Cerca de tres millones de espectadores contemplaron el primer capítulo en abierto de la excelente serie producida por HBO Juego de tronos (Antena 3). Era previsible pero, como todo en televisión, su éxito no estaba asegurado. El gran Rafael Azcona decía que si en el cine se pudiera asegurar el éxito, las productoras serían del Banco de Santander. Lo mismo es aplicable a la televisión en donde el éxito o el fracaso depende de factores que no pueden ser controlados ni por los productores ni por los programadores. El espectador, a la postre, es el que decide. Todo ello quiere decir que comentar, observar y analizar los programas de éxito es, en definitiva, un interesante baremo por el que medir el nivel cultural, o los gustos, de la ciudadanía.
Hace pocos días Manuel Villanueva, director general de contenidos de Mediaset (Telecinco y Cuatro, entre otras), afirmaba que la cadena estrella del grupo no podía prescindir de Sálvame, que sería una locura. El programa de Telecinco es uno de los mayores éxitos cuantitativos de la cadena en la programación de la sobremesa, en su caso, larga sobremesa. Su audiencia media oscila entre 1.5 y 2 millones y, probablemente, cuenta con una audiencia constante y fiel. Cuatro largas horas en los que los contertulios representan, en realidad, una gran corrala. Sin asomarse a ninguna balaustrada, y aprovechando los medios audiovisuales, su actitud, comentarios y temas a debatir podrían compartirlos la ciudadanía de hace cuatro o cinco siglos. Se rehuyen los temas generales, las abstracciones, y se pasa a comentar lo concreto e individual, generalmente cuestiones relacionadas con instintos básicos: el sexo, o su edulcorada y literaria extrapolación que llaman amor, sus aspectos colaterales (fidelidad, engaño, etcétera), los rencores (inmediatos o acumulados), tamizado todo ello por una sobrecarga de egocentrismo.
Son varias las peculiaridades del programa: en primer lugar, la productora no se excede en la renovación de lo noticioso. Cuando se produce un hecho que consideran atractivo (por ejemplo, que Isabel Pantoja se ha enfadado, y mucho, con Chelo García Cortés), el programa y los contertulios son capaces de mantenerlo en el candelero durante siete o diez días, por mas que el hecho en sí no de para cinco minutos de comentarios. Normalmente se forman dos bandos (a favor o en contra de una de las partes) y se enzarzan en discusiones ferolíticas que suelen acabar con una bronca más o menos sonada, bronca que a su vez repetirán varias veces en los programas sucesivos. Es decir, que si Isabel Pantoja ya no se habla con Chelo García Cortés, el tema ocupa el equivalente a las oscilaciones de la prima de riesgo en los informativos. La habilidad de los responsables del programa para estirar hasta lo inconcebible hechos intrascendentes para la audiencia, aunque no para el afectado, naturalmente, se demostró con la rescisión del contrato a uno de los colaboradores. Durante días y días convirtieron su ERE particular e individual en un espectáculo. Al final fue Luis Rollán quien pagó los platos rotos, y aquí paz y, después, gloria.
Y ayer, la corrala de Sálvame, alcanzó uno de sus momentos cumbres cuando la tertuliana Rosa Benito se lanzó hacia José María Franco, chófer que fue de Rocío Juardo, agarrándole bruscamente por el cuello de la camisa mientras desmentía "por la gloria de mi madre" lo que acababa de contar el mecánico de la difunta cantante: que Rosa Benito llamaba en ocasiones a José Ortega Cano, "Hortensia". Twitter era un hervor disparatado y la cadena no sabía muy bien qué hacer salvo pedir perdón a la audiencia y expulsar del plató a la tertuliana. Telecinco ya tuvo no hace mucho un fuerte encontronazo con las redes sociales en su programa La Noria por haber invitado, y pagado, a la madre de El Cuco, procesado y condenado en el cruel caso de la muerte y desaparición de Marta del Castillo, y la publicidad no está para bromas. Esto es lo que hay y lo que es uno de los programas televisivos de mayor y continuado éxito de audiencia.