platillo que tenían unos papeles del entrenador portugués encontrados en el suelo de su banquillo. Eran unas cifras que los expertos analistas descifraron y de las que se deducía que Mourinho despreciaba, o daba por perdida, la Copa del Rey. Fue el único título que consiguió el Madrid en la pasada temporada. Viene a cuento esto para demostrar que cualquier garabato u ocurrencia del luso se considera un tesoro informativo, el scoop del año.
El problema de Mourinho, o uno de ellos, es que tras un año en el Madrid ha conseguido del presidente todo lo que se propuso o deseó. Desde desprenderse de Jorge Valdano a fichar a los que consideraba oportuno. Todo se le ha dado. Es tiempo, pues, de ver resultados, de recoger la cosecha tan generosamente cultivada. Y ahí, en la recolección, está el problema. Si no consigue ganar la liga o la copa de Europa, objetivamente habrá fracasado, además de haber dejado una estela de damnificados como no se recordaba nunca en la historia del club.
El otro gran caso de doble personalidad (de lo mejor a lo peor) de la noche del miércoles fue el amplio reportaje que Hormigas blancas (Telecinco) dedicó al actor Andrés Pajares. El programa tiene y mantiene una notable calidad documental, y en el caso del cómico la sensación general era la de asistir a la ascensión y caída de un ídolo, naturalmente, en las coordenadas españolas. La irresistible ascensión de Andrés Pajares hasta la cima del éxito y la popularidad sólo podía equipararse a su terrible descenso a los infiernos del desequilibrio. Fue un caso ejemplar de un intenso viaje de la cúspide al abismo. De nuevo el dilema: ¿rey o dragón?

Tiempo de nostalgia

Por: | 22 de agosto de 2011

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Alguien dijo en una tertulia de Cuatro que "estos dias se parecian mucho a la Semana Santa de los años 40". Era verdad. TVE, Telemadrid y 13Tv, dos cadenas publicas y una privada, reconvirtieron el ambiente de 2011 en la plúmbea atmósfera de 194.... Un gran esfuerzo que no se vio recompensado por la audiencia. El despliegue de TVE del pasado domingo no llegó al 6%, algo menos de 600.000 espectadores, menos de la mitad del también nostálgico programa "Que tiempo tan feliz" (Telecinco) que presenta y dirige María Teresa Campos.
Respecto a las cifras no parece haber acuerdo. La patronal madrileña calcula en 160 millones de euros los beneficios para los sectores de la hostelería, el transporte y el comercio. Por su parte, los tres sectores señalados estiman que los beneificios no llegaron a 53 millones. El arzobispado de Madrid, más terrenal y pragmático de lo habitual, ha encargado una auditoría a la consultora PwC. No sabemos si los resultados serán públicos pero, en todo caso y si se cumplen los deseos de monseñor Rouco de que de la JMJ salgan 500.000 matrimonios, habrá que incluir un extra notable en conceptos como "fotografías de bodas",
Por lo que respecta al contenido espiritual de los últimos discursos papales en Madrid, poco más se puede añadir a lo que en ellos mismos destaca Benedicto XVI: que no se puede buscar a Jesucristo fuera de la Iglesia y que los jóvenes deben practicar la mansedumbre, de un lado, y tratar de evangelizar a sus coetáneos. Lo dicho: es tiempo de nostalgia, y del siglo XXI hemos pasado de un plumazo al siglo XIX del Papa Pío IX.
Menos mal que no todo son noticias inquietantes. Cuando todos los madrileños comenzaban a añorar a los cientos de miles de alegres peregrinos y asistían temerosos a la reapertura de las importantes calles y paseos cerradas al tráfico, con la consiguiente disminución de los accidentes, un acto organizado por el movimiento religioso Camino Neocatecumenal ha prolongado el cierre a los vehículos de los ejes Prado-Recoletos y Gran Vía-Alcalá. De seguir así, y a poco que se empeñen los Rajoy, Zapatero, Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre y monseñor Rouco, Madrid se ofrecerá como alternativa a Lourdes. Una bendición.

