TV Blog de Harguindey

TV Blog de Harguindey

La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

Analistas, plumillas y políticos

Por: | 29 de septiembre de 2017

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Los analistas repiten una y otra vez los mismos argumentos a favor y en contra del procés. Los plumillas también. Los políticos hace tiempo que hablan a piñón fijo sin desmarcarse lo más mínimo del guión establecido. Los medios de comunicación informan tan amplia y continuadamente de la cuestión que han conseguido que la saturación sea la reina de la casa. Los jóvenes universitarios catalanes han encontrado su Mayo del 68 en septiembre de 2017. La derecha española ha delegado en jueces y policías sus responsabilidades políticas. La derecha catalana se ha hecho el hara-kiri al aliarse con sus enemigos políticos para tapar sus verguenzas y encontrar una salida en caso de incendio.
Los revolucionarios de salón, por su parte, frivolizan el lenguaje con la misma naturalidad que lo hacían las damas del ya desaparecido Embassy y hablan de presos políticos, esos que incumpliendo la legalidad pasan ocho o doce horas en una comisaría para negarse a declarar después ante el juez. Los revolucionaris de saló consideran que viven en un Estado de excepción por mas que, excepcionalmente, hayan decidido que para aprobar una ley de desconexión basta con 70 votos en el Parlament aunque para nombrar al responsable de TV3 sean necesarios 90.
Y así, poco a poco pero con constancia, llegamos a la ceremonia final en la que la confusión campa por sus fueros. La derecha inmisericorde del Gobierno aparece ante sus votantes como la defensora a ultranza de la Constitución y ante sus no votantes, como la fábrica de independentistas desde que en julio de 2007 recurrió ante el Constitucional 30 artículos del Estatuto de Autonomía catalán. La despiadada derecha del Govern se muestra ante sus votantes como la defensora de la libertad de expresión y ante sus no votantes, como la factoría de mentiras y manipulación capaz de negar lo evidente: la salida de la UE y del euro. Mientras tanto los jóvenes revivirán tiempos pasados corriendo por las calles con la policía detrás, las televisiones alcanzarán cotas de pesadez informativa inimaginables y los analistas, los plumillas y los políticos afilarán su ingenio para repetirnos una y otra vez las simplezas de siempre. Feliz fin de semana.

A vuelapluma

Por: | 27 de septiembre de 2017

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Impresionantes los minutos que el canal 24 horas dedicó con un plano fijo a la llegada de Rajoy a la Casa Blanca. El plano era una tontería: se veía, mal, un trozo de una puerta, parte de una columna y dos o tres estáticos y aguerridos jóvenes con unforme militar de gala. El presentador y los tertulianos que le acompañaban tenían que cubrir con sus comentarios la futilidad de lo que mostraba la cámara. Consiguieron que comentarios y plano televisivo estuvieran a la misma altura. Si como dicen los expertos el tiempo en televisión es oro, en TVE deben de tener una mina inagotable.
Imágenes de Joan Manuel Serrat en su gira latinoamericana. Explica que dice lo que dice porque puede y debe decirlo, porque así lo siente. Todo suena a sensatez. Da igual, le llamaron fascista y se lo volverán a llamar. Lo curioso del caso es que están mucho más cerca del fascismo, de la intolerancia y el sectarismo quienes se lo llaman. No importa: acaban de descubrir que reivindicar el nacionalismo decimonónico es lo más. Claro que también les llena de satisfacción el gritar, y pancartear, por la falta de libertad y democracia. Veamos que dice Eduardo Mendoza, al que todavía no han llamado fascista: "La Historia nos enseña que no se grita por las calles que no hay democracia cuando realmente no hay democracia; si te dejan salir a gritar lo que te da la gana es que las cosas no están tan mal". De cajón, algo que debería entender hasta Turull.
Por su parte, 400 de los 550 profesores de Derecho Internacional de toda España, 50 de ellos de Cataluña, han firmado un manifiesto en el que recuerdan que según la doctrina de las Naciones Unidas y la jurisprudencia internacional sobre el derecho de autodeterminación, la posibilidad de independizarse solo se reconoce en el caso de los pueblos de los territorios coloniales o sometidos a subyugación, dominación o explotación extranjeras". Y concluyen que Cataluña "no es una entidad que disfrute de un derecho de separación del Estado reconocido por el Derecho internacional, por lo que el derecho de libre determinación no puede constituir el fundamento jurídico para consultar a los ciudadanos sobre su independencia". Pelillos a la mar.

