Primero se hace la foto entregando lo robado. Después, nos estafa a todos incumpliendo una a una sus promesas electorales. Como una serie de entidades financieras internacionales y nacionales, con la aquiescencia de los gobiernos, tuvieron a bien desatar absolutamente su codicia, ahora, los grandes reaccionarios de la política y sus servidores nos meten en cintura por derrochadores, desmontan el frágil Estado del bienestar y nos animan a que comprendamos la ineludible necesidad del sacrificio. Un lujo de argumentación.
En todos caso, el mando a distancia de la televisión permite revisitar a los tres enemigos del alma, el mundo, el demonio y la carne en un plis plas, algo que no alivia las consecuencias de las intervenciones, ajustes y recortes, pero sí posibilita, al menos, el contemplar una buena parte de los logros y miserias del ser humano, además de irritar a la jerarquía eclesiástica, la cual, por cierto, no ha sufrido el menor ajuste o recorte en sus privilegios.
El mundo, o una parte de él, se pudo contemplar en la noche de ayer en dos tertulias nocturnas de dos televisiones -afortunadamente- muy minoritarias. Nos referimos a 13 TV (la cadena de los obispos) y a su tertulia De hoy a mañana, dirigida por Alfonso Merlo, y a Kilómetro 0 (Telemadrid), dirigido por Ana Samboal, dos visiones de los acontecimientos del día con una proclividad meridiana hacia el reaccionarismo más pedestre y con algún contrapunto progresista para aparentar una cierta ecuanimidad. Lamentables aunque, como ya se ha dicho, muy minoritarias: 13 TV se sitúa en el puesto 14 de las audiencias de las cadenas privadas de TDT, y Telemadrid, en el octavo puesto de las autonómicas, datos de ayer, martes. Cualquiera de los dos programas matarían por alcanzar la audiencia de Bob Esponja.
El demonio, o uno de ellos, lo puso de manifiesto con talento el largometraje franco-canadiense Incendies, dirigido por Denis Villeneuve (Canal +), una espléndida película en la que la reciente historia de una familia libanesa permite mostrar la crueldad de la guerra y la irracionalidad de los fundamentalistas religiosos, sin convertirse por ello en un filme panfletario, trascendiendo el análisis maniqueo. Terrible en su desoladora belleza.
La carne, finalmente, la ofrecía la cadena 8 Madrid con la proyección del largometraje El fontanero, su mujer y otras cosas de meter, dirigida por Carlos Aured en 1981 y, probablemente, una de las películas semipornos de mayor éxito en las salas cinematográficas y en las descargas on line nacionales. Una comedia sin pretensiones, con una trama simple y poco verosímil pero con detalles graciosos. Un fontanero y su ayudante recorren la ciudad a bordo de un 600 y sin quitarse el mono en ningún momento, o casi, se convierten en los mayores seductores urbanos que se puedan imaginar, espoleado el macho-alfa por haber descubierto una infidelidad de su santa esposa. Costumbrismo de lavadora y grifería que, sin embargo, no debe de preocupar en exceso a la intocable jerarquía eclesiástica porque la audiencia de 8 Madrid no aparece ni entre las 20 primeras cadenas privadas de TDT.