¿Se puede hacer un programa de humor con temas como las opiniones de la extrema derecha sobre la muerte de Carrillo o la deriva de la derecha catalana hacia el independentismo? Se puede, incluso se agradece. El humor sirve, entre otras muchas cosas, para aligerar el dramatismo de determinadas situaciones o aclarar la espesura de determinadas opiniones. Un respiro entre tanto agobio. Y eso es lo que hicieron ayer los responsables de El Intermedio (La Sexta. 1.477.000 espectadores, un 8,7% de la audiencia), sin duda el programa más inteligente y divertido de los que se exhiben en las cadenas generalistas.
El recorrido que hizo el programa por las TDT de lo que hace tiempo se llamó "la caverna" fue espectacular. Todos los tertulianos opinaban sobre la muerte de Santiago Carrillo en el mismo día de su fallecimiento. Y todos, naturalmente, hablaban de la matanza de Paracuellos, un terrible episodio de la Guerra Civil ocurrido hace algo más de 75 años. Poco importaba que los historiadores más objetivos señalaran hace tiempo como responsables del mismo a la policía secreta soviética. Para los irredentos tertulianos, Carrillo era una criminal al que no había que darle el menor protagonismo como un personaje clave en la pacífica transición política española. El problema, o uno de ellos, son las hemerotecas y las videotecas. Las rotundas opiniones de hoy apenas se sostienen al rebuscar las opiniones de los mismos personajes hace unos meses. Fue, por ejemplo, el caso de Pablo Casado, presidente de las Nuevas Generaciones del PP de Madrid. Donde dijo digo, digo Diego sobre la inconveniencia de sacar a debate temas de la Guerra Civil. La gran duda de los El Gato al Agua, Dando Caña y los Jiménez Losantos es que la línea que separa sus reaccionarias opiniones de los intereses económicos que tanto dependen de las subvenciones públicas o privadas que reciben, se difumina hasta la invisibilidad.
La cuestión catalana tuvo también un problema con las vidotecas. Ese rifirrafe en el parlamento catalán entre Pascual Maragall y Artur Mas a propósito de la mordida del 3% de los presupuestos de las obras públicas no tiene desperdicio. Como tampoco lo tienen los recientes casos del Palau o los corruptos proyectos en los que surgía el nombre de Oriol Pujol vinculado a una trama que pretendía hacer caja con el sector de la energía o las nuevas ITV. Nadie discute el derecho ciudadano a la autodeterminación. Lo que se discute, o se analiza, es la manipulación de una casta dirigente que encuentra en el nacionalismo una defensa de sus propios intereses económicos y una rentabilidad electoral por la evidente incompetencia del, o de los, Gobiernos centrales. Esos vídeos de una serie de economistas catalanes explicando en inglés el "expolio" al que sometía España a Cataluña eran pura demagogia: ¿los 104 euros de pensión que la Generalitat reclamaba a una anciana ingresada en un hospital por haber sufrido un ictus, al considerar que no los gastaba por estar a cargo de la sanidad pública, se debían al expolio? En fin, temas complejos que programas como el de El Intermedio no tratan de solucionar. Pretenden simplemente relajar un poco al personal, darnos un respiro, lo que no es poco.