TV Blog de Harguindey

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La televisión es la reina de la casa. Lo que se pretende en este espacio es comentar la actualidad televisiva más inmediata, los programas del día, desde cualquiera de los que se definen como “telebasura” a las retransmisiones deportivas, los espacios informativos, documentales, las películas o las series. Son los comentarios y recomendaciones de un telespectador común.

Sobre el autor

Ángel Sánchez Harguindey

Ángel Sánchez Harguindey perteneció a la plantilla de El País desde su fundación en 1976. Fue jefe de la sección de Cultura, responsable del suplemento cultural Babelia, redactor jefe de El País Semanal, redactor jefe de la sección de Opinión y Adjunto a la Dirección.
Ha publicado el libro "Memorias de sobremesa. Conversaciones con Rafael Azcona y Manuel Vicent" (Editorial Aguilar)

España vista por un pijo

Por: | 05 de febrero de 2018

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De lo particular a lo general. De una película con un presupuesto menor de 10.000 euros, Selfie, de Víctor García León, al mejor retrato de la España actual con un formato de falso documental visto a través del hijo de un ministro corrupto, un pijo que a fuerza de vivir en una burbuja verosimil se acaba convirtiendo en un excelente notario de lo que el propio realizador define como "una alegoría subnormal de España".
La cámara seguirá constantemente a Bosco, el hijo de un ministro encarcelado por corrupción con casoplón en La Moraleja, con varios coches en el garaje, uno de los cuales, el más caro, "se lo regalaron a mi padre porque a mi padre muchos le quieren mucho", nos explica. Se entera por el telediario que su progenitor ha ingresado en la cárcel por blanqueo de capitales, cohecho, malversación... y así hasta completar el catálogo de corruptelas al que ya estamos habituados. Es el princpio del fin. La madre, destacada militante del PP, decide volverse a su pueblo. Su hermana, a Nueva York y él comenzará un lento viaje al fin de la noche: de La Moraleja a Lavapiés.
Es tiempo de elecciones y Bosco, siempre con la cámara detrás, recorrerá diversos escenarios políticos donde se representan los correspondientes autos sacramentales laicos, desde Podemos al Partido Popular. En el primero de ellos conocerá a una ciega militante violeta con la que mantendrá una relación en la que el amor se entremezcla con el interés: la chica le proporcionará cobijo y un pequeño trabajo. Desde que le embargaron el casoplón familiar no tenía techo donde cobijarse. Ya está en Lavapiés. "¿Aquí es peligroso comprar comida?", pregunta. Le han expulsado del máster, la grúa se le ha llevado el coche y no puede pagar el rescate, le ha dejado la novia rica: es un apestado que todavía no ha tomado conciencia de su nueva situación. "Lo que pretendíamos era enseñar lo lamentable que somos", explica el director.
Mítin del PP en la Plaza de Colón con una Esperanza Aguirre que hace un cameo sin saberlo (en eso hay que reconocer su coherencia: gobernó rodeada de corruptos también sin saberlo). Viaje rápido a Talavera de la Reina a ver a su madre, responsable del PP local: nada qué hacer. ¡Hasta luego, Bosco! Su nueva novia le deja por un militante de izquierda que asegura lleva años preparando una oposición: "un idiota de izquierdas y otro de derechas se pelean por una ciega que no sabe lo que quiere ni a dónde va", explica García León. No se salva ni dios aunque con matices: "Con esta película he aprendido que los pijos son listos, pero ni necesitan aparentarlo. Algo que, en cambio, sí desarrollamos las clases medias, que nos esforzamos por mostrar lo cultos que somos. Pensamos en pijos vestidos de Armani oyendo música clásica, y en realidad la clase alta está en su casa con la camiseta de la selección española comiendo torreznos", concluye su responsable.
Una película con un presupuesto ridículo, con mucho talento, con mucha colaboración gremial, sin un duro de subvención y que casualmente triunfó en el Festival de Málaga, que encontró a posteriori un productor que la colocó a un distribuidor y que se exhibió en 80 locales y que ahora se puede ver en Movistar. Un pequeño cuento de la lechera a la que, afortunadamente, no se le rompió el cántaro aunque, eso sí, pueden volver a pasar varios años hasta que su creador vuelva a rodar un largometraje, y es que el amor que sienten los partidos nacionales por la cultura es tan irrelavante como incomprensible.

El País

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