Un balance imposible

Por: | 21 de agosto de 2011

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Aunque ya comenzaba a parecer una utopia, Madrid recupera una cierta normalidad. Poco a poco se iran olvidando a esos cientos de miles de peregrinos con la sonrisa permanente y, sobre todo, con esa prepotencia que otorga el saberse miembro de una enorme tribu que cuenta, además, con el estímulo y la condescendencia de las autoridades municipales, autonómicas y centrales, hipotéticamente aconfesionales y prácticamente fundamentalistas de una de las religiones más reaccionarias de cuantas existen. En todo caso es el momento de hacer balance de una semana molesta y apabullante para los simples ciudadanos.
Naturalmente, para hacer un balance correcto habría que tener las cifras de gastos e ingresos pero todo parece indicar que nuestras autoridades municipales, autonómicas y centrales, lamentablemente, no están por la labor. Cabe preguntarse el por qué de ese oscurantismo, y las razones que se intuyen son varias: podría ser por vergüenza propia y ajena, por una absoluta falta de convicciones democráticas (la transparencia es sinónimo de respeto, la opacidad de nepotismo) o por esa cada vez más extendida idea de "esta finca es mía y hago en ella lo que quiero".
Vayamos por partes: ¿nos informará nuestro Gobierno central de cuántos millones de euros de sus presupuestos se han ido a pagar las extraordinarias medidas de seguridad, las horas extras de los agentes del orden o las horas y horas que Televisión Española, en sus dos cadenas, ha dedicado a la santa visita de Benedicto XVI? En nombre de quién o de qué los dirigente de TVE han decidido volcarse con los repetitivos reportajes de jóvenes cantando y dando la vara en calles y establecimientos, con comentarios a cual más cursi de las docenas de sacerdotes que aparecían en las pantallas. Desde luego en nombre de la audiencia, no, pues fue siempre muy baja, sin llegar al 7%.
¿Nos informará nuestro excelentísimo Ayuntamiento, con ese melómano y liberal alcalde Ruiz Gallardón al frente, de los millones de euros que se gastó el consistorio en engalanar las calles, pagar horas extraordinarias a guardias municipales, barrenderos, personal de limpieza y guardias de seguridad de edificios que deberían haber estado cerrados por vacaciones y que fueron reabiertos para albergar a los peregrinos?
¿Nos informará el Gobierno comunitario de doña Esperanza Aguirre de lo que les ha costado a sus arcas, que en realidad no son suyas sino de todos, esos generosísimos descuentos en los transportes públicos, la reapertura de todos sus centros escolares que deberían haber permanecido cerrados y, sobre todo, de los millones de euros gastados generosamente en unas interminables retransmisiones televisivas de Telemadrid, una de las televisiones autonómicas más endeudadas y con menor audiencia de todas?
Y como en los balances además de los gastos hace falta conocer los ingresos, la pregunta es obvia: ¿cuánto dinero se ha embolsado la conferencia episcopal con estas agotadoras jornadas para Benedicto XVI y los sufridos madrileños? Se han llevado derechos de retransmisión televisiva, o de imagen?. ¿El copyright de la salvación es suyo? Los tenderetes de la feria de las vocaciones del Retiro ¿generaron muchos ingresos?, ¿el merchandising celestial fue rentable? Que se preparen en Río de Janeiro.

Los desordenados agentes del orden

Por: | 19 de agosto de 2011

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"Hay muchos que, creyendose dioses, piensan no tener necesidad de mas raices ni cimientos que ellos mismos. Desearian decidir por si solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto...". La primera impresión objetiva al leer esta frase es la de que ha sido dicha por un ateo o un agnóstico, alguien que ataca duramente a la jerarquía eclesiástica católica. Primera impresión equivocada. La frase la pronunció Su Santidad Benedicto XVI, el Papa, es decir, la cabeza visible de una Iglesia que lleva más de dos mil años diciéndonos a todos lo que hay que hacer para ir al cielo o, de lo contrario, soportar el fuego eterno del infierno. Más de dos mil años señalándonos sin dudar lo que es verdad o no, lo que es justo o injusto, y todo ello, no lo olvidemos, con la cualidad de la infabilidad papal. Nunca se equivoca.