Desfachatez

Por: | 25 de septiembre de 2017

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Que un Gobierno conservador, de derechas, que ha financiado irregular e ilegalmente sus campañas electorales para mantenerse en el poder, que ha practicado una política económica que sólo ha favorecido a los poderosos, que les ha amnistiado y que ha estimulado la depauperación de la clase media y el empobrecimiento absoluto de los menos favorecidos, que ha manipulado y mentido, permitiera durante los cinco años que lleva en el poder que un problema político se pudriera y que, finalmente, la única solución que encuentra para resolverlo sea la de la fuerza entra dentro de su concepto del mundo.
Que un Govern presidido por un partido político que ha financiado irregular e ilegalmente sus campañas electorales para mantenerse en el poder, que ha practicado una política económica que sólo ha favorecido a los poderosos, que aprobó los recortes del Estado de bienestar, que ha manipulado y mentido, que ha roto todos los vínculos legales con la Constitución y el Estatut, que ha tenido que cambiar el nombre del partido para tratar de encubrir sus tropelías y que, finalmente, haya encontrado en la opción independentista la rueda de molino necesaria para correr un tupido velo sobre su pasado inmediato entra dentro de su concepto del mundo.
Que Mariano Rajoy mantenga la falacia de que hemos salido de la crisis gracias a la gestión de su Gobierno tras haber convertido al país en el paraíso de los trabajos temporales y a tiempo parcial explica, en parte, su temor a los encuentros cara a cara con los tan denostados medios de comunicación. Que Carles Puigdemont ofreciera el lamentable espectáculo que mostró en su entrevista con Jordi Evole, ratifica la convicción de Rajoy en las virtudes del plasma. Dos presidentes incapaces de sugerir ni siquiera un atisbo de pensamiento propio, algo que permita a la ciuadadanía intuir que quien ocupa la poltrona es algo más que un disco rayado, no se merecen la confianza del electorado. Toda su táctica se basa en la manipulación de la realidad. Salida de la crisis, Kazajistán, hemos conservado el Estado de bienestar, el Govern no apoya ni el sí ni el no..., son la desfachatez considerada como una de las bellas artes de la política, apoyados, eso sí, por una parte importante de la ciudadanía o, como diría el portavoz Turull, por una parte importante de súbditos pues tuvo a bien distinguir de esa manera a quienes apoyaban el referéndum de quienes no lo hacían.
Y una pregunta idiota: si el Parlament ya aprobó de aquella manera la ley de desconexión y la del referéndum, si no reconocen al Tribunal Constitucional, si los Mossos no tienen que obedecer a nadie que no sea del Govern, si ya se han desconectado de facto, ¿para qué hacer un referéndum?

Pantanos

Por: | 24 de septiembre de 2017

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No deja de tener su gracia que cinco años después de modificado el sistema de elección del presidente y el consejo de Administración de RTVE, los parlamentarios españoles hayan decidido el pasado jueves que el mejor sistema para elegir al presidente y al consejo de Administración de RTVE es el que estaba implantado hace cinco años. Es verdad que entonces una de las primeras decisiones del Gobierno del PP, con su mayoría absoluta, fue cambiar a su conveniencia el sistema de elección.
Al parecer la grave situación económica y social que vivía España requería reconvertir la televisión pública en el aparato de propaganda del partido.
Ya estaban preparando la solución para todos los males: bajar los salarios, cubrir los costes de la desastrosa gestión de las Cajas, barruntar una amnistía fiscal, implantar una reforma laboral preindustrial, rebañar el fondo de pensiones y encargar a un comité de expertos una ingente cantidad de metáforas y sinónimos que encubrieran la realidad. Y nada mejor para todo ello que controlar la RTVE.
También resulta curioso el ritmo laboral zen de los parlamentarios. Tras conseguir rechazar en el Congreso la torticera maniobra del PP en el Senado, en el que con su mayoría, el apoyo del PNV y de Coalición Canaria y la soprendente abstención del PSOE, quisieron modificar el sistema que se había aprobado previamente, ahora, con el sistema de elección definitivamente aprobado, se dan tres meses de plazo para designar al "comité de expertos" encargado de evaluar las candidaturas que se presenten al concurso. 90 días para elegir un comité. Lo importante es no agobiarse, señorías, que son dos días.
¿Qué los informativos de TVE perdieron 400.000 espectadores en los cuatro primeros años de la mayoría absoluta del PP? No pasa nada. También TV3 dejó de ser la cadena más vista en Cataluña. Pero... ¿y la satisfacción de ver a nuestros presidentes Rajoy y Puigdemont, entre otros, día sí y día también, inaugurando todo tipo de pantanos? Eso no tiene precio. Bueno, sí, sí tiene precio: a finales de 2015 el coste total de las televisiones públicas era de 1.877 millones de euros, de los cuales 948 correspondían a TVE y otros 928 millones a las autonómicas, con una plantilla total de 12.600 personas, también la mitad de RTVE. En realidad no es dinero si con ello se refuerza el ego de nuestros entrañables dirigentes.




