Desde hoy y hasta el próximo 1 de julio el mundo ralentizará su vértigo. Las primas de riesgo, los rescates financieros, los escándalos de corrupción, incluso los largos fines de semana de Carlos Dívar, moderarán su afán de ocupar el lugar central de la actualidad. Ya están aquí los gladiadores del césped. 22 jóvenes tratando de dominar la pelota. 22 jóvenes multimillonarios acatando disciplinadamente las decisiones de un comercial vestido de negro y con un silbato. Es el fútbol -ese deporte capaz de hacer salir a la calle a ciudades enteras como La Coruña o Vigo- y Europa encuentra un respiro.
Las televisiones, generalistas y TDT, hace tiempo que preparan sus programas especiales. En España los derechos de retransmisión los tiene Mediaset lo que no impide que La Sexta y Marca TV alardeen de ofrecer los mejores resúmenes, los mejores previos, las mejores ruedas de prensa y las mejores tertulias. Llega un momento en que el telespectador ya no sabe que hacer con tanta maravilla. Naturalmente, las mediciones de las audiencias van colocando en su lugar tanto prodigio, bueno, las audiencias y Luis Aragonés, conocido familiarmente como El zapatones, anterior seleccionador nacional con el que se consiguió la Eurocopa de 2008 y con el que no se consiguió el Mundial de 2010 (lo consiguió Vicente del Bosque), un dato que, al parecer, Aragonés no acaba de asimilar. El se considera el dueño del copyright de la actual selección de fútbol y, por lo tanto, no tener en en su curriculum el campeonato mundial no deja de ser una enorme e histórica injusticia.
Mañana Telecinco emitirá un documental sobre la selección española. En su promoción, se ve y escucha a Aragonés en el vestuario alentando a los jugadores: "Nos han dado hostias de todos los colores...", explica el sabio de Hortaleza, otro de sus alias. Pues eso, nos han dado, y nos pueden dar, de todos los colores y alguno más. El domingo España debuta frente a Italia, una selección incómoda, desconcertante y, al menos antes, con una cierta tendencia al cerrojazo aunque no tanta como la que tiene Rajoy y su Gobierno ante la posible investigación y clarificación del caso Bankia. La diferencia esencial es que Italia con el catenaccio pretende que no le metan goles en su puerta, y Rajoy y su Gobierno lo que pretenden es que no se sepa con certeza y claridad quien ha metido ese enorme gol de 23.000 millones de euros a la ciudadanía.