De ladrones de güantes blancos hemos pasado a guerras de güantes blancos. La campanada más notable la acaba de dar Rodrigo Rato, presidente aún de Caja Madrid y expresidente de varias entidades, la última, Bankia. Señalaba Rato en el consejo de administración de la caja madrileña del pasado viernes que la inyección de 23.000 millones de euros de dinero público (600 euros por cada españolito que ha venido al mundo) "desgraciadamente se va a hacer a costa de fondos públicos (2 % del PIB) y causando un grave perjuicio a los actuales accionistas de Bankia, pues el efecto dilutivo va a provocar una enorme caída en la cotización de la acción". Añadió que el desastre "tiene su origen en unas inversiones inmobiliarias que se hicieron en el pasado, que a fecha de hoy y dada la situación existente pueden considerarse excesivas, pero que debemos ubicar en el tiempo". Bien.
El eminente financiero sitúa la fecha fatal en verano de 2007, cuando estallaron las hipotecas basura. Dicho de otra manera, a mí que me registren. Lo sorprendente del asunto, o una de las sorpresas, es que una de las primera decisiones del flamante presidente de Bankia, y pese al lamentable estado en que la dejó su predecesor Miguel Blesa, fue la de subirse su sueldo en un millón de euros más al año, subida corregida a la baja posteriormente por el Gobierno. Retrocedamos para "ubicar en el tiempo" los problemas de hoy.
En 2007 estalla la crisis de las hipotecas basura, es decir la burbuja inmobiliaria y especulativa en el mercado de bienes inmuebles. Los precios inmobiliarios se incrementaron muy por encima del IPC y de las rentas, lo que se explicaba por la falta de suelo edificable, los beneficios fiscales a la adquisición de viviendas, la inmigración, la especulación, las recalificaciones y el crédito fácil. Los expertos en la materia -incluido el Banco de España- sitúan el origen de la citada burbuja inmobiliaria en 1997, pues se habla de "la existencia de una cierta infravaloración de este activo en la segunda mitad de la década de los noventa".
Llegados a este punto resulta imprescindible algo de documentaciön: José María Aznar fue el cuarto presidente del Gobierno de España en las legislaturas comprendidas entre el 5 de mayo de 1996 y el 17 de abril de 2004, por el Partido Popular, es decir, que los expertos sitúan el inicio de la tan mencionada burbuja al año siguiente de llegar al poder Aznar. Bien. ¿Quién era el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía entre 1996 y 2003: Rodrigo Rato. De lujo.
Y así como la cabra tira al monte, algunos políticos parecen tirar al ladrillo. El portal argentino Informereservado.net informaba en su día que "José María Aznar habría hecho de intermediario entre Rupert Murdoch y el presidente argentino, Néstor Kirchner, para facilitar el desembarco de News Corporation en Argentina. La intención del magnate de la comunicación es producir desde Buenos Aires el canal Fox News en español". "Desde su salida de la Moncloa", añade Informereservado, "José María Aznar ha entrado a formar parte de los consejos de administración de News Corporation, del fondo de inversión británico Centaurus (con sede en Londres aunque opera desde las Islas caimán, paraíso fiscal de pro) y de la inmobiliaria estadounidense J. E. Roberts, cuyo presidente también se ha reunido, acompañado por Aznar, con Kirchner en Buenos Aires". Extarordinario.
De otras guerra como las que mantiene Carlos Dívar, presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, contra el sedentarismo mesetario, o la que mantiene el Vaticano contra sí mismo, se hablará en otro momento. Habrá que dejar constancia, eso sí, que los tabloides amarillos alemanes tipo Bild, tienen ya algo más carnaza con el resultado del referéndum de Guijo de Galisteo y sus dos pedanías, Valrío y El Batán sobre cómo gastar 15.000 euros: en fiestas con vaquillas o en puestos de trabajo coyunturales. Resultado final: Guijo de Galisteo se gastará 5.000 euros en fomentar el empleo (la cuestión es saber cómo), y Valrío y El Batán se gastarán 5.000 euros cada una para que los lugareños puedan correr delante de alguna vaquilla. ¡Que Merkel nos coja confesados!