No molesten

Por: | 22 de septiembre de 2017

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Bueno, ya hemos llegado a ese punto al que nadie quería llegar y en el que ninguno de los responsables políticos de las dos partes han demostrado la mínima sensbilidad e imaginación para resolver el problema. Si en una empresa privada sus responsables consiguen llevarla a un callejón sin salida no durarían ni un cuarto de hora. En política, al parecer, las cosas cambian: se pueden enrocar en sus decisiones caiga quien caiga, y si los que caen son los ciudadanos pues mala suerte y a seguir con el coche oficial.
La muy laboriosa, pacífica y cívica Cataluña tiene un Govern que no se lo merecen. Ha conseguido con la convocatoria de un referéndum ilegal y chapucero la fractura social sin bajarse del carro y anteponiendo sus intereses partidistas a los de la convivencia social. Han conseguido también que se instale la demogagio más burda y simple en las mentes de quienes hasta ahora habían demostrado sentido común. Un ejemplo: una foto de un policía mastuerzo que agarra con su antebrazo a un adolescente ha dado pie a comentarios tan demagogos como los de "así es la democracia española". En todos los cuerpos de policía siempre hay alguien que se pasa de la raya, incluídos los Mossos. Extrapolar un comportamiento minoritario para rechazar el sistema democrático es un insulto a la inteligencia.
Por su parte, los muy ordenancistas, privatizadores de beneficios y defensores a ultranza de los discos duros de los extesoreros de un Gobierno presidido por Rajoy, tienen una ciudadanía que no se la merecen. Han sido incapaces de ofrecer una alternativa distinta a la del palo y tente tieso para resolver un problema político. Su incompetencia ha estimulado, además, el ansia de pescar en río revuelto en personajes como Arnaldo Otegui y han conseguido crear un clima de crispación indeseado por la inmensa mayoría. Defienden la legalidad constitucional, sí, pero la defienden tarde y mal.
Ya no se trata de averiguar quien es el que tiene más culpa en el desaguisado. Todos sabemos de las torpezas de todos salvo los iluminados por una u otra revelación divina. De lo que debería tratarse ahora es de encontrar una solución razonable que exima al personal de tener que ocupar las calles para remedar la obcecación de sus dirigentes o de llevar centenares de bocaditos de nata a los juzgados para los centenares de imputados. Y si, como parece, no son capaces ni de dar el brazo a torcer ni de dejar de delegar sus propias responsabilidades en los juzgados o en la calle, dimitan, convoquen elecciones y, por favor, no molesten.

Don Benito y los políticos

Por: | 19 de septiembre de 2017

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Hace 105 años Pérez Galdós publicaba un nuevo volumen de los Episodios Nacionales, Cánovas. Reproducimos dos extractos del mismo para comprobar que siempre hubo visionarios con mejor pluma que la mayoría de las actuales y análisis menos demagógicos que los que hoy se ofrecen al personal.
"Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (...) No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (...) La España que aspira a un cambio radica y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental".
"Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una Nación; no remediarán la esterilidad de las estepas castellanas y extremeñas; no suavizarán el malestar de las clases proletarias. Fomentarán la artillería antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la grande y pequeña industria. Y por último, hijo mío, verás si vives que acabarán por poner la enseñanza, la riqueza, el poder civil, y hasta la independencia nacional, en manos de lo que llamáis vuestra Santa Madre Iglesia".

