Permiso para celebrar

Por: | 04 de septiembre de 2012

Bryce

Alfredo Bryce Echenique. Fotografía: Casa de América.

Siempre me pareció asombrosa, extraordinaria, la capacidad de Alfredo Bryce Echenique para convencerme de que las mujeres que a sus personajes les parecen hermosas, son realmente hermosas. Soy de los lectores que suelen enamorarse de las protagonistas de las novelas, y por eso mismo resulto muy exigente cuando las describen, las hacen hablar o actuar (no caí seducido ante las mujeres del Boom: ni la Maga, ni Talita, ni Alejandra, ni Teresita Arrarte, ni siquiera las mulatas de Cabrera Infante). Pero en ello Bryce Echenique es un mago. Cuando algunos de sus personajes sostienen que una mujer es bella (y suelen decirlo con frecuencia) yo le creo. Me he enamorado sistemáticamente de casi todas sus protagonistas. De Susan, por supuesto. Cecilia (del cuento "Con una mano en las cuerdas") fue algo así como mi primer amor. Fui el Taquito Carrillo de Baby Schiaffino. Fui el profesor perdido en París preocupado por la fragilidad de Florence. Me enamoré de cada una de las mujeres de Pedro Balbuena en Tantas veces Pedro (y utilicé su famosa fábula del sabio zen y los caballitos salvajes en la vida real, sin demasiado éxito). Decidí que solo podía enamorarme de mujeres con minifalda como Inés en La vida exagerada de Martín Romaña, hasta el punto que hasta hoy cada vez que veo unas piernas hermosas y una minifalda recito en mi mente Inés "luz de donde el sol la toma". Por supuesto, Octavia de Cádiz, inalcanzable y buena, dulce y perfecta, fue mi amor imposible. Y me enamoré platónicamente por sus cartas preciosas de Fernanda en La amigdalitis de Tarzán. Y podría seguir con más relatos y más novelas.

Un día, sin embargo, descubrí el truco de Alfredo Bryce Echenique para retratar mujeres hermosas. Era un truco simple, obvio, pero muy difícil de conseguir. Se trataba de enamorarse perdidamente de sus mujeres (las reales y las literarias), de entregarse a ellas y de dejar en claro, desde el principio, que las mujeres de las que nos enamoramos siempre son mejores que nosotros.

Para lograr ese efecto, Alfredo Bryce Echenique debió conseguir lo que, me parece, es el mérito más grande de su carrera: la creación de un personaje. Bryce ha inventado un personaje (lo pongo en cursivas porque me faltan palabras para explicarlo mejor) inolvidable, entrañable, que no teme exponer su confusión, su debilidad, su pesimismo cabalgante, su inferioridad ante las mujeres bellas, su hablar balbuceante y digresivo, su ternura, su auto-compasión, su timidez, sus manos temblorosas, su sentido del humor (basado casi siempre en ataques contra sí mismo), su mirada triste, aturdida, anhelante. La mirada de alguien que pide permiso. No por nada, las memorias (que Bryce llama "anti-memorias") se titulan Permiso para vivir y Permiso para sentir. El personaje creado por Bryce no tiene edad (puede ser un niño como Julius, un púber como Manolo, un adolescente como Manongo Sterne, un joven como Pedro Balbuena o Martín Romaña, un adulto como Juan Manuel Carpio) pero sí tiene un rasgo que lo define y que está expresado en un aforismo de Groucho Marx que él siempre recuerda: "No puedo aceptar ser socio de un club que me acepte como socio".  

El personaje de Bryce Echenique es un hombre sentimental, un tímido que no puede dejar de hablar, un romántico que sabe que las mujeres y el amor serán su perdición, y siempre llegan a uno con la misma cuota de felicidad y desesperanza. Esas mujeres hermosas, demasiado hermosas, son inasibles, porque si no lo fueran, si acaso alguna de ellas pudiera pertenecerle al fin a uno de ellos, sería un error en la elección del club. Porque una mujer hermosa que lo acepte no puede ser tan hermosa. Algo malo debe tener esa muchacha. Es perfectamente lógico, entonces, que su personaje termine abandonado, asesinado, mantenido en condición epistolar y platónica, cambiado por otro; todo ello es señal de que se ha elegido bien el objeto amoroso. La soledad es la irrefutable prueba de que se ha amado a una mujer perfecta. Al contrario, conseguir el objeto adorado es algo casi indigno, algo que le sucede a los demás. Lo más importante, queda claro, es quedarse solo, a veces con un trago en la mano, a veces con una broma o la letra de una canción (Frank Sinatra o Felipe Pinglo), a veces incluso con un libro para leer (A través del río y entre los árboles, de Hemingway, por ejemplo) que los consuele y explique por qué nos han abandonado.