Cuestión distinta es lo de los obispos y arzobispos. Estos, al parecer, sí se pueden equivocar. Monseñor Rouco Varela, por ejemplo, acaba de profetizar que del encuentro de la juventudes en Madrid saldrán 500.000 matrimonios, una cifra impresionante aunque de difícil comprobación. Medio millón de matrimonios exigen un millón de personas, es decir que todos los que han venido a Madrid, monjas y curas incluidos, se verán abocados al matrimonio. Puede ser.

 Lo que desde luego es con toda seguridad es el comportamiento psicópata de algunos de los policías antidisturbios que actuaron en la noche de ayer para dispersar a los manifestantes laicos. Los informativos de La Sexta, Telecinco y Cuatro mostraron unas imágenes de algunos policías aporreando con saña a una chica que iba tranquilamente por la calle que indicaban claramente la necesidad de algún tipo de tratamiento psicológico o químico, o de los dos, a dichos representantes del orden. La violencia desatada contra los centenares de manifestantes laicos recordaban las cargas de los ya desaparecidos "grises" contra todo lo que se moviera en las calles. Eran otros tiempos pero la jerarquía eclesiástica seguía en lo alto del chiringuito estatal.

En fin, los madrileños seguimos soportando con infinita paciencia a los cientos de miles de cantarines y dicharacheros peregrinos, seguimos soportando con paciencia las interminables retransmisiones de las televisiones públicas de la visita del Papa (por cierto, la 1, en su largo programa pontifical de la tarde del jueves tuvo medio millón de espectadores, un 6,5% de la audiencia, es decir, un tercio del Sálvame diario con las habituales broncas tabernarias de sus colaboradores: un desastre), seguimos soportando la manipulación que gentes como Dolores de Cospedal o Esperanza Aguirre hacen sobre las manifestaciones de los laicos y seguimos soportando el comportamiento servil y bochornoso de un Gobierno socialista de un Estado aconfesional ante la visita del obispo de Roma.

Disculpas culpables

Por: | 18 de agosto de 2011

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El Partido Popular es, afortunadamente para los ciudadanos, una enorme caja de sorpresas. Es mas: cada día nos sorprenden mas que ayer pero menos que mañana. La última ocurrencia la protagonizó Esteban González Pons, el atildado portavoz de los populares. Por primera vez en mucho tiempo pidió disculpas a la ciudadanía. Bien. La cuestión es analizar el por qué de esa encomiable actitud de humildad y sentido común.

Visto lo visto en los últimos años, lo cierto es que el abanico de posibilidades por las que podían pedir disculpas eran grande y diverso. Podían haber pedido disculpas por los enormes, largos y calculados silencios de su líder, Mariano Rajoy, sobre los numerosos problemas de los que la mayoría ciudadana reclamaba explicaciones. Podían haber pedido disculpas por tener una nomenclatura como la valenciana imputada en varios delitos de corrupción. O por haber tratado de identificar la situación económica española con la de aquellos países comunitarios con un evidente riesgo de quiebra: Irlanda, Portugal, Italia..., favoreciendo los movimientos de los especuladores internacionales. Por las denuncias indemostradas de Dolores de Cospedal. Por el interesado y demagógico uso del terrorismo para sus fines partidarios, en fin, por tantas y tantas cosas. Pero no, las disculpas del señor González Pons ofrecidas en nombre de su partido lo fueron porque en un cóctel del Ayuntamiento de San Sebastián dos de sus concejales fueron filmados charlando e, incluso, brindando, con el alcalde de la ciudad, Juan Carlos Izaguirre (Bildu), una formación política que guste o no ha pasado el tamiz de la legalidad y obtuvo un importante número de votos en el País Vasco.