Todos somos tontos

Por: | 18 de septiembre de 2017

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Conforme se acerca la fecha del referéndum se incrementan las acciones y reacciones del Govern y del Gobierno. Lo curioso del asunto es que todos hablan en nombre de la democracia, unos acusando al Gobierno de totalitario y el Gobierno señalando lo evidente: que el Parlament en 48 horas ha renunciado a la Constitución, al Estatut y a las más elementales prácticas parlamentarias. Eso lo hemos visto y oído todos pero la memoria selectiva de los independentistas les lleva a obviar lo que acaban de hacer. El reflejo condicionado del Gobierno no es otro que judicializar todo lo que se le ponga por delante.
Y ya metidos de lleno en este pulso que parece irreversible, surgen los disparates dialécticos de quienes se tienen por militantes de izquierda, una izquierda peculiar que considera que apoyar el nacionalismo es revolucionario. Ya en su día Pablo Iglesias tuvo a bien gritar en un mitin "Visca Catalunya lliure". ¿Lliure de qué, de la tiranía de Madrid? Que lamentable es escuchar a un líder corear lo que parece satisfacer mas a su público dejando de lado la racionalidad. Claro que Juan Carlos Monedero estuvo también muy fino cuando afirmó en Baracaldo que la situación que se vive en Cataluña recuerdan "las justificaciones del 18 de julio de 1936". Es un análisis tranquilizador, ecuánime y riguroso.
Un rigor que al parecer comparte Anna Gabriel, la lideresa de la CUP, cuando explicaba ayer mismo a la ciudadanía que España no quiere que Cataluña se vaya por que vive de ella por mas que, según datos del Ministerio de Hacienda, Madrid es la comunidad que más aporta a la solidaridad regional con un saldo fiscal negativo (lo que da y lo que recibe) de 19.105 millones. Esta cifra supone más del doble que el caso de Cataluña, que aporta 7.439 millones. Son esos argumentos simplistas los que demuestran, consciente o inconscientemente, que a juicio de nuestros revolucionarios la ciudadanía es tonta. Se simplifica el análisis, es decir, se manipula y se machaca hasta que la papilla se la traguen los inmaduros votantes. Ya en la derecha, señalar que la afirmación del portavoz del PdeCat de que España se parece cada vez mas a Turquía, o Rajoy a Erdogan, es una prueba de esa memoria selectiva ya citada: eso lo afirma el portavoz de un partido que hace unos días, y en un plis-plas, se saltó a la torera toda la legalidad estatal y autonómica sin permitir opinar a la oposición.
De la parte contraria señalar la absoluta falta de ideas para resolver políticamente lo que es, ha sido y será un problema político. Y en esa parte contraria cabe incluir al PP, al PSOE y a Ciudadanos. Al partido del Gobierno sólo se le ocurre el palo jurídico. Han tenido cinco años para tratar de acercar posiciones pero, al parecer, era más rentable electoralmente leer el Marca. Los socialistas han estado mareando la perdiz con la España plurinacional, una entelequia inexplicada por inexplicable, y Ciudadanos no ha planteado otra actitud que su seguidismo a la solución de caña al mono hasta que hable inglés. Y en eso estamos.

Mafioso

Por: | 14 de septiembre de 2017

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"Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa". Carlos Marx. No está claro si el sentido último de la frase hay que atribuíselo a Hegel, a Marx o a Jean de la Bruyère. En todo caso con la divertida serie Lilyhammer (Netflix), a esos insignes nombres hay que añadir, de momento, los de Van Zandt, Anne Bjørnstad y Eilif Skodvin, guionistas de la misma.
Uno de los hombres importantes de la mafia italiana de Nueva York, Frank Tagliano (Steve Van Zandt), decide denunciar a sus jefes y acogerse al plan de protección de testigos porque le han matado a su perro. Y elige para comenzar su nueva vida una remota y pequeña localidad noruega, Lillehammer, porque vio por la televisión unos juegos olímpicos de invierno que se celebraron allí. A partir de ese arranque el espectador no podrá dejar de ver la cara, el careto habría que decir, de un espléndido Steve Van Zandt que lleva el drama de Los Soprano hasta la comedia coral con similar eficacia que la demostrada como guitarra solista durante años de la E Street Band de Bruce Springsteen. Con más años, muchos más kilos y cambiando el habitual pañuelo pirata de los conciertos por un gorro con orejeras pero igual de resolutivo.
Tagliano, como buen mafioso que es, no puede evitar el convertirse progresivamente en el amo de del pueblo, algo que no le resultará difícil en una sociedad absolutamente cívica y respetuosa para un personaje como él, acostumbrado a no cumplir ninguna otra regla que las propias de la mafia. Alli resolverá expeditivamente y sin el menor escrúpulo lo que los lugareños tardarían meses o años, desde obtener el carnet de conducir a convertirse en el dueño del local de moda o socio de una constructora de lujo. Todo lo resuelve con su estilo peculiar. Es una especie de Sr. Lobo tarantiniano en el país de los ingenuos. Lástima que no se celebraran en España unos juegos olímpicos de invierno. Tenemos mafiosos, locales de moda y contructores de lujo pero, al igual que los dirigentes políticos, no resuelven nada. Tagliano, por lo menos, nos hace reir.