Bryce solía decir de Julio Ramón Ribeyro que "tenía una forma de llegar como quien no tarda en irse." He ahí otra buena forma de definir la llegada del personaje bryceano al amor: llegar como quien promete irse pronto. Intentar quedarse no solo es señal de mala educación sino una ridiculez (lo que en Lima llamamos "huachafada"), algo imperdonable pues el personaje de Bryce, además, sufre por pertenecer a esa aristocracia limeña -que nada tiene que ver con blasones- donde lo ostentoso y lo decidido hay que dejárselo a los vecinos, a los arribistas, a los optimistas. Los aristócratas limeños sentimentales son indecisos y apasionados, como la garúa. Y así se enamoran.

Alfredo Bryce Echenique acaba de ganar el premio FIL Guadalajara a las Lenguas Romance 2012. Es una pena que ese premio haya dejado de llamarse Juan Rulfo. Bryce conoció a Rulfo y ha escrito una crónica memorable sobre él, acusándolo de ser uno de esos humoristas que parecen serios, y por ello su sentido del humor era infalible. Estoy seguro de que a Rulfo le hubiera gustado que Bryce reciba un premio que lleva su nombre. Pero en fin, no pudo ser y no se hable más, pues nada puede empañar la felicidad que sentimos todos quienes admiramos la obra de Bryce Echenique, quienes desde ayer tenemos permiso para celebrar.

Hay 10 Comentarios

Exquisito articulo, me he emocionado al recordar a los personajes tan querendones del mundo bryceano. Mil gracias Ivan.

Ayyy! parece que las vacaciones te cayeron mal....deja en paz a nuestros escritores por fa, mira por ahí en tu entorno, a lo mejor Millás te viene mejor para tus chistes....

Portagonistas o no mujeres, que entre más valiosas mas inalcansables. Como el arbol de manzanas y sus mejores frutos que se encuentran en sus copas.

Un nuevo cuento publicado. Y tengan cuidado con el poder de sus palabras: http://cuentosdelizandro.blogspot.com/2012/09/sobre-mi-cadaver.html

Buenísimo y completamente cierto pero además de hermosas, las protagonistas tienen un carácter entrañable y esa formar de ver la vida las volvió eternas. Fernanda es un ejemplo perfecto de ello.

Entrañable articulo! Gracias por recordarme a todas las mujeres de Bryce, se hace inevitable un reencuentro con Octavia, Baby e Ines.

Mujeres hermosas, demasiado hermosas, inasibles, objetos adorados, amorosos, mujeres de las que os enamoráis y que son siempre mejores que vosotros...¿Pero de qué estás hablando? ¿qué quieres decir cuándo las calificas como hermosas, inasibles, objetos de deseo...? ¿Alguna vez nos veréis como somos o seguiréis definiéndonos de acuerdo a las atribuciones que vuestros deseos proyectan sobre nosotras? Probad a conocernos aparcando la necesidad, anda. Igual descubrís cosas nuevas en esos seres humanos que tienen un sexo distinto al vuestro...

Me ha llenado un cuarto de hora de la mejor memoria, la del homenaje compartido.Gracias amigo porque me has abierto una ventana en cuyo panorama caben los cuerpos de las mejores, las almas de aquellas que nunca nos decidimos a solicitar. Que viva el aristócrata Alfredo y todos aquellos, limenos o no, que bebemos en comunidad lejana, una madrugada de nostalgia.

Precioso homenaje.

no estoy de acuerdo en absoluto!!!

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Vano oficio

Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

TWITTER

Ivan Thays

Archivo

mayo 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal