Fue un largo y caluroso fin de semana con algunas gotas de estupefacción y un punto de desconcierto. El primer pasmo llegó el sábado de las manos de El Gran Debate (1.212.000 espectadores, un 15,4% de la audiencia total): allí estaba de estrella invitada un afamado delincuente de güante blanco llamado Mario Conde dándonos lecciones varias. El programa tuvo que cambiar de nombre (antes era La Noria) por haber invitado, y pagado, a la madre de un delincuente juvenil, El Cuco, involucrado, procesado y condenado en el caso de Marta del Castillo. Lo que al parecer no ha cambiado para nada es su lema: el fin, la audiencia, justifica todo, incluido el invitar a un delincuente para que nos diga lo que tenemos que hacer. El ínclito Mario Conde, que anunció que se presentará a las elecciones autonómicas gallegas con un nuevo partido, ha explicado alguna de sus intenciones: "intentar reparar los daños que usted está causando en algo que nos ha costado muchos años", el usted se refiere indistintamente a Mariano Rajoy y a la clase política en general.
Visto desde la calle, nos conformaríamos con que usted, don Mario, reparara los daños causados a la ciudadanía en general, y a los accionistas de Banesto, en particular. Por cierto, ¿habrá devuelto ya los 7.200 millones de las antiguas pesetas como exigía la sentencia de la Audiencia Nacional o se habrá resuelto con la quita de 500 millones de las, también, antiguas pesetas de fianza que le impusieron? En fin, son varias las dudas y pocas las certezas.
El domingo por la noche la cadena episcopal de TDT 13 TV, probablemente la más retrógada, junto a Intereconomía, de las que existen, sorprendió a su raquítica audiencia con la emisión de un programa doble de cine estupendo: True Romance (Amor a quemarropa), dirigida por Tony Scott (ver foto) en 1993, y The Big Chill (Reencuentro), dirigida por Lawrence Kasdan en 1983. Sólo hay dos explicaciones posibles: que al responsable de la programación de la cadena de los Obispos se le fuera la pinza o que estuviera de vacaciones y su sustituto sea un cachondo mental con buen gusto cinematográfico. Lo desconcertante del asunto es que 13 TV emitía una de las mejores y más divertidas películas de acción del espléndido Tony Scott (con un cameo inolvidable de Brad Pitt y un rendido homenaje al gran Elvis Presley) al mismo tiempo que el director se arrojaba por el puente Vincent Thomas en el puerto de Los Ángeles, una estructura de unos 100 metros de altura. Según Los Ángeles Times dejó una nota en su coche en la que indicaba sus intenciones suicidas. Que un afamado director y productor, con varias películas excelentes en su haber, con producciones de series tan buenas como The Good Wife, decida quitarse la vida es difícilmente comprensible y sólo demuestra la complejidad del cerebro humano. Inmediatamente después, la pantalla se inundó con música de Marvin Gaye y de los Rolling para disfrutar de esa espléndida película que es Reencuentro. De la acción disparatada al intimismo sentimental: el talento puede con todo.