Otro tema curioso y digno de estudio es el del toro "Ratón" quien ya tiene en su curriculum dos muertes, la última en Xátiva. Pues bien, el alcalde de Sueca (PP) ya lo tiene contratado para las próximas fiestas de la localidad. A ello hay que añadir que el caché de "Ratón" es cinco veces superior al de la media de los toros que se utilizan en los festejos. Al parecer lo que el personal quiere es sangre y, naturalmente, nuestros ediles no dudan en dar lo que el pueblo demanda. Lástima que no ofrezcan también puestos de trabajo, viviendas dignas y servicios sociales adecuados.

Por lo que respecta al programa más visto en el día de ayer, con más de ocho millones de espectadores y el 56% de la audiencia, es decir, el Barça-Madrid de la supercopa, poco más se puede añadir a lo visto, oido y leido en las últimas horas. Ganaron unos, perdieron otros, se produjo la ya tradicional tangana final y se consolidó el mal perder de Mourinho. Un pequeño apunte inédito: el día que un delantero de uno de los grandes equipos señale con los dedos índices hacia abajo, hacia el suelo, al meter un gol no sólo nos enteraríamos que su abuelo o su abuela eran unos golfos sino que, además, rompería los esquemas del personal. Todos dan por sentado que sus seres fallecidos más queridos están en el cielo. Alguno estará en el infierno, ¿no?

No somos nadie

Por: | 17 de agosto de 2011

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Este largo y torrido verano cada vez recuerda mas a el dia de la marmota. Uno comienza el domingo con unos informativos en los que la proxima visita del Papa ocupan un lugar importante, y con todos los cronistas deportivos ilustrándonos sobre el primer partido del Madrid-Barça de la supercopa, y tres días después contempla en los informativos la inminente llegada de Benedicto XVI y toda la información imaginable sobre el Barça-Madrid de la supercopa.

Naturalmente se han producido otras noticias. Por ejemplo que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (PP) ha decidido poner su grano de arena para salir de la crisis con la imaginativa idea de cerrar el grifo a unas mil personas dependientes, con pensiones que no exceden los 600 euros al mes e imposibilitadas para hacer las faenas más comunes de la casa por los muchos y variados achaques que suelen aquejar a la tercera edad. La relación que existe entre los grandes especuladores internacionales, los bonos basura norteamericanos, las burbujas inmobiliarias y la codicia bancaria con los dependientes canarios no está al alcance de la mayoría de los mortales. Quizás por eso se necesitan lumbreras que ocupen los puestos directivos de la política y las finanzas para que con su preclara inteligencia nos iluminen el camino.

 Por otro lado, el largo y tórrido deambular de los cientos de miles de alegres peregrinos que inundan calles y plazas madrileñas a la espera de Su Santidad se sigue desarrollando con la normalidad de una ciudad que ha visto cerrar al tráfico sus vías más importantes. Alguna lumbrera debería explicar también la relación que existe entre la visita de tres días del obispo de Roma a Madrid y el cierre total al tráfico rodado de su centro durante siete días. Alguien explicó que las incomodidades urbanas se suplían con la irrupción del amor fraterno y cristiano. Vale. Menos mal que la fina estilista doña Ana Botella, teniente alcalde del ayuntamiento madrileño, nos iluminó a todos sus conciudadanos sobre las verdaderas intenciones de la manifestación laica que protesta por los costes de la visita papal: "Es una provocación", señaló la visionaria.

Pero para iluminados los directivos de Telemadrid que decidieron programar horas y horas en la tarde del martes de todos los preparativos de la misa que celebraría al aterdecer monseñor Rouco. Lo difícil del asunto es rellenar tantas horas con algo que tenga interés: sacerdotes en el estudio central, entrevistas en la calle, más sacerdotes en el estudio central, más entrevistas en la calle, un sin fin de vulgaridades en una cadena autonómica pública de un Estado no confesional. Un disparate más de las huestes de doña Esperanza Aguirre. Cosa distinta es que la TDT privada 13 tv tenga pensado dedicar 250 horas de programación a la tan mencionada visita papal. Es su decisión y lo pagan ellos (al menos de forma directa). Por cierto, con tanta conexión en directo con los peregrinos y con tantas horas que rellenar, se apuntan datos que parecen espectaculares: pueden llegar a ver los momentos cenitales de la visita unos 600 millones de espectadores, es decir, un 20% más que el primer partido de la supercopa. No somos nadie.

Alegres y dicharacheros

Por: | 15 de agosto de 2011

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El Madrid-Barça del domingo fue el pistoletazo de salida de una nueva temporada futbolera. A la misma hora que ardía el Bernabeu, Canal + emitía el remake norteamericano de Déjame entrar, una insólita y excelente película de vampiros, pero quizás la noticia televisiva de la noche del viernes es que en Telecinco no se presentaba ninguna secuela de la secuela de Supervivientes, ni siquiera una precuela. Por su parte, las juventudes mundiales irrumpían ya por las calles, plazas y explanadas de España con sus alegres cantos y bailes muy al estilo de los ya desparecidos Viva la gente.

Del Madrid-Barça poco se puede decir que no lo dijeran claramente las imágenes. Jugó más y mejor el Madrid pero el Barça fue mucho más resolutivo. Personalmente creo que en Barcelona se debería quitar la farola de la fuente de  Canaletas y colocar en su lugar una estatua hiperrealista de Messi. Al fin y al cabo es a él a quien el club le debe su grandeza.

La nueva y norteamericana versión del filme sueco Déjame entrar, es tan perturbadora como la original, lo que ya es mucho decir de una industria cinematográfica como la de Hollywood tan pragmática y, por lo general, tan falta de ideas, pero, a la vez, tan poderosa y prepotente. La amistad entre dos extraños niños, enmarcada en una atmósfera tenebrosa, convierte la adaptación de la novela homónima de John Ajvide Lindqvist en una de las historias de vampiros más interesantes de las muchas que se han hecho, series de televisión incluidas. La industria del cine, y la de la televisión, suelen aprovechar al máximo cualquier éxito de taquilla o de audiencia. Exprimen hasta la saturación las posibles secuelas de una buena obra, de ahí que aún resalte más cuando en el maremagnum de las secuelas surje un filme insólito. Ese es el caso de Déjame entrar.

Respecto a las alegres y cantarinas juventudes del mundo mundial que nos invaden en este caluroso agosto para alegría de los creyentes, de los carteristas y de los ligones de explanada, cabe explicar alguna de las razones por las que los progres españoles (de cierta edad, habría que añadir) son tan anticatólicos, o tan partidarios del laicismo, razones que el columnista de El País, John Carling, parece no entender. El señor Carling no se educó en un país y en un régimen surgido de lo que la jerarquía católica calificó de cruzada nacional. No soportó colegios de curas y monjas con rezos y misas obligatorios, con ejercicios espirituales interminables también obligatorios, con semanas santas en las que la radio solo emitía música clásica y la única televisión ponía La túnica sagrada o Balarrasa indistintamente, y, sobre todo, no le inculcaron desde que tenía uso de razón que cualquier placer terrenal era pecado, desde el onanismo a las películas que la misma jerarquía católica calificaba con un "4" (gravemente peligrosa), pasando naturalmente por cualquier contacto sexual. Se educó a varias generaciones "para el bien morir", no "para el bien vivir". Después se iban conociendo prácticas eclesiásticas poco acordes con lo que predicaban, desde la pederastia al registro de propiedades muncipales. En fin, todo eso explica el laicismo de lo que se viene en llamar progres españoles, un resintimiento que afortunadamente para ellos no sienten las jóvenes generaciones, todas aquellas que nacieron en torno al fin del franquismo y que no tuvieron que soportar tanta intolerancia e hipocresía.

 

El País

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