Si el estilo es el modo, manera o forma de hacer algo, la clase política española es un vivero cotidiano y, casi, inabarcable de malos modos, de malas maneras y malas formas. Los informativos de televisión y la prensa escrita dejan cumplida constancia. Hagamos una selección de ejemplos.
En primer lugar, ¿quién ha sido el brillante cerebro que se la ha ocurrido llevar a la Reina a inaugurar el nuevo Parador de Lorca?, un edificio de lujo, con piscina cubierta, spa y 76 habitaciones. El inefable ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, destacó la "calidad" del edificio y ha hecho un llamamiento a la sociedad para que aprovechen el periodo estival para conocer Lorca. Sólo le faltó animar a las familias mineras a que veraneen en la localidad murciana. El problema, o uno de ello, es que en Lorca un año después de los seísmos, que causaron nueve muertos, 324 heridos, 1.200 millones de euros en daños y el derribo de 1.164 viviendas, solo dos edificios están en reconstrucción, la casa cuartel de la Guardia Civil y un modesto inmueble de bajo y dos plantas en la plaza de El Ibreño, además de algunas casas unifamiliares. Unos 150 edificios siguen en situación de "indefinición administrativa" a la espera de que los técnicos del Ayuntamiento decreten su demolición o su conservación, entre ellos varios inmuebles del barrio de La Viña, "zona cero" de la tragedia, y todos los que siguen en pie en el barrio de San Fernando.
Otro ejemplo meridiano del peculiar estilo de algunos de nuestros diputados fue la ya celebérrima frase de "¡que se jodan!" pronunciada por la diputada del PP Andrea Fabra (ver foto) cuando aplaudía con el resto de su bancada la propuesta de Mariano Rajoy de recortar las prestaciones a los parados. El momento de tan sutil conclusión fue recogida por el programa Al rojo vivo (La Sexta), consiguiendo con ello una de sus mayores audiencias (432.000 espectadores) y que el hashtag #andreafabradimisón se convirtiera en trending topic mundial. Se da la circunstancia de que la afamada diputada es hija del no menos celebérrimo y multiprocesado cacique castellonense Carlos Fabra, presidente del PP de Castellón.
Pero como no todos los males proceden de la clase política, señalemos el detallazo de Carlos Dívar de reclamar la pensión indemnizatoria prevista para los altos cargos del Estado. Recordemos que el señor Dívar tuvo que renunciar recientemente a los cargos de presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial por causa de indignidad. Demasiados viajes de largos fines de semana a Marbella y otros epicentros de estudios jurídicos. En caso de que el pleno del Consejo reconozca la pensión (informa El País), Dívar cobrará aproximadamente 8.670 euros mensuales durante dos años y al margen de su pensión de jubilación, que le corresponde por su condición de magistrado jubilado desde el 31 de diciembre pasado y que el interesado se encargó en enero de tramitar. Es el momento de, con buenas formas, exigirle que devuelva lo malgastado.