Solidaridad con el señorito

Por: | 12 de septiembre de 2017

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Se despertó del amodorramiento que le habían provocado los telediarios del mediodía. Ya le había resultado un notable esfuerzo no dormirse ante los programa de tertulianos que parecían tener un solo tema de debate, el referéndum, por más que nunca se debatía nada: cada uno explicaba sus argumentos, algún que otro grito, un resumen de lo leído en la madrugada y ¡hasta luego, Lucas! Nadie convencía de nada a nadie, nadie rectificaba sus posturas porque todos estaban en posesión de la verdad absoluta. Parecían políticos aunque fueran periodistas.
A media tarde comenzaban las retransmisiones especiales en directo de la manifestación de la Diada, es decir, más referéndum. El Govern alardeaba de civismo y elogiaba la actitud pacífica del evento. Las tiendas de los alrededores no tenían que sufrir por sus escaparates. No se trataba de celebrar un triunfo del Barça. Y si hace muchos años se decía que "Epaña es diferente", está claro que ahora se puede afirmar que "Cataluña es diferente". ¿Cuándo se vió pedir dinero no para los chinitos del Domund, ni squiera para la caja de resistencia de una huelga de mineros, no, para el señorito Artur Mas y sus compis de Govern?
Pocas veces se ha visto al pueblo llano y sencillo solicitar su dádiva para pagarle la multa al caballerete, sobre todo si tenemos en cuenta que su padre había sido un mago de las finanzas: con una pensión de algo menos de 2.000 euros al mes multiplicó por diez su fortuna hasta alcanzar los 2,3 millones de euros que tenía en Liechtenstein y Suiza, fortuna que regularizó pero de la que nunca explicó su procedencia, ni él ni su hijo quien, curiosamente, en esos años de bonanza económica para el patriarca ocupaba cargos relevantes en la Generalitat: consejero de Política Territorial y Obras Públicas, el de consejero en Jefe e, incluso, el de consejero de Economía y Finanzas de la Generalidad, con Jordi Pujol, su padrino político al frente.
En fin, ya lo decía la megafonía de la Diada: “Si tú no lo ves claro / no intoxiques con pesimismo. / Tenemos mierda de sobra”.

Palos y zanahorias

Por: | 08 de septiembre de 2017

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De entrada, y desde hace días, casi semanas, ya no se habla de otra cosa: el pulso del Govern y el Parlament al Gobierno. Supongo que con tanto Gürtel, Púnica, 3%, Andorra, los Pujol..., el PP y Convergencia algo han ganado. Ahora se habla de palos y zanahorias. Para unos sólo hay tribunales, querellas y denuncias y para otros, maipulación, demagogia y, en el peor de los casos, falsas esperanzas en pos de un victimismo que les redima de tanta torpeza, y en el mejor, una amnistía para todos los que se cubrieron con esteladas para llevarse la caja. La solución intermedia es la de Artur Mas: que cada catalán ponga diez euros para pagar su multa y si sobra algo, pues una calçotada con barra libre. Relacionar esta petición con la colecta propuesta por Lola Flores en su día sería ensuciar la memoria de una grande con las mezquindades de un mediocre político catalán.
La pregunta idiota que todo catalán debería hacerse es: ¿Qué han hecho en algo más de año y medio que llevan en el poder nuestro Govern y nuestro Parlament por mejorar la vida de sus ciudadanos? Desde que Puigdemont ocupa la poltrona su única obsesión y, probablemente, su única dedicación ha sido el y por el procés. De todo lo demás ya se encargarían los empresarios, los autónomos y los funcionarios. En el fondo han demostrado que son inncesarios.
Claro que por la otra parte, el Gobierno y el Parlamento, tampoco están como para recibir premios. Hoy mismo hay una noticia que explica muy bien el concepto de la política económica de Rajoy, Montoro y De Guindos: "El Banco de España calcula que solo se recuperarán 14.275 de los 54.353 millones del rescate público a las entidades financieras". Dicho de otra manera: el Gobierno del PP ha tenido a bien regalar 40.000 millones de euros a las Cajas y Bancos. Las leyes más retrógradas de la etapa anterior siguen vigentes y, naturalmente, la izquierda y el centro han sido incapaces de ponerse de acuerdo para modificarlas.
Así que a lo que estamos asistiendo estos días, y los próximos hasta la guinda de la Diada, no es tanto a un choque de trenes sino a dos conceptos de la política en la que la soberbia e inactividad de unos se enfrentan a la manipulación de otros (han llegado a decir que el sí del referéndum es para echar a Rajoy cuando en realidad es desconectar con España, con Europa y con el euro, por mucho que lo silencien). Dos conceptos en los que el fin justifica los medios. El PP, detruyendo discos duros, cambiando jueces y fiscales y todo lo que haga falta para evitar los banquillos de la corrupción, y el Parlament, transformándose en la Asamblea Constituyente de Venezuela.

El País

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